jueves, 6 de febrero de 2020


VISION INTERNACIONAL

PRIMERA CLASE

UNA VISION GLOBAL DE LA ECONOMIA MUNDIAL
La visión global impulsada por el impacto creciente de las nuevas tecnologías es una constante en la economía. En este mapa existen potencias destacadas por su influencia en el mundo. Estados Unidos es un ejemplo de ello. La Unión Europa también tiene lugar en este campo de influencia. Japón se posiciona como referente económico mundial en un entorno universal caracterizado por la ausencia de las fronteras tradicionales. En este marco de acción también surgen acuerdos comerciales entre distintos países en busca de alianzas, puesto que el refuerzo del bien común es un aliciente que surge de esta mentalidad de negociación.

Internacionalización empresarial
Si la economía ha derivado en una estructura a gran escala, el sector de la industria y la empresa también vive esta expansión hacia la internacionalización. Distintas entidades corporativas tienen presencia en varios destinos a través de diferentes filiales. La exportación de un producto puede gestionarse de manera más sencilla actualmente que hace unos años, ya que se disponen de mejores recursos para el comercio.
Esta inversión sería inviable sin la movilidad del talento humano. En estas circunstancias, numerosos trabajadores se desplazan hasta un nuevo punto por motivos de trabajo si el empresario demanda estas contrataciones de forma temporal o permanente. Por ello, la globalización implica a todos los estratos, también al social. Esta decisión de cambio también puede ser intrínseca cuando está motivada por el deseo de encontrar nuevas oportunidades de desarrollo laboral.  

Tecnologías de la información
La posibilidad de un comercio global está respaldada por el alcance de los recursos de comunicación. Estos medios facilitan la inmediatez y entendimiento entre los agentes implicados cuando el emisor transmite información de manera eficaz y veraz al receptor.

Desplazamiento de la producción
Un pensamiento universal que se aplica a todos los puntos de vista del comercio. Por ejemplo, algunas organizaciones han derivado la producción hacia lugares en los que el coste de la mano de obra supone una menor inversión que la que precisa la contratación en el entorno local. Sin embargo, esto también produce efectos negativos en el empleo, al tiempo que aumenta la vulnerabilidad de los derechos de los trabajadores como consecuencia de esta maniobra final.  


Interconexión de los territorios
Un mapa global puede ser interpretado como un sistema en el que todos los agentes implicados están interconectados, puesto que forman parte de una misma realidad, aunque las circunstancias de cada territorio sean diferentes en lo particular. De este modo, pueden ocurrir sucesos que producen un eco en todos los integrantes de este ente sistémico, especialmente si ese hecho se ha dado en una gran potencia. Una crisis financiera mundial es un ejemplo de que el modo de entender la economía en este siglo es holístico. Lo mismo sucede cuando el crecimiento es una variable observable de manera común.
Esta materia, a través de sus intereses, es una de las fuerzas que mueve el mundo. Esta arquitectura inherente a la economía mundial tiene fortalezas sobre las que se sustenta en el presente y se consolida como una dirección de futuro.
FUENTE: TOMADO DE LA PAGINA DEC ESCUELA DE NEGOCIOS EAE









SEGUNDA CLASE


Modelos de desarrollo Dominantes en el mundo

Modelos de desarrollo
Se definen diferentes modelos de desarrollo. Las distintas políticas de los gobiernos durante el siglo XX se han acercado a unos modelos u otros. La adopción de una política concreta acarrea decisiones que afectan a los ciudadanos del presente y del futuro.
El modelo desarrollista es el que más se ha empleado en el mundo y todavía se sigue empleando. Se basa en la explotación continuada de los recursos y en el crecimiento constante. Fomenta el aumento de la producción y para ello confía en el desarrollo tecnológico y científico, pues es la única manera de tener acceso a nuevos recursos. No considera el medio ambiente, luego piensa que los recursos son ilimitados, y afirma que la naturaleza debe estar sometida por completo al hombre.
La crisis ecológica actual está motivada por esta forma de desarrollo, ya que considera que la contaminación es sólo un daño colateral, inevitable del progreso.
Este modelo es el que domina en todo el mundo, aunque, cada vez más, está siendo cuestionado debido a los grandes problemas con los que la humanidad se está encontrando: contaminación, agotamiento de recursos, cambio climático, etcétera.


El modelo conservacionista nace como oposición al modelo desarrollista, debido al grave daño que éste está ocasionando al medio ambiente. Es propuesto en 1968 por un grupo de personalidades y científicos llamado el Club de Roma.



En 1972 este club encarga al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) un informe que se llamó Los límites del crecimiento. En él se hace una simulación informática donde se recrea el crecimiento de la población, el crecimiento económico y la cantidad de tierra productiva en los próximos 100 años.
Con este programa se observa como un planeta limitado con dinámicas de crecimiento exponenciales es insostenible. Para solucionar el problema se propone la parada total del desarrollo económico, es decir un “crecimiento cero”.
Pero este crecimiento cero no es justo para los países en desarrollo, que reclaman su derecho a mejorar y que piden alcanzar los mismos niveles de bienestar que los países desarrollados.
Este modelo no tuvo gran repercusión, ya que poco tenía que ver con la realidad.
El modelo más realista es el propuesto por la Comisión Mundial Sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, llamado modelo sostenible. Este modelo es una alternativa a los modelos desarrollista y conservacionista.
Cuando hablamos de sostenibilidad (o sustentabilidad) nos referimos al equilibrio que existe entre las especies y los recursos de su entorno. Es decir, hablamos de recursos que tienen ciclos de regeneración por encima de su extracción.
La primera vez que se utilizó en un informe el término desarrollo sostenible fue en el Informe Brundtland, también conocido como Our Common Future (Nuestro futuro común).
Este informe socioeconómico fue elaborado en 1987 para la ONU por una comisión de países y en él se definía el desarrollo sostenible como “aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.
Para conseguir la sostenibilidad se exige que todos los países revisen sus políticas e intervenciones a la luz de los impactos que éstas causen en la ecología mundial y en el desarrollo económico.

Objetivos del modelo sostenible
Algunos de los objetivos que se planteaban en ese informe eran:
·         Reducir los niveles de pobreza.
·         Mejorar el nivel de la educación.
·         Evitar la desaparición de especies y ecosistemas.
·         Hacer un mejor uso de la energía y utilizar fuentes de energía renovables.
·         Evitar el daño ambiental producido por la industria.
·         Conseguir que las ciudades ofrezcan los servicios necesarios para sus habitantes: agua limpia, sanidad, colegios, trasportes, etc.
El modelo sostenible no niega el crecimiento pero atiende de forma prioritaria los parámetros medioambientales y sociales. Trata de satisfacer las demandas actuales de la humanidad, generando los recursos necesarios y prestando atención a los países más desfavorecidos. Este modelo intenta que la economía y la ecología vayan de la mano.



TERCERA CLASE


MODELO DE DESARROLLO IMPERANTE EN COLOMBIA
El modelo económico de Colombia es el neoliberalismo, corriente económica que consiste en la práctica de principios capitalistas en los cuales el Estado no participa activamente. Es decir, el flujo de la economía es llevado libremente por la oferta y la demanda, con capital privado y en aras del crecimiento económico del país.
Gracias a la implementación de este modelo, Colombia ha experimentado un crecimiento económico sumamente importante en los últimos años, posicionándose actualmente como la cuarta mayor economía de Latinoamérica.

Para el año 2016, el Producto Interno Bruto de Colombia estaba ponderado en 283 billones de dólares americanos, y en los últimos 5 años la economía colombiana ha experimentado un crecimiento de 3,68% en promedio.
La economía colombiana se fundamenta en el libre comercio. Para el 2016 Colombia percibió más de 31,4 billones de dólares americanos en exportaciones, siendo el petróleo el principal rubro de exportación, con más del 45% de las exportaciones de ese país.

Además, el parque industrial ha presentado un crecimiento sustancial en la última década: la industria textil, el ensamblaje de automóviles y de electrodomésticos, el ámbito de la construcción y la explotación minera se encuentran en un auge constante.
Uno de los sectores económicos colombianos más desarrollados durante la última década es, sin duda, el turismo. La tasa de viajeros que visitan Colombia aumenta en un 12% anualmente.
Así mismo, la tasa inflacionaria de Colombia destaca por ser una de las tasas más bajas de Latinoamérica, y mantiene una tendencia decreciente. En el año 2016 la variación anual de inflación cerró en 5,7%, lo cual induce un comportamiento de la economía relativamente estable.
Colombia es ampliamente reconocida a nivel mundial por su cumplido historial crediticio, y su elevada capacidad para afrontar los problemas internos, fomentando en todo momento políticas que favorezcan la inversión extranjera directa.
Las alianzas comerciales con inversores extranjeros han ido en ascenso, gracias a la confianza que inspiran las políticas colombianas. En particular, el país que más ha invertido capital en Colombia ha sido Estados Unidos.
La política fiscal también juega un papel fundamental en el sostenimiento de la economía colombiana, como agente de equilibrio para las finanzas del gobierno colombiano. A su vez, esto incide en el crecimiento de la actividad económica interna del país.
Según la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), la recaudación de impuestos durante el primer trimestre del 2017 ascendió en un 7,4%, en comparación con el año anterior, esto representa el cobro de más de 11 mil dólares americanos.
Sin duda alguna, el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC), trajo consigo un escenario esperanzador para la economía.
La disminución de las diferencias con el polo armado, y la instauración de un ambiente de confianza y participación, han hecho posibles la expansión de la economía colombiana en base a la libre competencia, un aumento de la inversión extranjera y el crecimiento de las exportaciones.
Datos en 2018
·         $330,974 mil millones PIB nominal
·         $6,642 PIB percapita nominal.
·         Inflación del 3.2%.
·         Desempleo: 9,7% (Mayo de 2018).
·         Fuerza laboral: 27,249,183 de personas (2019).






CUARTA CLASE

Política Económica “Política de Transformación Nacional para la Productiva” (PTP).


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COMPETITIVIDAD EN COLOMBIA
De acuerdo con el IMD World Competitiveness Ranking de 2019, Colombia pasó del puesto 58 que ocupó en 2018 al puesto 52 o sea que ganó seis posiciones en el escenario mundial de la competitividad. Este resultado lleva a preguntarse cuáles son los países más competitivos del mundo, cómo se sitúa la América Latina en el espectro de la competitividad internacional, y qué tan sobresaliente es la posición competitiva de Colombia dentro de la región y en el mundo. Al respecto, cabe destacar que en el pasado reciente los países más competitivos han sido tradicionalmente los países más avanzados de Europa, así como los Estados Unidos. No obstante, en el último ranking del IMD World Competitiveness 2019 Singapur ocupó por primera vez en nueve años el primer lugar como el país más competitivo.
Por su parte, Hong Kong ocupó la segunda posición relegando a Estados Unidos al tercer lugar. En el caso de los Estados Unidos, que ostentaba el primer lugar, se argumenta que el impacto de sus medidas fiscales favorables comienza a desvanecerse, en tanto que su batalla comercial con China le quita puntos. Se observa que la región Asia-Pacífico es la que más avanza, ya que 11 de 14 países de dicha sub-región mejoraron su posición en el ranking mundial y dos de estos, según se señaló arriba, Singapur y Hong-Kong, ocuparon los dos primeros lugares en el informe de 2019 recientemente publicado.
Por su parte, América Latina registró un muy pobre desempeño. Venezuela ocupó la posición 63, que es el último lugar del ranking al cual se viene haciendo referencia, Argentina el 61 y Brasil el 60. Chile que es el mejor clasificado de la región ocupo el puesto 42 y bajó siete puestos, seguido de México que ocupó el puesto 50. Como se indicó atrás, Colombia ocupó el puesto 52 y avanzó seis puestos pues ocupaba el 58 lugar. Del lado positivo se encuentra el mejoramiento en el ranking y su destacada posición dentro de América Latina. Del lado negativo se debe resaltar el hecho que el ranking de Colombia no es bueno, pues ocupa el puesto 52 entre 63 países.
Cabe recordar que la competitividad es “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan la productividad de un país”; que una economía competitiva es una economía productiva y que una economía competitiva requiere algo elemental como es enfrentarse a la competencia y dejar que las empresas más competitivas sean las que sobrevivan. Asimismo, cabe resaltar que la productividad es importante porque este es el principal factor que conduce al crecimiento y al incremento de los ingresos de los habitantes de un país.
La competitividad entre países se mide mediante indicadores como la calidad de las instituciones vigentes (económicas, y jurídicas), el desarrollo de la infraestructura del país; la excelencia del manejo macroeconómico (monetario, cambiario, fiscal y comercial), la innovación, el desarrollo empresarial, el tamaño de los mercados; los logros del país en metas sociales de educación y salud; la eficiencia de los mercados; la inversión en investigación y desarrollo; el desarrollo de los mercados financieros y la eficiencia y funcionamiento del mercado laboral. Para continuar en el sendero de mejora de la competitividad en Colombia, y que mediante esta se logre acelerar el crecimiento de la economía, se requiere adoptar políticas que logren mejorar todos estos indicadores.
FUENTE: TOMADO DEL DIARIO LA REPUBLICA, Escrito por Roberto Junguito






COMPETITIVIDAD REGIONAL
Los índices de competitividad se han convertido en un referente de uso general para evaluar la posición relativa de los países en materia de instituciones, políticas y otros factores que determinan el nivel de productividad, y tratar de tomar medidas para mejorarla. Es sabido que en el escalafón mundial, Colombia ocupa un mediocre puesto 69 entre 148 naciones y que se ha mantenido alrededor de ese nivel por una década, a pesar de las buenas intenciones del Gobierno y el sector privado.
Es menos conocido que existen índices que miden la competitividad de las regiones en los países, los cuales también deberían ser usados para adoptar políticas que reduzcan las diferencias entre estas. En Colombia, se cuenta con dos indicadores: el Índice Departamental de Competitividad (IDC), que empezó a calcular el año pasado el Consejo Privado de Competitividad, y el Escalafón de la Competitividad de los Departamentos (ECD), que produce la oficina de la Cepal desde el 2000.
Los dos índices utilizan metodologías similares que evalúan factores como las finanzas públicas, las instituciones, la infraestructura, el tamaño y eficiencia del mercado, el capital humano, la educación, la salud y la innovación y la dinámica empresarial. Los resultados son similares, aunque se dan algunas disparidades que no dejan de sorprender.
En ambas clasificaciones, los tres primeros lugares los ocupan Bogotá, Antioquia y Santander. El Valle del Cauca es el cuarto en el ranking de la Cepal, pero cae al séptimo lugar en el IDC, porque en esta medición les asignan una calificación muy baja a factores como infraestructura, instituciones y educación básica y media. Lo contrario pasa con Caldas, que está de cuarto en el IDC, pero desciende al séptimo puesto en el EDC por la debilidad relativa de sus finanzas públicas y las condiciones de seguridad.
La Cepal mide a todos los departamentos y encuentra que los coleros de la clasificación son La Guajira, Amazonas, Putumayo, Chocó y Guaviare; de estos, el IDC, que únicamente cuenta con información de 22 departamentos, solo incluye a La Guajira, que ocupa el último lugar de su clasificación.
Más allá de las posiciones relativas, se debe destacar –y tener en cuenta, porque es alarmante– la enorme diferencia que hay entre los puntajes obtenidos por los distintos departamentos, la cual refleja las grandes desigualdades que existen entre las regiones colombianas. Antioquia, el segundo de la lista, solo obtiene, en promedio, el 75 por ciento de la calificación de Bogotá, y los cinco siguientes solo alcanzan entre el 60 y el 68 por ciento del puntaje del líder.
Con los más rezagados la distancia es astronómica: Guaviare solo alcanza 18,6 puntos frente a 100 de Bogotá, y los otros cuatro coleros, entre 19 y 27 puntos. La Guajira obtiene alrededor del 30 por ciento del puntaje de Bogotá en ambas calificaciones.
Los factores en los cuales son más notorias las diferencias son los relacionados con innovación, ciencia y tecnología. La calificación de Antioquia es el 57 por ciento de la de Bogotá; la de Santander, el 44 por ciento, y la del Valle, el 40 por ciento; los ocho últimos departamentos no alcanzan el 20 por ciento y otros 12 están entre el 20 y el 25 por ciento. Es el resultado de la ubicación geográfica de las mejores universidades del país, pero también de las empresas de mayor nivel tecnológico y la constelación de servicios que se desarrollan en su entorno.
Hace unas décadas no existían mediciones de la competitividad regional, pero era notorio que Colombia era un país de regiones con niveles de desarrollo similares y que no tenía la macrocefalia de la mayoría de los países latinoamericanos, donde la capital concentraba una alta proporción de la población y el producto nacional. Esa realidad se ha ido modificando y, como lo muestran los índices, la distancia entre Bogotá y las demás regiones es cada día más grande.
La cadena siempre se rompe por el eslabón más débil y la competitividad de un país no se mide por la de sus regiones más adelantadas y sofisticadas, sino que se deteriora por el lastre que representan las más atrasadas. Por eso, para mejorar en los escalafones mundiales en esta materia es imperativo reducir las diferencias regionales.
FUENTE: REVISTA PORTAFOLIO, Escrito por Ricardo Avila



MIGRACION Y MOVILIDAD
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Teoría y Práctica del Comercio Internacional
En las operaciones comerciales internacionales, es decir, las importaciones y las exportaciones de productos, intervienen factores, elementos, instituciones y demás entes que componen el engranaje del funcionamiento del comercio internacional. Desde que se inicia la búsqueda de mercados, pasando por la negociación y finalizando con la entrega de la mercancía, los factores y elementos son muchos y si se deben conocer cada uno de estos elementos. La importancia que ha tenido, tiene y tendrá el comercio internacional, obliga a que nos involucremos un poco más en conocer esta importante área económica que se ha convertido en un pilar de la economía de los países.

Para comprender mejor el funcionamiento de las operaciones comerciales internacionales en mercancía, podemos clasificar los factores que intervienen en 6 grandes elementos, los cuales constituyen el completo funcionamiento. Podríamos clasificar esos 6 elementos en:
1. Aspectos teóricos
2. Aspectos técnicos
3. Aspectos administrativos
4. Aspectos de mercado
5. Aspectos legales
6. Aspectos financieros

Cada uno de estos elementos son diferentes entre sí pero están relacionados entre sí, de manera que un mal funcionamiento de uno, influirá en un funcionamiento defectuoso en otro. Pasaremos a explicar brevemente cada uno de los 6 elementos mencionados anteriormente.

Aspectos teóricos
En este aspecto, podemos incluir las teorías el comercio internacional, que son síntesis científicas que intentan explicar el funcionamiento del comercio internacional en un escenario, podemos decir, ideal. Existen 6 principales teorías del comercio internacional: La ventaja absoluta: Sostiene que los países tienen diferentes capacidades de producir bienes con eficiencia. Debido a esas diferencias, un país debe especializarse en producir y exportar bienes ellas que sean eficiente, e importar aquellos en los que otro país sea eficiente en su producción. La ventaja comparativa: De acuerdo con esta teoría, es conveniente que un país se especialice ellos bienes que produzca con más eficiencia y compre a otros países lo que produce con menos eficiencia, aunque esto signifique comprar a otros países bienes que el mismo podría producir con más eficiencia.

NOTA: Este tema puedes ampliarlo consultando el siguiente link:




EVOLUCION DEL SISTEMA MONETARIO INTERNACIONAL
El propio desarrollo histórico de la humanidad favoreció consecuentemente al surgimiento del dinero y de las relaciones monetarias mercantiles, las que luego se extendieron imprimiéndole cada vez mayor importancia al intercambio mercantil de los excedentes, dando como fruto el desarrollo espontáneo de las formas del valor, revelado en diversas etapas del desarrollo de la producción mercantil. 
Desde el momento en que la producción necesaria rebasó sus límites y apareció el excedente, el mercado se instituye como medio de trueque, los grupos que efectuaban o se especializaban en funciones como la agricultura, la pesca, y la cerámica, se vieron en la necesidad de intercambiar el producto de sus actividades por otras de las que no podían proveerse por diferentes razones. 
Todas las sociedades que precedieron al capitalismo, desde la primera forma de organización económica de la sociedad, pasando por la sociedad esclavista y luego la feudal, fueron en cierto modo organismos cerrados no en su totalidad, pero mayormente se basaban en sociedades relativamente autárquicas. En tales sociedades existió la división natural del trabajo; pero los bienes que se producían eran especialmente para el consumo directo de las comunidades productoras, cuyos miembros se distribuían según normas que variaban según el tipo de organización social. 
Con el surgimiento del capital, el excedente fue adquiriendo mayor importancia a la hora de intercambiar los productos del trabajo, creando la necesidad de repetir continuamente una parte del proceso de producción global con destino al intercambio, pasándose a convertir “el cambio”1 en un proceso sistemático de reproducción; esta condición se hizo indispensable para favorecer así mismo el incremento oportuno de la producción y por consiguiente la especialización en diferentes áreas de la producción, aventajando la especialización de los hombres en diferentes áreas, favoreciendo así los vínculos y nexos entre diversas comunidades. 
En El Capital, Carlos Marx nos plantea claramente su tesis “el intercambio de mercancía comienza allí donde termina la comunidad, allí donde esta entra en contacto con otras comunidades […] Y, tan pronto las cosas adquieren carácter de mercancía en las relaciones de la comunidad con el exterior, este carácter se adhiere a ellas también de rechazo en la vida interior de la comunidad.”
Es decir, “la producción capitalista es inseparable del comercio exterior […] una reproducción normal anual a base de una escala dada, lleva aparejado el supuesto de que el comercio exterior sólo remplaza artículos (artikel: mercancías) autóctonos por artículos de otra forma útil y natural.”
Por ello los nexos económicos entre diferentes comunidades, hizo sublime la lógica del intercambio aprovechando como dijera David Ricardo “las ventajas comparativas” de aquellas comunidades o grupos sociales que producían bienes de uso o de consumo de forma inconmensurable, que por razones habituales o naturales les era más factible producir, dando lugar así al surgimiento del comercio internacional. 
Con el comienzo de las cruzadas entre el siglo XI y XIII aproximadamente,  se empezó a observar un impulso creciente en el comercio. En “defensa de la fe católica […] “el saqueo interno y externo, fue el medio más importante para la acumulación primitiva de capitales que, desde la Edad Media4, hizo posible la aparición de una nueva etapa histórica”5  Esta etapa aceleró a escala mundial el periodo de los descubrimientos y colonizaciones, extendiéndose el comercio a escala cada vez mayor. 
La creación del mercado mundial y el desarrollo del capital, permitió establecer las bases  para el surgimiento de la pujante Revolución Industrial del siglo XVIII, la cual provocó importantes cambios en la mecanización de la producción y de los sistemas industriales, contribuyendo al crecimiento de poblaciones, ciudades, rutas y de medios de transportes que facilitasen el intercambio y la ampliación del comercio; esto permitió relacionar a regiones con un nivel de desarrollo asimétrico, en la cual los procesos productivos se alargaron, necesitando cada vez mayores aportaciones de capital. 
La clase dominante de Europa, valiéndose del sistema de explotación colonial, logró extraer grandes riquezas provenientes de Asia, África, y América, poniendo de esta forma los yacimientos de oro y plata al servicio del comercio, y a la vez acelerando aún más el proceso de acumulación del capital, favoreciendo a la vez el desarrollo de la Europa Occidental. Ese progreso y perfeccionamiento de la producción sobre la base de la técnica-material, condicionó la separación multilateral de la producción social en cada uno de los distintos países por separado, surgiendo así diversas divisiones industriales independientes que produjeron nuevos tipos de materias primas, instrumentos de trabajo, así como artículos de consumo personal. Tal especialización, amplió la división del trabajo a escala internacional entre las zonas de un mismo país y entre países, lo que se reflejó en el desarrollo del comercio exterior. 
El súbito crecimiento del comercio exterior, la creación del mercado mundial, la profundización de la división internacional del trabajo, y el connotado desarrollo de las fuerzas productivas, permitió destacar el advenimiento subsiguiente del modo de producción capitalista, con el desarrollo alcanzado por el capitalismo hasta ese momento (finales del siglo XVIII y comienzo del XIX aproximadamente), se comenzó a observar un papel cada vez mayor de las operaciones crediticias en las actividades comerciales. Ya para la segunda mitad del siglo XIX el término de “Bolsa” era conocido y renombrado dándole mayor auge al crédito comercial y extraordinaria importancia al estímulo de los bancos.
Ya Carlos Marx lo señalaba con anterioridad “el crédito- sostuvo- acelera el desarrollo material de las fuerzas productivas y la instauración del mercado mundial, sienta las bases de la nueva forma de producción.”7 Más adelante prosigue “a medida que se desarrolla la productividad del trabajo, y por lo tanto la producción en gran escala: 1) los mercados se extienden y se alejan de los centros de producción; 2) los créditos tienen que prolongarse, y 3) el elemento especulativo tiende necesariamente a dominar cada vez más las transacciones comerciales. El desarrollo del proceso de producción hace que se extienda el crédito y el crédito se traduce en la extensión de  las operaciones industriales y mercantiles”  El crédito mercantil fue el móvil a la hora de garantizar el financiamiento a la industria, condicionando la necesidad del surgimiento de transacciones monetarias internacionales (TMI) capaces de garantizar el financiamiento del movimiento de bienes y servicios que se intercambian entre las diferentes economías. 
Por tanto donde verdaderamente se establecen, desarrollan y se internacionalizan las relaciones monetarias es después de la Revolución Industrial, lo cual da lugar a un sistema monometalista que funcionaba bajo los principios del patrón-oro. Este fue reconocido de manera legal en la conferencia de París en 1867, donde por acuerdo intergubernamental se oficializó el oro como único metal con funciones de dinero mundial, que convirtió el patrón oro en el regulador espontáneo de la producción, de la balanza de pagos, de los vínculos comerciales externos, así como de los pagos internacionales9. “Resulta importante recordar que el dinero mundial se utiliza en las transacciones comerciales internacionales, desde un inicio las relaciones monetarias externas, se diferencian sustancialmente de los patrones monetarios nacionales. Las razones para que así ocurriera se debió a que:
1). Las operaciones internacionales se harían muy complejas a cuenta de las numerosas monedas nacionales y con ellas de patrones de precio diferentes.
2). En los sistemas monetarios nacionales la circulación monetaria existía a través de los signos monetarios, los cuales poseen fuerza legal solo en los marcos de cada país. La culminación de la formación de los mercados nacionales, hizo que culminara la formación de los sistemas monetarios nacionales; más aún, el proceso de internacionalización de la vida económica condicionó y propició la aparición del dinero mundial.”
FUENTE: EDUMET.NET


QUINTA CLASE


PROCESO DE GLOBALIZACION FINANCIERA
La “globalización financiera”, es a no dudarlo, una de las manifestaciones más evidentes del proceso de globalización actual y con mayor impacto en la economía mundial, de ahí la necesidad de profundizar en su análisis particular.
A este efecto, es importante definir en primer lugar dicho término. Al respecto, Bustelo(48) conceptualiza a la globalización financiera como “la creciente dependencia financiera mutua entre los países del mundo ocasionada por el cada vez mayor volumen y variedad de las transacciones transfronterizas de flujos de capital”.
Para Aglietta(49) la globalización financiera “es el nombre que se atribuye a las transformaciones que han afectado los principios de funcionamiento de las finanzas. Se trata de profundas transformaciones que asocian de manera muy estrecha la liberalización de los sistemas financieros nacionales y la integración internacional”.
Cafiero(50) define a la globalización financiera como “la intensificación de las interconexiones entre los sistemas bancarios y los mercados financieros nacionales, que conducen a la aparición de un espacio financiero mundial”.
Frenkel(51) dice que la globalización financiera “es un proceso histórico en dos dimensiones. En una, la globalización está representada por el creciente volumen de transacciones financieras a través de las fronteras. En la otra, por la secuencia de reformas institucionales y legales que se fueron realizando para liberalizar y desregular los movimientos internacionales de capital y los sistemas financieros nacionales”.
En segundo lugar, resulta fundamental conocer cuales fueron los factores que impulsaron la globalización financiera en la posguerra y su aceleración en los años 90.
Sobre el particular, Salgado(52) identifica tres factores:
i) Internacionalización de la producción
La internacionalización de la producción, consiste en la tendencia muy marcada desde principios de los años sesenta, esto es en la posguerra, a que una parte significativa de la producción industrial de los países industrializados se realice fuera de sus fronteras nacionales.
Mientras hacia 1900, lo característico de las relaciones económicas internacionales era el comercio exterior, es decir, el intercambio de mercancías entre los diferentes países; entre 1900 y 1950 lo nuevo fue la exportación de capitales hacia la explotación de recursos naturales. En la posguerra, lo nuevo fue la trasnacionalización o internacionalización de la producción, a través del desplazamiento de las actividades productivas fuera de las fronteras del país de origen del capital.
La internacionalización de la producción empuja hacia la globalización de la economía debido a que la presencia de las empresas trasnacionales debilita el control de la economía nacional por parte de los Estados, gracias a los instrumentos de política tradicionales, especialmente por el monto de los recursos que concentran las empresas trasnacionales, a las que hay que sumar los bancos trasnacionales.
La presencia de las empresas trasnacionales cambió la naturaleza de los movimientos internacionales de mercancías y de capitales. En realidad, con el avance de la división de tareas entre filiales de empresas trasnacionales, el comercio intrafirma, esto es, entre subsidiarias de empresas trasnacionales, alcanzó un mayor peso en el comercio exterior de los países en los que están situadas dichas empresas. Los precios de los productos objeto de intercambio no se rigen necesariamente por las leyes del mercado, siendo muy comunes las prácticas de sobre o subfacturación, según los objetivos de las empresas.
De igual forma, los movimientos de capitales entre países son de difícil control por parte de las autoridades nacionales, ya que las empresas tienen una variedad de mecanismos de transferencia de recursos a sus subsidiarias. Así, el control de crédito en un país puede tener efectos contraproducentes con el objetivo estatal buscado porque las empresas trasnacionales pueden obtener ese crédito en el exterior mediante sus subsidiarias.
ii) Internacionalización y desregulación financieras
La internacionalización y desregulación financieras fue impulsada por la internacionalización de la producción con la presencia de las empresas trasnacionales y sus subsidiarias. La creciente demanda de crédito de corto y largo plazo por parte de las empresas trasnacionales, que en los años 50 y 60 fueron principalmente de origen americano, así como el depósito de sus fondos superavitarios, impulsó al desarrollo de los euromercados.
Los bancos norteamericanos buscando dar sus servicios a sus clientes, las subsidiarias de las empresas de origen americano, abrieron sucursales en el exterior, lo que aceleró la trasnacionalización bancaria. La presencia de las empresas y bancos trasnacionales estimuló un proceso amplio de desregulación, en la medida en que las autoridades vieron reducida su capacidad de control de los movimientos de capitales. Inclusive se registró una cierta competencia entre los países por eliminar más rápidamente las regulaciones, por temor a las masivas salidas de capitales registradas en los países que persistían en conservarlas, proliferando las zonas off-shore.
Desde el inicio de los años setenta, la libertad de circulación de capitales fue considerada como un objetivo de la política económica, en contraste con la actitud de las autoridades monetarias en la inmediata posguerra en que existía el consenso de que había que desalentar e impedir incluso los movimientos de capital que no estuvieran vinculados con el comercio o con las inversiones extranjeras directas. Como resultado del movimiento amplio de desregulación, los movimientos financieros internacionales se expandieron a mayor velocidad que el comercio exterior. Así, en 1992, el valor de los flujos financieros internacionales fue cuarenta veces superior al valor de los intercambios comerciales.
El hundimiento de Bretton Woods en 1971 aceleró la desregulación, al declarar el Presidente Nixon la inconvertibilidad del dólar, acentuándose mucho más en el segundo quinquenio de los años ochenta y noventa, a tal punto que la legislación financiera de los países pasó a ser incluso, objeto de negociaciones y acuerdos internacionales, como son los casos del Acuerdo de Libre Comercio entre Canadá y Estados, el NAFTA -Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica- que incluye a México, además de Canadá y Estados Unidos y la Comunidad Europea.
iii) Cambios tecnológicos en comunicaciones y electrónica
La internacionalización financiera fue impulsada fuertemente por los avances tecnológicos, en particular en el campo de las telecomunicaciones, el procesamiento de datos y la electrónica. Dichos avances permitieron efectuar operaciones entre distintos mercados, superando las barreras de tiempo y espacio, difundir información con mayor rapidez y a menor costo y mejorar significativamente los mecanismos de pagos entre países. Al reducirse los costos y el tiempo en el que se realizan las transacciones financieras, los mercados se aproximaron más todavía.
Las innovaciones tecnológicas dieron también impulso a las innovaciones financieras, esto es a la creación de nuevos productos financieros que permitieron superar las regulaciones existentes, inutilizándolas aún antes de su eliminación. En síntesis, las innovaciones tecnológicas en telecomunicaciones y electrónica abarataron el costo de las transacciones, contribuyeron a la creación de nuevos productos financieros, inutilizando regulaciones aún vigentes y facilitaron la interconexión de los mercados.
La desregulación y liberalización de los movimientos de capital a nivel internacional registrada desde los años ochenta, dio un decisivo impulso a la globalización de los mercados financieros, esto es a su integración en un sólo mercado global interconectado.
Profundizando sobre la cuestión, García(53) señala:
El proceso de globalización de los mercados financieros ha constituido uno de los desarrollos más espectaculares, por su intensidad, velocidad y consecuencias, acaecidos en la economía mundial a lo largo del siglo XX. Si bien el proceso se inicia a finales del decenio de los cincuenta con la apertura del euromercado, el impulso definitivo se produce en el decenio de los setenta y se profundiza en las dos posteriores. Los factores que de manera habitual se consideran desencadenantes del proceso pueden resumirse en los siguientes:
1) la quiebra del sistema de Bretton Woods que consagró, por un lado, el papel de los mercados financieros como proveedores de la oferta monetaria y, por consiguiente, su posición hegemónica en el contexto internacional y, por otro, la libre flotación de los tipos de cambio;
2) el reciclaje del gigantesco volumen de liquidez originado por el depósito de grandes cantidades de dólares, obtenidos por los países árabes como consecuencia del alza del precio del petróleo, en los bancos de los países desarrollados;
3) la consolidación de posiciones ideológicas liberalizadoras tanto en Reino Unido como en Estados Unidos y el fracaso de los intentos por retardar e incluso revertir el proceso;
4) la desorganización de los mercados de materias primas;
5) la irrupción de las corporaciones transnacionales en los mercados financieros que, con el carácter sobre todo internacional de sus operaciones, con sus necesidades de desarrollo de nuevos y más refinados productos financieros, con sus políticas de precios de transferencia tendientes a minimizar su carga fiscal y con su capacidad para influir en las decisiones de política económica nacionales e internacionales, provocaron un fuerte impulso del proceso, y
6) la necesidad de los estados nacionales de financiar sus crecientes déficit presupuestarios por medio de la solicitud de préstamos y de la emisión de deuda en los mercados internacionales, en un intento por no agravar las tensiones inflacionarias en sus respectivas economías monetizando sus déficit en sus respectivos mercados nacionales.
En este orden de ideas, Frenkel(54) sitúa el inicio del proceso de globalización financiera entre 1971 y 1973, cuando Estados Unidos liberó la atadura del dólar al oro y se adoptó la flotación de las monedas de los principales países desarrollados. A partir de entonces se dio una secuencia de liberalizaciones y desregulaciones de los movimientos internacionales de capital y de los sistemas financieros nacionales. La competencia en el mercado cumplió un rol fundamental como impulsor, de manera que los procesos de liberalización de los flujos financieros entre países y de los sistemas nacionales se incentivaron mutuamente. La emergencia de nuevos negocios internacionales presionó para conseguir la disminución de costos y regulaciones menores en el ámbito nacional. De forma inversa, oportunidades nuevas abiertas en algunos países incentivaron la desregulación de las transacciones entre países. Paralelamente a la secuencia de reformas hubo un crecimiento rápido del volumen de transacciones financieras a través de las fronteras.
Aglietta(55) manifiesta que en el transcurso de la década del setenta tanto las presiones sobre el dólar como los choques petroleros y el aumento desigual de la inflación en los países de la OCDE, se conjugaron para transformar el sistema monetario internacional. Se pasó de un sistema regulado por los gobiernos bajo control de los movimientos de capitales a un sistema movido por los mercados, que liberó los flujos internacionales de capital. Los condicionamientos de las balanzas corrientes eran estrictos de acuerdo a las reglas de Bretton Woods, toda vez que los déficit estaban financiados por las reservas oficiales de cambio en condiciones de cambio fijo; en tanto que, en el sistema actual, los déficit son financiados por el crédito internacional de los bancos y mercados de títulos, por lo que los condicionamientos pasan por los juicios que los inversores financieros puedan formarse con relación a la sustentabilidad de las deudas externas.
De otra parte, señala que los cada vez más sofisticados mecanismos financieros que manejan los flujos de capitales tejen una integración financiera de la economía mundial más estrecha cada vez. Pero tanto la diversificación de los instrumentos de colocación y préstamo como la aparición de mercados derivados, son procesos originados en el cambio de los sistemas financieros nacionales, constituyendo la modificación del régimen monetario el factor principal desencadenante de estos procesos. Se asistió a una aceleración y posteriormente a una desaceleración de la inflación, las dos de gran amplitud, dando lugar a un fuerte incremento de las tasas de interés reales. Sin embargo, a causa de la inercia de las anticipaciones, las tasas reales anticipadas, luego después de haber superado las tasas realizadas en la ola creciente de la inflación, se encontraron por debajo de las tasas realizadas en la ola descendente. Se pasó, entonces, de un régimen favorable a los deudores a un régimen favorable a los acreedores. Se invirtió la naturaleza de los riesgos dominantes: desvalorización de los patrimonios financieros que no estaban indexados perfectamente en el primer caso, degradación de la calidad de las deudas en el segundo. La búsqueda de una protección contra el riesgo principal condicionó las formas de la innovación financiera: se trató de instrumentos de protección del valor de los patrimonios privados en el régimen de los deudores; en el régimen de los acreedores, de forma paralela, de instrumentos de reducción del costo de las deudas y transferencia de los riesgos.
Cuando la política monetaria, indica, se hizo deflacionaria, los gobiernos buscaron medios de financiamiento no monetarios, en tanto que los déficit aumentaban rápidamente con los costos crecientes de la protección social y el servicio de la deuda. Se orientaron a la promoción de títulos públicos que fueran atractivos para los ahorristas. Los mercados de títulos públicos se transformaron en bases de los mercados de capitales: tasas de interés rectoras en la formación de los precios de los activos, colocación de referencia en las estructuras de las carteras diversificadas, haberes refugiados en episodios de deterioro de la confianza.
Apoyándose en estas modificaciones macroeconómicas, dice, una evolución estructural a largo plazo cambió la naturaleza de los activos financieros buscados por los agentes no financieros. Es innegable que a partir de la década del ochenta el motor de la liberalización financiera es el comportamiento interno en el campo de altas tasas de interés de mercado. Como las tasas de ahorro no progresaron de forma tendencial, ha sido gracias al incremento de los precios reales de los activos que componen la riqueza como ésta ha evolucionado más rápido que el ingreso. La alta remuneración del ahorro, en forma de aumentos de capital, es una característica determinante del capitalismo patrimonial contemporáneo.
Los factores analizados, concluye, han transformado totalmente la concepción de las finanzas en sus estructuras, comportamientos y regulaciones. Los inversores institucionales (fondos de pensión o fondos comunes de inversión) se han convertido en los agentes financieros que cumplen el papel de mayor trascendencia en las colocaciones de capital.
En este mismo orden de ideas, Coq Huelva(56) manifiesta que a partir de los años setenta no solamente se "rompen" los acuerdos de Bretton Woods, esto es, el orden monetario vigente en el período de expansión post-bélico, sino que entra también en crisis la regulación bancaria y financiera existente hasta ese momento. Se trataba, en general, de la regulación bancaria impulsada en prácticamente todos los países desarrollados luego de la crisis de 1929. Estas legislaciones se conservaron en términos generales hasta inicios de los años setenta. Se fundamentaban en la imposición de restricciones fuertes a la actividad bancaria (prohibición de la remuneración de depósitos, límites a la intervención en mercados de capital, límites a la competencia bancaria, coeficientes obligatorios de caja e inversión, etc.). Ello suponía la existencia, a partir de la intervención pública, de varias restricciones a los procesos de creación de dinero bancario. Al entrar a partir de los años setenta, en una dinámica de eliminación de muchas de las restricciones vigentes sobre los mecanismos de captación de recursos, sobre las garantías para la concesión de créditos y sobre el coste final del endeudamiento, es claro que, con ello, se estimulaba una mayor y más fácil creación de dinero. En consecuencia, con la eliminación de la mayor parte de las restricciones y regulaciones heredadas de la crisis de los treinta, se entra en un acelerado proceso de liberalización que va a tener una serie de impactos evidentes sobre la capacidad del sistema financiero de crear medios de pago.
Menciona que la liberalización financiera, vinculada a la desaparición del cuadro de regulación post-bélico, se encuentra ligada a un proceso fuerte de innovación presente desde inicios de los setenta en los principales mercados de capital. Desde esa fecha, se asiste a la creación de una diversidad de nuevas formas de activos financieros. Sin duda, la novedad más significativa es el desarrollo de los derivados (futuros, opciones etc.), pero también la diversificación de las modalidades de obligaciones. Este aumento de la posibilidad de emisión de títulos negociables en los mercados está también en la línea de favorecer los procesos de creación de dinero. Al poder emplearse muchos de los nuevos activos creados como garantías de nuevos préstamos, vuelven a verse favorecidas las posibilidades de aumentar el dinero en circulación. En este sentido, por distintas vías, el cambio en el modelo de regulación financiero está en el origen de la entrada en un período de abundantes medios de pago. Esto constituye un fundamental cambio respecto al período precedente. Si la anterior regulación daba lugar a una escasez relativa de dinero, como resultado de las fuertes restricciones impuestas al crédito, el nuevo modelo desregulado da lugar a un sistema donde el acceso a los medios de pago es mucho más directo.
Para Urionabarrenetxea, Bañales y García(57) el gran desarrollo del proceso de globalización financiera a partir de la década de los ochenta obedece a:
i) Procesos generalizados de liberalización financiera por parte de las autoridades que hicieron factible el traslado del capital de unos mercados financieros a otros.
ii) Traslado rápido del capital fronterizo y sin excesivos costos adicionales gracias al avance en las tecnologías de la información y la comunicación.
iii) Creación y mejora de nuevos instrumentos financieros que permiten tanto una mayor cobertura de los riesgos adicionales potenciales a los que el inversor pueda estar expuesto en su actividad internacional como un aumento de las operaciones de arbitraje y de especulación en el ámbito mundial, con el consiguiente mejoramiento en la eficiencia de los mercados internacionales.
iv) Incremento, tanto en número como en patrimonio gestionado, de los inversores institucionales que disponen de mejores recursos financieros e informacionales, para actuar en un entorno global.
Kanoui(58) considera que los motores de la globalización financiera en los años 80 pueden resumirse a lo que algunos denominan las “tres D”:
- des-intermediación (crecimiento de las finanzas directas y fin del papel de los bancos como intermediarios);
- des-regulación de los mercados financieros (desmantelamiento de las trabas con respecto a flujos de capitales y operaciones monetarias);
- de-cerramiento (apertura) de los mercados.
En tercer lugar, es importante conocer sobre los indicadores de la globalización financiera. Ferrer(59) presenta algunas cifras al respecto:
i) El acervo de préstamos internacionales netos de los bancos de los países desarrollados ascendía, a finales de 1997, a 5.3 billones de dólares, siendo el crecimiento de este segmento del mercado financiero más rápido que el de la economía real. A inicios de la década del sesenta, los préstamos bancarios internacionales netos significaban el 6.2% de las inversiones de capital fijo en el mundo, superando esa relación el 130% en 1999;
ii) Los inversionistas institucionales (fondos de pensión, compañías de seguros y de inversión), en diciembre de 1998, poseían activos totales por 21 billones de dólares, de los cuales correspondía a entidades estadounidenses casi el 50%;
iii) Las operaciones del mercado de derivados, desde inicios de la década del noventa, aumentaron cuatro veces. En diciembre de 1998, el acervo de operaciones con derivados ascendía a 40 billones de dólares, equivalentes a 1.5 veces el producto total de la economía mundial; y,
iv) Los mercados de divisas alcanzaron proporciones extraordinarias. Las transacciones diarias, de las cuales más del 60% correspondieron a los operadores de Estados Unidos y el Reino Unido, alcanzaron 1.6 billones de dólares, monto superior al PIB anual de toda América Latina. De las operaciones en los mercados cambiarios del mundo, el 95% son movimientos financieros y solamente el 5% cancelación de transacciones reales de comercio de bienes y servicios e inversiones privadas directas. En diciembre de 1997, las reservas de todos los bancos centrales del mundo ascendían a 1.6 billones de dólares, magnitud igual a las operaciones de los mercados cambiarios en un solo día.
Bustelo, García y Olivié(60) presentan una selección de datos que resulta muy ilustrativa:
La inversión directa extranjera (IDE) se incrementó de una media anual de 50.000 millones de dólares en 1980-85 a 318.000 millones en 1995, a 400.000 millones en 1997, a 660.000 millones en 1998 y a 827.000 millones en 1999. Los flujos anuales de IDE pasaron, en proporción de la inversión bruta mundial, del 2% en 1985 al 5% en 1995 y al 7% en 1997. El stock de IDE aumentó del 6% del producto bruto mundial en 1985 al 10% en 1995 y al 13% en 1997. Según el Banco de Pagos Internacionales (BPI), las transacciones transfronterizas de activos financieros (acciones y obligaciones) suponían menos del 10% del PIB de Francia, Alemania, Estados Unidos y Japón en 1980. En 1997, alcanzaron más de 300% del PIB en Francia, más de 250% en Alemania, más de 200% en Estados Unidos y cerca de 100% en Japón. Además, el intercambio diario medio de divisas ha pasado de 15.000 millones de dólares en 1973 a 80.000 millones en 1980, a 500.000 millones en 1990, a 1,3 billones en 1995 y a 2 billones en 1998, lo que supone 100 veces el valor del comercio internacional. Ese intercambio es, por añadidura, principalmente a corto plazo: 82% tiene un vencimiento inferior a siete días y 43% tiene un vencimiento inferior a dos días. El crecimiento del mercado de productos financieros derivados ha sido explosivo. Su valor total (opciones, futuros y productos combinados) ha pasado de 1 billón de dólares en 1986 a 56,5 billones en 1995. Los últimos datos disponibles sugieren que podría haber alcanzado unos 360 billones en 1998, esto es, 12 veces el producto bruto mundial (estimado en 30 billones de dólares en ese año).
Otra información, señala que el stock total de activos financieros circulando por el mundo (depósitos en los bancos, deuda pública o privada y acciones), creció de U$S12.000 billones en 1980 a U$S119.000 billones en el 2004, es decir, casi tres veces el PBI mundial.
En cuarto lugar, hay que conocer sobre los principales cambios estructurales ocurridos en los mercados financieros en el transcurso de los últimos años.
Correa, proporciona un detalle de las modificaciones sucedidas:
i) Acortamiento de los plazos en depósitos e instrumentos financieros, con el desarrollo de un mercado secundario activo de títulos que ha desdibujado la distinción entre las nociones de circulante;
ii) Cambio en los fondos bancarios a pasivos con remuneración y provenientes fundamentalmente de los mercados monetarios. El crecimiento de la titulación del crédito y de las operaciones fuera de balance de los bancos, particularmente con la utilización de instrumentos derivados y la administración y el comercio de títulos, ha cambiado la estructura de los ingresos de los bancos desde los márgenes hacia las comisiones;
iii) Gradual desaparecimiento de las fronteras que separaban a la banca de depósito de la de inversión. En forma paralela al fortalecimiento de la actividad de los fondos de inversión y capitales, se aprecia el declinamiento del crédito en los mercados y el crecimiento de los fondos de inversión con un elevado grado de concentración de activos financieros en manos de unos pocos administradores con capacidad de movilizar volúmenes grandes de activos en plazos muy cortos, provocando la desestabilización de economías (Tailandia por ejemplo) y monedas;
iv) Crecimiento rápido del volumen y tamaño de las transacciones financieras. El creciente desarrollo de las operaciones bancarias fuera de balance ha estrechado los lazos entre los intermediarios financieros, concentrándose más aún el manejo de los mercados, con una tendencia importante al fortalecimiento de verdaderos megaconglomerados financieros;
v) Mayor complejidad de los problemas de supervisión financiera, tornándose la calificación de los niveles de riesgo y las posibilidades de intervención de las autoridades financieras más difíciles;
vi) La deuda de los gobiernos ha sido uno de los sustentos más importantes para el crecimiento de los activos financieros, siendo las tasas de interés ofrecidas por dichos títulos el instrumento privilegiado para conseguir objetivos en materia cambiaria. Estados Unidos, en particular, ha tenido que mantener tasas de interés de los instrumentos gubernamentales mucho más altas que Alemania y Japón, especialmente en la segunda mitad de los años ochenta y noventa, con la finalidad de impedir una masiva salida de activos financieros de su mercado y poder continuar financiando sus déficit; y,
vii) Creciente incapacidad de los estados nacionales para regular las actividades de los grandes conglomerados financieros, siquiera para supervisar los niveles de riesgo de sus diferentes operaciones, cuestionando toda posibilidad de que las autoridades financieras contengan una crisis sistémica, situación que ha sido posible a través de crecientes niveles de liquidez originados por los propios intermediarios.
Griffith-Jones, se refiere a cinco tendencias de las finanzas internacionales:
i) Mercados de capitales crecientemente globalizados e integrados, con la particularidad de que la articulación de los mercados financieros nacionales es mayor que la articulación global de las estructuras productivas nacionales, debido a que el crecimiento rápido de los flujos internacionales de capital ha sido más veloz que el crecimiento del comercio y la inversión extranjera directa;
ii) Marcado crecimiento en todos los países del tamaño y la influencia de los mercados financieros, enorme incremento del negocio en todos los mercados de títulos, con significativo ascenso del valor de las transacciones financieras sobre el PNB en los principales países;
iii) Tendencia a la desaparición de las separaciones tradicionales funcionales, de manera particular entre actividades bancarias y de títulos; de forma que la disminución de los márgenes de intermediación, el descenso de los depósitos no remunerados, la reducción de la demanda de créditos bancarios con respecto a otras fórmulas de financiación directa, han impulsado a los bancos a involucrarse en el negocio de títulos, lo que implica más riesgo y es menos regulable;
iv) Gran expansión de los instrumentos financieros disponibles, buena parte de los cuales son muy sofisticados y de riesgo difícil de evaluar; y,
v) Institucionalización de los ahorros, impulsadora de la creciente complejidad del mercado y del incremento de la internacionalización.
Otra información ilustrativa al respecto, menciona la consolidación del proceso de internacionalización financiera caracterizado por:
i) Fuerte desregulación y liberalización financiera;
ii) Volatilidad e inestabilidad de las economías. Elevada vulnerabilidad frente al efecto de shock interno y externo;
iii) Considerable desarrollo y conexión de los mercados de capitales y divisas;
iv) Cambio en el patrón de financiamiento a favor de los títulos valores;
v) Incremento sin precedentes de la actividad especulativa a nivel internacional;
vi) Notable y sostenido auge de la innovación financiera sustentado en nuevos productos y procesos;
vii) Predominio indiscutible de los grandes bancos comerciales, las empresas transnacionales e inversionistas institucionales en las transacciones financieras internacionales;
viii) Concentración de los flujos financieros en los países altamente industrializados;
ix) Acelerada expansión de la inversión extranjera directa;
x) Primacía del dólar como moneda de reserva y curso forzoso, medio de pago y unidad de cuenta;
xi) Pérdida de funciones monetarias del FMI;
xii) Fuerte proceso de privatización, que destruye las bases productivas de los Estados a través de la desvalorización de los activos productivos y su posterior venta al capital extranjero; y,
xiii) Disminución del gasto público, privilegiándose el pago del servicio de la deuda en detrimento del gasto social.
León, destaca, entre los principales cambios sucedidos en los mercados financieros internacionales en las últimas décadas, los siguientes:
i) Reducción de los plazos en depósitos e instrumentos financieros, y el desarrollo de un mercado secundario de títulos más activo.
ii) Desaparición de las fronteras que separaban a la banca de inversión de la banca de depósito.
iii) Consolidación de la actividad de los fondos de inversión con un elevado grado de concentración de activos financieros en pocos administradores, quienes pueden movilizar grandes volúmenes de activos en plazos muy cortos, desestabilizando monedas y economías (como sucedió en Inglaterra, México, Sudeste Asiático y Rusia).
iv) Crecimiento rápido del volumen y tamaño de las transacciones financieras. El desarrollo de operaciones bancarias fuera de balance ha estrechado los lazos entre diferentes intermediarios financieros, concentrándose en unos cuantos el manejo de los mercados, lo cual ha fortalecido la tendencia a la conformación de grandes megaconglomerados financieros.
v) Profunda complejidad de los problemas de supervisión financiera y dificultad en la cualificación de los niveles de riesgo y las posibilidades de intervención de las autoridades financieras a pesar de las previsiones y la insistencia que mantienen los organismos financieros, tales como el Banco de Pagos Internacional, el FMI y el Banco Mundial.
vi) Aumento considerable de la incapacidad de los estados nacionales para regular la actividad de los grandes conglomerados financieros en la supervisión de los niveles de riesgo de las diferentes operaciones, dificultando las posibilidades que tienen las autoridades financieras de frenar las crisis financieras sistémicas.
Añade que la liberalización financiera se ha traducido en la desregulación de los mercados financieros globales, es decir, de las tasas de interés, la supresión de los controles sobre el crédito, la eliminación de las barreras a la entrada en el sector, la concesión de una autonomía mayor a las instituciones financieras, la privatización de los bancos públicos, la apertura a los flujos de capital extranjero y, en muchos casos, la flexibilización de las tasas de cambio.
Indica que otra característica del proceso de desregulación financiera ha sido la generación de crisis financieras, bancarias y bursátiles que afectan o han afectado a muchos países. Ni los gobiernos ni los organismos financieros internacionales, desde la desaparición de los tipos de cambio fijos y del patrón oro, han podido hallar una salida al surgimiento de estas crisis.
Señala que la crisis financiera internacional que afectó a la economía entre mediados de 1977 y principios de 1999, que empezó en el Asia, pasó por Rusia y llegó hasta Brasil, así como el efecto tequila que golpeó a México y Argentina en 1994-1995, fueron producto de la interacción de las deficiencias de las políticas nacionales y las del sistema financiero internacional.
En quinto lugar, es fundamental presentar información relativa a los efectos y problemas que genera y/o profundiza la globalización financiera.
Sobre el particular, se sostiene que la globalización financiera tiene efectos sociales muy negativos, especialmente en los momentos en que las crisis financieras globales se presentan.
Así, en primer término, los flujos de capital no se dirigen a los países a los cuales, de acuerdo a la teoría económica convencional, tendrían mayor productividad marginal, sino a aquellos en los que la posibilidad de hacer buenos beneficios es más segura. Este criterio de selección de los países destinatarios de la inversión deja a los países en vías de desarrollo al margen del capital que requieren para su crecimiento.
En segundo término, estos países también resultan seriamente perjudicados ya que los flujos privados de capital que ingresan en los mismos los abandonan rápidamente frente a situaciones de incertidumbre o por contagio de los problemas de otros países.
De esta manera, los efectos recesivos que generan estas masivas salidas de capital sobre las economías emergentes han sido en la mayoría de los casos devastadores socialmente debido a que las repetidas crisis financieras no son patologías misteriosas que afecten a una economía mundial con buena salud, sino que por el contrario revelan, en el plano monetario (tasas de cambio), crediticio (sistema bancario) y en las bolsas, la existencia de contradicciones que hunden sus raíces en los propios cimientos del sistema económico y que la liberalización y la desregulación han agravado más todavía.
Ibarra, destaca la profundización de varios problemas derivados de la globalización financiera, como resultado del marcado contraste entre el avance de la liberación de mercados y el rezago de las instituciones de carácter nacional y supranacional de regulación, a saber:
i) Oscilaciones profundas y frecuentes en los tipos de cambio, que rompen la anterior normalidad de los sistemas del patrón oro y de Bretton Woods. De otra parte, la volatilidad de los flujos financieros acrecienta la fragilidad de los sistemas nacionales y la vulnerabilidad igualmente nacional a shocks externos o acontecimientos de origen foráneo. Los dos hechos constituyen causa de desequilibrios macroeconómicos, cuyos efectos escapan del control de los gobiernos y bancos centrales, creando inclusive dificultades de tipo general que se extienden a varios países (ejemplo tequila o crisis asiática);
ii) Corrientes ascendentes del financiamiento externo que no se orientan a la ampliación de la inversión y la planta productiva de los países receptores, sino a la obtención de ganancias o intereses extraordinarios de corto plazo. De cierta manera se forma una nueva clase de rentismo cosmopolita proclive a la especulación, encabezada por instituciones privadas (fondos de pensión y ahorro, compañías de seguros, bancos de inversión), cuyo interés radica en optimizar rendimientos antes que generar nuevas producciones reales. Al mismo tiempo, la ola de privatizaciones de empresas públicas ha generado corrientes importantes de inversión extranjera, útiles desde la óptica del mejoramiento de la eficiencia y del financiamiento de los pagos externos de corto plazo, pero que igualmente no contribuyen a expandir las capacidades productivas de los países beneficiarios. Además, la transferencia neta de ahorros de las naciones desarrolladas al Tercer Mundo no resulta en promedio demasiado significativa, existiendo asimetrías considerables en su distribución por países;
iii) Elevación de las tasas de interés a niveles sin precedente, superando los ritmos de crecimiento tanto de la economía mundial como de los países. Adicionalmente, los intentos de esterilización de los flujos de entrada en el Tercer Mundo impulsan asimismo al alza a las tasas de interés, surgiendo claros efectos contraccionistas de escala mundial y local sobre la inversión y el empleo. De esta manera, los desequilibrios financieros ya no provienen solamente de déficits fiscales desproporcionados o endeudamientos excesivos, sino de la desalineación de las tasas cambiarias, acrecentada por la volatilidad de los flujos de capitales;
iv) Sistemas bancarios a nivel mundial con pérdida de capacidad competitiva ante la variedad de innovaciones en las instituciones e instrumentos de financiamiento que se ofrecen en los mercados, lo que les obliga a segmentar a su clientela. El sistema anterior procuraba dar acceso generalizado a los servicios financieros con subsidios cruzados a favor de los clientes menores; en contraste, el sistema emergente privilegia en costo, accesos y prebendas a los ahorradores grandes y empresas, en tanto discrimina al resto de familias y firmas; y,
v) Modificaciones cambiarias relacionadas o desvinculadas a la solidez del sector bancario o a las políticas monetarias definidas, que dan lugar a un ciclo recurrente en los países en desarrollo. En los períodos de auge, las entradas de capitales propician explosivos crecimientos del crédito bancario, que difícilmente las autoridades monetarias pueden esterilizar debido a razones de costos y de manera frecuente por utilizar el tipo de cambio como ancla inflacionaria, provocando que los precios de los activos se eleven desproporcionadamente, hasta que el reflujo del capital externo o los déficits de pagos fuerzan un nuevo ajuste cambiario, traducido en elevaciones de las tasas de interés, inflación y portafolios de crédito incobrables.
Para García, existen trabajos muy rigurosos que cuestionan la globalización financiera y que revelan, de manera empírica, importantes problemas que introducen serios motivos de preocupación:
1) la liberalización ha propiciado una relocalización mundial del capital, pero con el desplazamiento de recursos netos hacia los países más desarrollados, con la peculiaridad añadida de que los dirigidos hacia los países menos desarrollados exhiben una mayor volatilidad;
2) el proceso de diversificación internacional de las carteras de inversión no se ha producido; por el contrario, hay un sesgo importante de las mismas hacia los respectivos activos nacionales;
3) se advierte una elevada correlación entre el ahorro nacional y las tasas de inversión nacionales inconsistente con la idea de una integración financiera que sobrepase los límites de las fronteras nacionales;
4) el incremento de oportunidades para prestamistas y prestatarios ha crecido de forma asimétrica, lo que eleva las oportunidades de colocación del ahorro y, por tanto, favorece a los primeros, pero sin evidencia empírica de una caída en los costos para los segundos;
5) el desarrollo de nuevos productos financieros ha sido espectacular, sobre todo en el caso de los productos derivados, pero su empleo no sólo ha permitido obtener en términos teóricos, una cobertura más adecuada del riesgo, sino también incrementar el riesgo sistémico del sistema financiero internacional, desarrollar estrategias especulativas contra los sistemas de cambio y, en definitiva, les ha convertido en factor explicativo fundamental de las crisis cambiarias;
6) la liberalización financiera ha incrementado la fragilidad del sistema financiero internacional, coadyuvando al desencadenamiento y profundización de los episodios de crisis bancarias, cambiarias y financieras;
7) el proceso de liberalización no ha traído los resultados previstos en el comportamiento de la inversión, ni en el del crecimiento y el desarrollo económico (con la excepción de algunos países del este y sudeste asiático);
8) el efecto “disciplinario” de la liberalización sobre el comportamiento de los gobiernos ha sido claro; menos evidente es determinar si este resultado ha sido positivo (por su dirección) e incluso si es legítimo, en la medida en que preconiza una política económica neoclásica que ha generado, desde una perspectiva planetaria de la economía, elevados niveles de desempleo y subempleo, como también ha retardado el crecimiento, incrementado la desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza y minado las bases del llamado estado de bienestar (en los países más desarrollados) e impedido incluso su surgimiento (en los menos desarrollados);
9) el proceso de liberalización ha dado lugar, en algunas de las economías menos desarrolladas que se han visto beneficiadas por un flujo neto de capitales (por ejemplo, el este y el sudeste asiático), a un proceso de sobrepréstamo y sobreinversión que ha sido uno de los elementos explicativos determinantes de las debilidades financieras de estas economías y, por tanto, uno de los desencadenantes de las crisis que han padecido por la generación de un ciclo augedepresión;
10) de forma complementaria a lo expuesto en el punto anterior, el proceso de sobreendeudamiento externo introduce una externalidad negativa provocada porque la prima de riesgo-país es una función creciente del endeudamiento externo agregado; el sobreendeudamiento incrementa la prima de riesgo-país para el conjunto de la economía y, por tanto, abre una brecha entre el costo marginal privado y el costo marginal social de recurrir a endeudamiento exterior;
11) la liberalización ha provocado la puesta en escena de la llamada trilogía imposible: un tipo de cambio fijo (o sometido a algún tipo de acuerdo cambiario), una política monetaria independiente y la plena movilidad del capital son tres objetivos inalcanzables a la vez. Cualquier par de ellos es posible, pero todo intento de conseguir los tres provoca, de manera inevitable, una crisis cambiaria, y
12) por último, la liberalización de los mercados financieros puede reducir el bienestar en aquellas economías que, como consecuencia de la apertura de sus mercados, se enfrenten a tasas de interés externas más volátiles.
Bueno, destaca que la globalización financiera ha generado un riesgo a escala internacional, denominado “riesgo sistémico”, que se desarrolla en dos etapas. En primer lugar, se desencadena la turbulencia a causa de la especulación, cuya potencia se amplifica bajo el efecto de los nuevos instrumentos financieros. Posteriormente la onda de choque se propaga al conjunto del sistema financiero mundial. Esta propagación se produce por medio de “efectos contagio”, toda vez que los mercados financieros actuales están muy interconectados. Este proceso de repercusiones en cadena se expande por los comportamientos de “tipo mimético”, muy frecuentes en los mercados financieros: los corredores no juzgan las situaciones en función de sus propios criterios sino conjeturando sobre los de los demás. De esta manera, hechos o situaciones que nada tienen que ver con la coyuntura financiera de un país pueden originar una crisis.
Particular sobre el cual afirma Raghavan: “Una de las consecuencias más destacadas de la globalización financiera ha sido una serie de crisis muy costosas, en México, Tailandia, Indonesia, Corea del Sur, Rusia, Argentina, Turquía y muchos otros países”.
En sexto lugar, es necesario conocer si el sistema financiero internacional tiene la capacidad de enfrentar los cambios anotados, especialmente en función de que la globalización financiera aumenta el riesgo y la volatilidad en los mercados financieros internacionales y, de no ser así, que propuestas se han realizado para lograr tal fin.
Sobre el particular, Campodónico y Chiriboga manifiestan que a diferencia de los sistemas financieros nacionales, el sistema financiero internacional no cuenta con instrumentos de regulación adecuados que eviten la especulación, volatilidad y el comportamiento errático de los capitales de corto plazo. Más todavía, con la globalización y apertura de las cuentas de capitales de la Balanza de Pagos, se carece de reglamentación internacional para las transacciones de estos capitales en los mercados de divisas, bursátiles y financieros. Ni el Fondo Monetario Internacional ni el Banco de Pagos Internacionales poseen esta atribución. Los citados capitales se mueven en tiempo real y cubren el planeta en su conjunto, tanto en los mercados de divisas (más de 1.5 billones de dólares diarios, de acuerdo al FMI), como en los mercados de bonos y bursátiles. Adicionalmente, han aumentado en los últimos años las colocaciones en los mercados emergentes de los inversionistas institucionales (fondos mutuos y fondos de pensiones), mismos que se caracterizan por su mezcla de altas ganancias y riesgos y, consecuentemente, elevada volatilidad; constituyéndose éste en uno de los problemas básicos que preocupan a la nueva arquitectura financiera internacional.
Tampoco existe, señalan, en el sistema monetario y financiero internacional un prestamista de última instancia, lo que si ocurre a nivel nacional. Efectivamente, uno de los objetivos de los Bancos Centrales de los países es el relativo a fortalecer y evitar la crisis de los sistemas financieros nacionales, para lo cual tienen la facultad de adoptar las decisiones pertinentes; sin embargo, no se dispone de un Banco Central Internacional, que disponga de la legislación y recursos suficientes para actuar frente a las crisis que afecten a uno o más países.
Naredo, anota:
Las instituciones de Bretton Woods resultan a todas luces inadecuadas para reconducir la presente situación. Hemos visto que el Fondo Monetario Internacional sirve para apretar las clavijas a los pobres o para paliar ciertas crisis locales, pero cierra los ojos ante la acelerada expansión de la burbuja financiera mundial, que ha alcanzado cotas sin precedentes, generando un riesgo y una polarización social acrecentados que afectan al conjunto de la sociedad que puede, de la noche a la mañana y sin saber por qué razón, ver reducidos sus empleos remunerados, sus ingresos, sus ahorros o sus pensiones. El tratamiento de estos problemas exigiría de instituciones internacionales que no estuvieran gobernadas por los intereses del capitalismo transnacional, cuyo negocio se apoya en la expansión del “dinero financiero” que engrosa la “burbuja” antes señalada. La reconversión del sistema financiero mundial se muestra así dramáticamente irrealista, al no existir ni la voluntad, ni las instituciones capaces de practicarlo. Haría falta una conferencia internacional como la de Bretton Woods que discutiera el modo de poner coto a la expansión del “dinero financiero” para reconstruir sobre bases diferentes el sistema financiero mundial, con nuevas reglas del juego e instituciones capaces de gestionarlo desde puntos de vista más elevados que los del negocio de las corporaciones transnacionales y los intereses de los actuales países beneficiarios. Esto exigirá contar con enfoques y una presión social capaces de alterar el vínculo entre poder y dinero que ha generado la presente situación. Plantearlo ya puede ser el primer paso para conseguirlo.
Ocampo manifiesta que la fase de turbulencia económica, iniciada en Asia en 1997 condujo al reconocimiento de que las instituciones existentes no son adecuadas para enfrentar a la globalización financiera. No obstante, el debate alrededor de una nueva arquitectura financiera internacional no ha considerado las asimetrías existentes en el sistema internacional y su agenda tiene que ser ampliada.
Argumenta que el diseño del sistema financiero internacional tiene que tomar en cuenta los problemas que éste enfrenta: inestabilidad de los mercados financieros, asimetrías macroeconómicas y financieras básicas de la economía internacional y problemas adicionales provocados por la naturaleza incompleta y asimétrica del proceso actual de globalización.
Propone una distinción analítica entre los problemas sistémicos, relacionados con la estabilidad económica mundial y los temas centro-periferia, vinculados con la corrección de las asimetrías financieras internacionales existentes. Los primeros se asocian con la volatilidad inherente a los mercados financieros, pero también con la debilidad característica de las políticas macroeconómicas nacionales en el mundo de hoy, sin que hasta ahora hayan surgido mecanismos adecuados de coordinación entre las autoridades pertinentes. Las asimetrías, por su parte, se derivan de que las monedas internacionales son las de los países industrializados, del reducido tamaño de los mercados de los países en desarrollo y de su carácter incompleto (desarrollo limitado de los segmentos de largo plazo, en particular), que implica que una parte de la intermediación financiera tiene que ser hecha mediante el mercado internacional. En estas condiciones, los deudores de los países en desarrollo están obligados a incurrir en riesgos de plazos del financiamiento, de monedas en los cuales está otorgado, o de una mezcla de ambos.
Plantea una agenda para retomar los marcos institucionales y los servicios que proporcionan las instituciones financieras internacionales. En el primer grupo se incluye la representación apropiada de los países en desarrollo, un rol activo de las instituciones financieras regionales y una defensa férrea de la autonomía nacional y del “sentido de pertenencia” de las políticas macroeconómicas y de desarrollo. En lo relativo a los servicios que brindan las instituciones financieras internacionales, analiza las dificultades sistémicas y dos temas vinculados a los problemas centro-periferia: la necesidad de dar más espacio a las políticas anticíclicas en los países en desarrollo y la de compensar la concentración de flujos de capitales privados en unas pocas economías “emergentes”.
Las propuestas que efectúa respecto del rediseño de la agenda financiera internacional, se exponen a continuación:
i) Para la prevención y solución de crisis financieras debe encontrarse un equilibrio entre el énfasis que se le da en el actual debate al perfeccionamiento del marco institucional donde operan los mercados (mayores flujos de información, regulación y supervisión prudenciales) y la atención insuficiente que reciben el diseño de estructuras que garanticen la coherencia de las políticas macroeconómicas de los principales países industrializados, la provisión adecuada de financiamiento de emergencia en épocas de crisis y la adopción de procedimientos adecuados de suspensión de pagos con consentimiento internacional y de ordenada renegociación de la deuda externa de economías en condiciones críticas;
ii) En el campo del financiamiento del desarrollo, debe priorizarse el aumento de la asistencia oficial para el desarrollo a países de bajos ingresos, así como el esencial papel que cumplen los bancos multilaterales de desarrollo en la entrega de recursos a países de bajos ingresos y medios que no tienen acceso adecuado a los mercados, y en la provisión de financiamiento de largo plazo a todos los países en desarrollo durante los períodos de crisis, en circunstancias de sequía en los mercados privados. Parte importante de estos esfuerzos tiene que estar orientada a facilitar un acceso mayor a los mercados privados de capital, mediante el uso más activo de los mecanismos de cofinanciación o de garantías de los bancos multilaterales de desarrollo.
La provisión de un mayor financiamiento de emergencia con fines de desarrollo debería ser complementado con un acuerdo internacional nuevo sobre los límites de la condicionalidad y el reconocimiento pleno del “sentido de pertenencia” de las políticas macroeconómicas y de desarrollo por parte de los países;
iii) La arquitectura financiera debería consistir en una red de instituciones mundiales y regionales que presten los servicios indispensables de manera complementaria (en esferas tales como el financiamiento de emergencia, la supervisión de las políticas macroeconómicas y la regulación y supervisión prudencial de los sistemas financieros), en tanto que en otros, sobre todo en el campo del financiamiento para el desarrollo, es preferible un sistema de organizaciones competitivas. En los dos ámbitos existe un espacio amplio para instituciones regionales y subregionales y la falta de atención sobre el rol que deben cumplir estas entidades constituye una de las mayores deficiencias del actual debate; y,
iv) Las políticas nacionales deben mantener un fundamental papel en la prevención de crisis y ciertas áreas deberían seguir siendo del exclusivo dominio de la autonomía nacional, especialmente la regulación de la cuenta de capitales y la elección del régimen cambiario. Las instituciones regionales y la autonomía nacional son particularmente relevantes para los participantes con menos influencias en el campo internacional, mismos que se beneficiarán de la competencia en la provisión de los servicios que se les prestan y de contar con mayor libertad de acción en un contexto de una oferta imperfecta de bienes públicos globales.
El SELA, menciona otras propuestas relativas al diseño de una “nueva arquitectura financiera internacional”:
i) Grupo de Trabajo del Comité Ejecutivo de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. Propone reformas en seis temas fundamentales: mayor consistencia de las políticas macroeconómicas a nivel global; reformas del FMI con el objetivo de proporcionar liquidez internacional apropiada en épocas de crisis; adopción de códigos de conducta; mejores flujos de información y fortalecimiento de la supervisión y la regulación financieras a nivel nacional e internacional; mantenimiento de la autonomía de las economías en desarrollo y en transición en el manejo de la cuenta de capitales; incorporación de disposiciones relacionadas a la suspensión, con anuencia internacional, del servicio de la deuda externa; y, diseño de una red de organizaciones regionales que apoyen el manejo monetario y financiero internacional. Se enfatiza en la enorme discrepancia existente entre un mundo financiero internacional cada vez más sofisticado y dinámico, con globalización rápida de las carteras financieras y la ausencia de un marco institucional capaz de regularlo. Entonces, se trata, de que el sistema financiero internacional sea objeto de una reforma integral, a fin de evitar crisis costosas y a manejarlas de mejor manera cuando ocurran.
ii) Comisión Meltzer del Congreso de Estados Unidos. El Congreso de Estados Unidos se ha planteado el papel de los organismos financieros internacionales y de los bancos centrales frente a las crisis financieras. La Comisión Meltzer sostiene que las nuevas tareas emprendidas por el FMI en las décadas del ochenta y noventa transformaron la entidad de un prestamista de corto plazo para apoyar ajustes de la balanza de pagos, en una fuente de préstamos de largo plazo condicionados y de consejo macroeconómico para desarrollar y transformar a los países; lo cual ha empobrecido a las naciones dependientes del FMI de manera creciente, dando al FMI un grado de influencia sobre la política de los países miembros sin precedente alguno en las instituciones multilaterales. Algunos acuerdos entre el FMI y sus miembros establecen metas y requieren políticas como condiciones para la continuidad de los desembolsos; acuerdos que no aseguraron el progreso económico, más bien han socavado la soberanía nacional y trabado el desarrollo de instituciones democráticas responsables que pudieran corregir sus propios errores y adecuar los cambios a las condiciones externas.
En este sentido, la Comisión propone varias medidas para reestructurar el FMI: actúe como cuasi prestamista en última instancia para solventar economías de países emergentes necesitados, otorgando liquidez de corto plazo, bajo un mecanismo que evite el abuso de la asistencia de liquidez para respaldar rescates; recoja y publique información económica y financiera; y, enuncie consejos pero no imponga condiciones relativas a política económica. No obstante, la Comisión aclara que para recibir préstamos en una crisis de liquidez, el país deberá cumplir con un mínimo de normas prudenciales y que los préstamos del FMI (o del Banco Mundial) no tienen que ser utilizados para el salvataje de instituciones financieras insolventes, directa o indirectamente, o para proteger de pérdidas a prestamistas externos.
iii) Consejo de Análisis Económico del Primer Ministro de Francia. Enfatiza en la necesidad de distinguir en la dinámica financiera, por una parte el préstamo en última instancia y por la otra la ayuda condicionada del FMI al financiamiento temporal de la balanza de pagos. Se echa de menos, anota, la solución de Bretton Woods, consistente en localizar al prestamista en última instancia en cada país gracias a los controles de los movimientos internacionales de capitales, método ciertamente sólido desde la óptica de la seguridad financiera. Tenía el mérito, olvidado actualmente, de no confundir el préstamo en última instancia con la ayuda condicionada del FMI al financiamiento temporal de las balanzas de pagos. Sobre todo permitía no confundir el préstamo en última instancia y la garantía sistemática contra las pérdidas acordada por el FMI a los intereses financieros conjugados de los grupos dirigentes de los países deudores y los bancos acreedores, en detrimento de la población de los países deudores, que pagan el costo social. Esta garantía se ha convertido en doctrina del FMI en la década del noventa. La práctica de los gobiernos de algunos de los países emergentes consiste entonces en transformar toda crisis de liquidez en crisis general de solvencia, a nacionalizar los problemas financieros y a llamar al FMI una vez que la situación es desesperada, lo cual obliga al Fondo a aportes desmesurados.
Bustelo, se refiere a la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional para enfrentar los problemas de la globalización financiera, con los siguientes objetivos:
i) Mejora y mayor coordinación de las políticas macroeconómicas (especialmente monetaria y cambiaria) en los países desarrollados.
ii) Regulación internacional de los sistemas financieros nacionales y de los flujos internacionales de capital.
iii) En caso de inminencia o estallido de una crisis, suministro sin demoras de una liquidez adecuada en condiciones razonables.
iv) En caso de suspensión de pagos, disposiciones de moratoria o congelación temporal del servicio de la deuda y de liquidación ordenada de la deuda.
Griffit-Jones habla de:
Necesidad a nivel internacional de garantizar la transparencia y reglamentación apropiadas de los mercados internacionales de préstamos financieros y de capital, para que puedan suministrar suficiente liquidez oficial internacional en condiciones de tensión o crisis, para que logren establecer mecanismos para solucionar, de forma ordenada, las frenadas de la actividad económica y problemas de deudas a nivel internacional, y también para crear los mecanismos apropiados para lograr suficiente financiamiento para el desarrollo. Garantizar la transparencia y reglamentación apropiada ayudaría a prevenir las crisis, que son muy costosas en términos sociales, financieros y de desarrollo. Suministrar liquidez oficial internacional en tiempos de crisis y establecer mecanismos para resoluciones ordenadas de las deudas ayudaría a manejar mejor las crisis, volviéndolas menos costosas, especialmente para los pobres en los países en vías de desarrollo. Crear mecanismos apropiados para el financiamiento del desarrollo ayudaría a canalizar los flujos públicos a los países de bajos ingresos, brindar financiamiento cíclico a largo plazo a los mercados emergentes cuando se secan los flujos de fondos privados, y ayudarían a financiar los bienes públicos globales.
En el Consenso de Monterrey sobre la reforma a la arquitectura financiera internacional, se manifiesta:
53. Se está llevando una importante labor internacional para reformar la arquitectura financiera internacional. Es necesario que esta labor continúe y se caracterice por una mayor transparencia y por la activa participación de los países en desarrollo y con economías en transición. Uno de los principales objetivos de la reforma es aumentar la financiación para el desarrollo y la erradicación de la pobreza. Reafirmamos nuestro compromiso de mantener sectores financieros sólidos en nuestros respectivos países, que hacen una gran contribución a la labor de desarrollo nacional, como elemento importante de una arquitectura financiera internacional que respalde el desarrollo.
54. La firme coordinación de las políticas macroeconómicas de los principales países industriales tiene importancia crítica para aumentar la estabilidad mundial y reducir la inestabilidad de los tipos de cambio, que son indispensables para estimular el crecimiento económico y contar de manera previsible con más recursos financieros para los países en desarrollo y los países con economías en transición.
55. Las instituciones financieras multilaterales, en particular el Fondo Monetario Internacional, deben seguir asignando alta prioridad a la determinación y prevención de posibles crisis y al fortalecimiento de los cimientos de la estabilidad financiera internacional. A este respecto, recalcamos la necesidad de que el Fondo refuerce más sus actividades de vigilancia de todas las economías, prestando especial atención a las corrientes de capitales a corto plazo y sus consecuencias. Alentamos al Fondo Monetario Internacional a que establezca sistemas de vigilancia y alerta temprana bien estructurados para facilitar la detección oportuna de síntomas de vulnerabilidad externa y a que coordine estrechamente su labor con las instituciones u organizaciones regionales pertinentes, incluidas las comisiones regionales de las Naciones Unidas.
56. Subrayamos la necesidad de que las instituciones financieras multilaterales, al proporcionar asesoramiento sobre cuestiones normativas y apoyo financiero, tomen como base los programas nacionales de reforma que estén bien fundados y con los cuales se hayan identificado los países respectivos, que tengan en cuenta las necesidades de los pobres e incluyan medidas para reducir la pobreza; asimismo, esas instituciones deben tomar en consideración las necesidades especiales y la capacidad de ejecución de los países en desarrollo y los países con economías en transición, con miras a fomentar el crecimiento económico y un desarrollo sostenible. Al prestar ese asesoramiento, deben tener presentes los costos sociales de los programas de ajuste, que deberían diseñarse de manera de reducir al mínimo sus repercusiones negativas en los segmentos vulnerables de la sociedad.
57. Es indispensable asegurar la participación eficaz y equitativa de los países en desarrollo en la formulación de normas y códigos financieros. También es indispensable asegurar el cumplimiento de esas normas y códigos de manera progresiva y voluntaria a fin de reducir la vulnerabilidad de los países a las crisis financieras y al efecto de contagio.
58. Al evaluar el riesgo soberano, el sector privado debería aplicar en la mayor medida posible parámetros rigurosos, objetivos y transparentes. La disponibilidad de datos y análisis de buena calidad puede facilitar esta labor.
59. En vista de las consecuencias de las crisis financieras o el riesgo de contagio para los países en desarrollo y con economías en transición, sea cual fuere su tamaño, subrayamos la necesidad de que las instituciones financieras internacionales, en particular el Fondo Monetario Internacional, cuenten con un conjunto adecuado de servicios y recursos financieros para responder oportunamente y en forma apropiada, de conformidad con sus respectivas políticas. El Fondo Monetario Internacional dispone de una serie de instrumentos adecuados y su situación financiera es sólida. La línea de crédito para imprevistos es un importante indicador de la fortaleza de las políticas nacionales y una salvaguardia contra el contagio en los mercados financieros. Se debería seguir estudiando la necesidad de asignar derechos especiales de giro. A este respecto, también destacamos que es preciso la influencia estabilizadora de los fondos de reserva regionales y subregionales, las disposiciones sobre canjes (swaps) y mecanismos análogos que complementan la labor de las instituciones financieras.
Finalmente, en séptimo lugar, es indispensable conocer sobre los avances y resultados de la reforma financiera internacional.
Al respecto, Ocampo(78) sostiene que la reforma financiera internacional ha sido un proceso lento e incompleto con resultados limitados debido básicamente a la ausencia de una agenda clara y consensuada; constituyendo prueba de ello, a criterio de ANEC-AEALC(79), el hecho de que el sistema monetario y financiero conserva los rasgos esenciales predominantes en la década del noventa: persistencia de la volatilidad de tasas de interés y tipos de cambio; incertidumbre acerca de la evolución de los mercados financieros; incompetencia de los organismos financieros internacionales para prevenir eventuales crisis; ausencia de mecanismos efectivos para controlar la extrema movilidad de los flujos de capitales; presiones para el pago del servicio de la deuda; y, poca efectividad de las políticas económicas nacionales para superar la vulnerabilidad externa y conseguir metas de desarrollo económico y social.
En la Agenda de Barcelona para el Desarrollo 2004(80) se sostiene:
Los acuerdos financieros internacionales no están funcionando bien. Los países pobres continúan alejados de los flujos financieros privados y los niveles de ayuda oficial siguen siendo insuficientes. Los flujos de capital privado a los países de renta media son muy volátiles, y esta volatilidad tiene muy poca relación con los fundamentos económicos de los países receptores. Los shocks sistémicos sobre la balanza de capitales continúan siendo comunes, y el contagio golpea cada vez más a países con políticas económicas sólidas. La raíz del problema es la ausencia de mercados e instrumentos que permitan un reparto del riesgo más eficiente entre países. Las instituciones financieras multilaterales no hacen bastante para superar estos fallos de los mercados financieros privados. Además, la consideración del "riesgo moral" como causa principal de las crisis financieras ha desviado la atención de otros elementos de inestabilidad. El debate sobre la reforma de la arquitectura financiera internacional ha producido pocos resultados tangibles. Una de las razones podría ser los países en desarrollo están infrarepresentadas en el proceso de toma de decisiones de las instituciones financieras multilaterales. La asignación de votos en los consejos de estas instituciones es un reflejo del pasado y tiene poco que ver con el peso actual de los países en la economía mundial. En resumen: la reforma de las instituciones financieras internacionales debería ser una prioridad, tanto para los países ricos como para los pobres.
Tan(81), en su exposición sobre "El Nexo entre las Finanzas y el Comercio: Desafíos Sistémicos" efectuada en el Tercer Diálogo de Alto Nivel sobre Financiación para el Desarrollo que tuvo lugar del 23 al 25 de octubre de 2007 en Nueva York, anota:
La regulación internacional continúa siendo débil en el área de las finanzas internacionales donde han sido escasas las acciones colectivas globales orientadas a minimizar el contagio financiero y supervisar las operaciones de las instituciones y mercados financieros. A pesar del riesgo cada vez mayor de que se produzcan crisis financieras transfronterizas, se ha registrado una escasa supervisión global de las políticas financieras internas de las economías más relevantes a nivel mundial o de los flujos financieros transfronterizos por parte de actores financieros no estatales. Una vez más, esto se atribuye a la renuencia de las economías industrializadas – y de los actores financieros privados con sede en estos países – a someterse a una vigilancia multilateral de sus políticas y actividades financieras.
La falta de normas multilaterales en materia de flujos financieros y monetarios internacionales constituye una gran preocupación para los países en desarrollo debido a que los mismos son altamente vulnerables a los shocks financieros externos que pueden resultar más nocivos que los shocks comerciales. Las fluctuaciones imprevisibles en el tipo de cambio de las monedas dominantes en las transacciones internacionales podrían alterar la posición de los países en desarrollo en las negociaciones y afectar la competitividad de sus exportaciones o el valor de los insumos importados, conduciendo a restricciones de la balanza de pagos. Los países también podrían enfrentar problemas de balanza de pagos cuando se producen aumentos imprevistos en las tasas de interés en las monedas principales, lo cual podría también incrementar las obligaciones relativas al servicio de la deuda de los países cuya deuda externa hubiera sido contraída en dichas monedas.
Los problemas de balanza de pagos también llegan a agravarse cuando se genera una crisis financiera como consecuencia de una liberalización financiera mal gestionada. La reducción de las reservas en moneda extranjera como resultado de la repentina salida de capitales ante una crisis financiera y la consiguiente devaluación de la moneda que se produce con frecuencia, limita la capacidad de los países para financiar las importaciones y aumenta los costos del servicio de la deuda. Esto se ve empeorado tanto por la ausencia de mecanismos internacionales de reestructuración de la deuda que permitan a los países suspender las obligaciones relativas al pago de la deuda frente a una crisis como por la falta de financiación oficial anti-cíclica que pueda ofrecer liquidez a los países que enfrentan tales shocks de balanza de pagos.
La caída en la demanda de importaciones de los países que atraviesan crisis financieras tiene un impacto sobre sus socios comerciales dado que se produce una baja en la demanda de productos básicos y otros insumos industriales además de productos de consumo. Por lo tanto, la estabilidad financiera mundial afecta al comercio de los países directamente involucrados en las crisis financieras así como también a otros países, teniendo finalmente un impacto sobre el crecimiento del comercio mundial en general. El ajuste en materia de préstamos a nivel mundial también podría dificultar los flujos comerciales dado que una reducción de la actividad económica en los países industrializados y mercados emergentes puede conducir a una disminución en la demanda de insumos industriales, incluyendo productos básicos, que constituyen los principales productos de exportación de muchos países en desarrollo de bajo ingreso. Todo esto posteriormente tiene un impacto sobre la capacidad de los países para generar recursos que les permitan atender sus necesidades sociales y económicas.
La ausencia de un amplio marco internacional para resolver las crisis financieras sistémicas constituye por lo tanto una barrera considerable para alcanzar las metas de desarrollo acordadas internacionalmente. Además de la mencionada ausencia de mecanismos de reestructuración de deuda, regulación multilateral de políticas macroeconómicas y regímenes cambiarios, también es escasa la regulación de los nuevos instrumentos financieros, como por ejemplo los fondos de cobertura, cuyas actividades pueden llegar a tener un impacto global. En la actualidad tampoco se cuenta con ningún marco internacional que regule las transacciones de capital a través de las fronteras, con derechos y obligaciones claramente definidos tanto para los países receptores como proveedores y para los deudores y acreedores internacionales.
Las actuales propuestas incrementales para reformar las instituciones que ocupan una posición central en la arquitectura financiera internacional, a saber el FMI y el Banco Mundial, serán de poca utilidad para revertir los problemas financieros sistémicos en tanto los grandes países desarrollados no resulten obligados por las políticas de estas instituciones. Si bien es bienvenido el proceso de reforma que está teniendo lugar en el FMI tendiente a aumentar la voz y representación de los países en desarrollo dentro del Fondo, es improbable que los resultados logren reformar fundamentalmente la estructura de gobernabilidad de la institución, otorgándole autonomía suficiente con respecto a sus principales accionistas. Tampoco habrán de propiciar un cambio sustancial en su mandato que permita al Fondo ejercer un control significativo sobre las transacciones de capital a nivel internacional, la supervisión de los tipos de cambio o las balanzas de pagos y las posiciones de las divisas de los países miembros no prestatarios.
A causa de estos problemas persistentes, el impulso político generado por la Conferencia de Monterrey en el año 2002 no ha sido aprovechado para abordar los problemas sistémicos del comercio y las finanzas. La reforma de la arquitectura comercial y financiera internacional continúa siendo dependiente de los intereses políticos y las prioridades económicas de los países desarrollados aún cuando la reforma resulta necesaria para evitar que grandes poblaciones alrededor del mundo caigan en la trampa de la pobreza y la inestabilidad económica con consecuencias para el bienestar social y la sustentabilidad ecológica.
Para poder llegar a cumplir con los objetivos de Monterrey se hace necesaria una amplia reformulación de los mecanismos del comercio internacional y de la gobernabilidad financiera que implique mucho más que ocuparse de simples detalles. Esto incluye el diseño de un sistema de gobernabilidad económica multilateral que presente una mayor coherencia entre los regímenes comerciales y financieros y un mejor equilibrio entre las obligaciones de los países desarrollados y en desarrollo, a sabiendas de las diferentes etapas del desarrollo en que se halla cada país. Solo de esta forma podremos contar con una financiación para el desarrollo que resulte eficaz.
FUENTE: EDUMET.NET

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ESTADO Y ECONOMIA
En todos  los  países existen dos sectores: el público y el privado. El primero, corresponde al Estado, el cual es administrado por un gobierno. El sector privado se refiere a las diversas empresas de origen particular.
EL SECTOR PÚBLICO
La Constitución Nacional le asigna al Estado la tarea de planeación, regulación y control sobre las diversas actividades productivas y comerciales, en defensa de los intereses generales de los particulares respetando el principio de la propiedad privada.
Con la transición de las  políticas económicas proteccionistas a las de liberalización, apertura, modernización y descentralización, como parte de la denominada globalización y del nuevo ordenamiento económico mundial, se replanteó el papel del Estado en los esquemas económicos nacionales.
Ahora el Estado es menos intervensionista, dando más campo de acción a la iniciativa privada, lo que explica los programas de privatización que caracterizan los actuales procesos de apertura económica, donde el Estado, en forma gradual, entrega al sector privado el desarrollo de actividades que antes eran de competencia exclusiva del sector público u oficial, en campos básicos como la salud, educación, servicios públicos, vías, ferrocarriles, aeropuertos y telecomunicaciones.
De todas maneras, el sector público, a través de las autoridades nacionales, departamentales y municipales, conserva la misión de regulación y de control o vigilancia sobre los sectores económicos, en cumplimiento de la norma constitucional de defensa de la honra, vida y bienes de todos los colombianos, aunque la tendencia es que cada día el sector privado asuma más tareas productivas y comerciales, mientras el Estado interviene menos, lo que implica la reducción del tamaño del sector público.

Las autoridades económicas:
El manejo de la política económica está  en manos del Presidente  de la  República quien, como máxima autoridad nacional, define y desarrolla  las estrategias para alcanzar mayores índices de  crecimiento  y propiciar las condiciones que garanticen e incentiven  la inversión productiva  y  la generación de empleo, todo con el objeto de facilitar la atención de las necesidades básicas de toda la población.
Hay varias autoridades económicas con funciones específicas, que componen  la estructura del Estado. Las principales son las siguientes:

Conpes:
El Consejo Nacional de Política Económica y Social, Conpes, está presidido por el  Jefe  del Estado y  cuenta con la participación de varios ministros, entre ellos los de Hacienda, Desarrollo, Comercio Exterior y  Agricultura, además del Jefe de Planeación Nacional. Su tarea  es definir  las pautas y programas a partir de los cuales el ejecutivo nacional pone en marcha sus políticas y obras de desarrollo económico y social.

Planeación Nacional:
Este  departamento como organismo institucional, y el Conpes constituyen el conducto por medio del cual el Presidente de la República ejerce  su función de máximo orientador de la planeación nacional. Con la Constitución política de 1991 se consagra como norma constitucional el Plan Nacional de Desarrollo, lo que asegura su carácter obligatorio y garantiza su cumplimiento a partir de la continuidad en la ejecución de las obras y programas que cada gobierno define.

Ministerio de Hacienda
El Ministerio de Hacienda formula y desarrolla, en nombre del gobierno nacional, las políticas del Estado en materia fiscal, tributaria, aduanera, de crédito público, presupuestal de ingresos  y gastos de  tesorería, cambiaria, monetaria y crediticia, sin perjuicio de las atribuciones conferidas a la Junta Directiva  del Banco de la República y las que corresponden a la intervención y regulación del Estado en las actividades financiera, bursátil, aseguradora y cualquier otra relacionada con el manejo,   aprovechamiento   e     inversión de los recursos captados por el público.
De este ministerio dependen organismos como la DIAN, las Superintendencias Bancarias y de Valores. Una vigila todo el Sistema  Financiero y la otra el mercado público de valores, respectivamente.
Cabe anotar que las Carteras de  Desarrollo Económico, Agricultura, Minas y Energía, Transporte, Comercio Exterior y Trabajo y Seguridad Social tienen competencia en el manejo de la política económica.

Banco de la República
En 1991, con la adopción de  la nueva  Constitución de Colombia se produjo una importante transformación en el manejo de la política monetaria.
El Banco de la República se convirtió por mandato constitucional en Banco Central, el cual se define como una entidad del Estado a cuya Junta Directiva le corresponde, en forma exclusiva y permanente, emitir la moneda legal, custodiar y administrar las reservas internacionales y regular, conforme a la ley, las políticas en materia monetaria, el manejo del cambio a pesos de las monedas extranjeras y la dirección del crédito. Además es quien toma las decisiones sobre la cantidad de dinero que debe circular en la economía nacional en un momento dado.
Como todos los bancos centrales modernos, el colombiano hace parte de la estructura del Estado. Esta entidad tiene un régimen legal y un patrimonio propio y dispone de autonomía administrativa.
El Banco de la República tiene una Junta Directiva compuesta por siete miembros, la cual preside el ministro de Hacienda y de ella hace parte el gerente general de la entidad. La  Junta Directiva  del Banco de la República es la autoridad monetaria, cambiaria y crediticia del país.
El papel fundamental del Banco de la República es actuar como auténtico guardián de la estabilidad de la moneda y defender la capacidad adquisitiva de los colombianos, es decir, orientar los mecanismos a su disposición para controlar la inflación y así garantizar la estabilidad de los precios. Por mandato de la nueva Constitución, la Junta Directiva  del  Banco Central debe fijar cada año metas para reducir la inflación

POLÍTICA ECONOMICA.
EL MANEJO DE LA ECONOMIA
Aunque en una economía de mercado la producción y la actividad económica, en general, la realizan millones de personas, en forma espontánea y por su cuenta y riesgo, esa producción o el éxito de cualquier negocio dependen en gran medida de la forma como el  Estado, a través de las autoridades, maneja la economía en su conjunto.
Si bien es cierto que la fabricación de vestuario, calzado, vehículos o la producción de ganado, arroz o madera es libre, el Estado como organización jurídica política puede intervenir e influir sobre estas actividades  y quienes las realizan.
En el caso colombiano, donde la iniciativa de crear empresa o producir cualquier bien o servicio corresponde  al sector privado, el Estado interviene permanentemente para frenar  o aumentar la circulación de dinero, promover la generación de empleo, elevar el nivel de vida de la población, contener el aumento de los precios, impulsar el crecimiento económico, garantizar una distribución equitativa de los ingresos.
Para intervenir en el manejo de la economía se utiliza la Política Económica, para ello el Estado aplica varias políticas y se vale de distintos instrumentos para aplicarlas. Entre estas políticas las más importantes son la monetaria; la cambiaria,- la relacionada con la compra y venta de los dólares y demás monedas extranjeras que llegan al país-; la fiscal- que tiene que ver con la administración de los dineros públicos- y la laboral. También dispone políticas para actuar en el campo de los salarios, la industria y el comercio exterior.      

¿En qué consiste la política monetaria?
El sistema monetario colombiano actual tuvo su origen en la llamada reforma Kemmerer, en los primeros años de la década del 1920. En ese momento se creó el Banco de República y se le dio el monopolio de la emisión de billetes y moneda metálica.
En consecuencia, y según este sistema,  el medio circulante, o lo que es lo mismo, la cantidad de billetes y moneda disponible en la economía para comprar productos y servicios, se incrementa cada vez que el Banco de la República emite moneda para comprar oro, dólares y demás divisas de otras naciones. Igualmente, recoge circulante cada vez que vende dólares y oro.
La política monetaria es un instrumento que busca mantener un nivel adecuado de dinero en la economía, para evitar que un exceso de circulante o una escasez del mismo presionen desequilibrios en la capacidad de la población para demandar bienes en el mercado.
Así, por ejemplo, si se registra una bonanza petrolera, se dispara el ingreso de moneda extranjera en el país por la venta de este producto. De inmediato se presenta una expansión en la circulación de dinero, toda vez que el Banco de la República tiene que emitir billetes para comprar los dólares que están llegando por la exportación de petróleo.
Estos ingresos extraordinarios, por lo general, se transforman en más salarios, arriendos y utilidades, lo cual ocasiona una mayor capacidad de las personas que trabajan en el sector petrolero para compra venta de productos y servicios.
En este caso, se rompe el equilibrio, pues al mercado de productos terminados está llegando más dinero del que antes estaban generando las empresas. En consecuencia, se eleva la demanda de mercancías y, por lo tanto, los precios de estás suben. Queda claro, entonces, que un exceso significativo y persistente de dinero en la economía puede desencadenar incrementos en los precios de los productos.

¿Quién maneja la  circulación de dinero?
Esa función la ejerce en Colombia la Junta Directiva del Banco de la República. Ella, como autoridad monetaria, determina si genera expansión o contracción en la circulación de dinero o lo que es lo mismo, ordena liberar o recoger dinero.
Para el manejo de la cantidad de dinero disponible en el sistema monetario del país la Junta Directiva del Banco de la República utiliza especialmente dos instrumentos: el encaje bancario, conocido también como la cantidad mínima de dinero que los bancos y demás establecimientos de crédito deben mantener en reserva e inmovilizada en el Banco de la República, y las Operaciones de Mercado Abierto (OMAS), las cuales consisten en la compra o venta de títulos públicos por parte del Banco de la República, con el fin de recoger dinero o soltar parte del que está inmovilizado en esta entidad.

¿Cómo funciona el encaje bancario?
Cuando la Junta Directiva del Banco de la República determina la necesidad de reducir la circulación de dinero, acude, en algunas ocasiones, a modificar el encaje bancario.
Así, por ejemplo, si el encaje bancario se encuentra en el 20%, todos los bancos del país deben guardar o “congelar” en el Banco de la República una suma igual al 20% de los dineros que recibieron del público, a través de depósitos en cuentas corrientes y de ahorros.
Si un banco recibió en promedio durante una semana, depósitos por 1.000 millones de pesos debe, entonces, efectuar un encaje en el Banco de la República de 200 millones de pesos.
Esto significa que el banco no pude utilizar en su totalidad los 1.000 millones de pesos para otorgar préstamos a sus clientes. Sólo puede regresar al flujo monetario, a través de créditos, 800 millones de pesos. 
Debes tener en cuenta que el dinero que se guarda por concepto de encaje sigue siendo de propiedad de los bancos que realizan el encaje y no del Banco de la República, pues lo que hace este último es inmovilizarlo para frenar la circulación de dinero.
Si la Junta del Banco de la República considera, en un determinado momento que la economía requiere un mayor volumen de circulante para facilitar las distintas operaciones empresariales y comerciales, entonces puede proceder a reducir el porcentaje de encaje.
Si baja el encaje del 20% al 10%, aumenta la circulación de dinero. En el ejemplo del banco que recibió durante una semana depósitos promedios por 1.000millones de pesos, al reducirse el encaje al 10%, ya no tendrá que mantener “congelados” 200 millones, sino 100 millones de pesos.
En la práctica, con la disminución en el encaje a este banco se le autorizó sacar o liberar 100 millones de pesos de los 200 millones de pesos que tenían “congelados” en el Banco de la República, según el ejemplo.
De esta manera, cuando la Junta Directiva del Banco de la República, como autoridad monetaria, sube el encaje está haciendo contracción en la circulación de dinero, y cuando reduce el encaje está produciendo expansión monetaria.

¿Qué son las operaciones de mercado abierto?
El otro instrumento que utiliza la autoridad monetaria, en nuestro caso la Junta Directiva del Banco de la República, para producir efectos expansivos o restrictivos en la circulación de dinero, es el conocido como Operación de Mercado Abierto (OMAS), que consisten en la compra y venta de títulos públicos por parte del Banco de la República.
Si se trata de restringir el volumen de dinero existente en el torrente monetario, la junta del Banco de la República ordena vender títulos, con lo cual absorbe o saca de circulación dinero para ser “congelado” por un periodo que puede ser de 15, 30, 60, 90, 180 ó 360 días.
Para captar este dinero la junta se fija una meta. Así, por ejemplo, puede determinar que entre los meses de octubre y diciembre va a “congelar” 500.000 millones de pesos, para lo cual procede a vender entre los inversionistas títulos hasta completar este monto.
Desde luego, para poder vender los títulos y captar los 500.000 millones de pesos, el Banco de la República tiene que pagar tasas de interés que sean atractivas para los compradores de estos papeles, las cuales deben, por lo general, ser superiores a las que ofrecen los bancos y las corporaciones del sistema financiero tradicional.
Si, por el contrario, lo que quiere la Junta Directiva del Banco de la República es expandir o inyectar más circulante a la economía, entonces, procede a recomprar dichos títulos, entregando dinero a los inversionistas, es decir, “descongela” moneda.
Para que tengas una idea de cuánto dinero está “congelado” en el Banco de la República por concepto de encaje, para 1998 éste ascendía a tres billones y medio de pesos. Y en Operaciones de Mercado Abierto estaban inmovilizados en promedio 800.000 millones de pesos.