VISION INTERNACIONAL
PRIMERA CLASE
UNA VISION GLOBAL DE
LA ECONOMIA MUNDIAL
La visión global impulsada por el impacto creciente de las
nuevas tecnologías es una constante en la economía. En este mapa existen potencias destacadas por su
influencia en el mundo. Estados Unidos es un ejemplo de ello. La Unión Europa
también tiene lugar en este campo de influencia. Japón se posiciona como
referente económico mundial en un entorno universal caracterizado por la
ausencia de las fronteras tradicionales. En este marco de acción también surgen
acuerdos comerciales entre distintos países en busca de alianzas, puesto que el
refuerzo del bien común es un aliciente que surge de esta mentalidad de
negociación.
Internacionalización empresarial
Si la economía ha derivado en una estructura a gran
escala, el sector de la industria y la empresa también vive esta expansión
hacia la internacionalización. Distintas entidades corporativas tienen
presencia en varios destinos a través de diferentes filiales. La exportación de
un producto puede gestionarse de manera más sencilla actualmente que hace unos
años, ya que se disponen de mejores recursos para el comercio.
Esta inversión sería inviable sin la movilidad del talento
humano. En estas circunstancias, numerosos trabajadores se desplazan hasta un
nuevo punto por motivos de trabajo si el empresario demanda estas
contrataciones de forma temporal o permanente. Por ello, la globalización
implica a todos los estratos, también al social. Esta decisión de cambio
también puede ser intrínseca cuando está motivada por el deseo de encontrar
nuevas oportunidades de desarrollo laboral.
Tecnologías de la información
La posibilidad de un comercio global está respaldada por
el alcance de los recursos de comunicación. Estos medios facilitan la
inmediatez y entendimiento entre los agentes implicados cuando el emisor
transmite información de manera eficaz y veraz al receptor.
Desplazamiento de la producción
Un pensamiento universal que se aplica a todos los puntos
de vista del comercio. Por ejemplo, algunas organizaciones han derivado la
producción hacia lugares en los que el coste de la mano de obra supone una
menor inversión que la que precisa la contratación en el entorno local. Sin
embargo, esto también produce efectos negativos en el empleo, al tiempo que
aumenta la vulnerabilidad de los derechos de los trabajadores como consecuencia
de esta maniobra final.
Interconexión de los territorios
Un mapa global puede ser interpretado como un sistema en
el que todos los agentes implicados están interconectados, puesto que forman
parte de una misma realidad, aunque las circunstancias de cada territorio sean
diferentes en lo particular. De este modo, pueden ocurrir sucesos que producen
un eco en todos los integrantes de este ente sistémico, especialmente si ese
hecho se ha dado en una gran potencia. Una crisis financiera mundial es un
ejemplo de que el modo de entender la economía en este siglo es holístico. Lo
mismo sucede cuando el crecimiento es una variable observable de manera común.
Esta materia, a través de sus intereses, es una de las
fuerzas que mueve el mundo. Esta arquitectura inherente a la economía mundial
tiene fortalezas sobre las que se sustenta en el presente y se consolida como
una dirección de futuro.
FUENTE: TOMADO DE LA
PAGINA DEC ESCUELA DE NEGOCIOS EAE
SEGUNDA CLASE
Modelos de desarrollo Dominantes en el mundo
Modelos de desarrollo
Se definen diferentes modelos de
desarrollo. Las distintas políticas de los gobiernos durante el siglo XX se han
acercado a unos modelos u otros. La adopción de una política concreta acarrea
decisiones que afectan a los ciudadanos del presente y del futuro.
El modelo desarrollista es
el que más se ha empleado en el mundo y todavía se sigue empleando. Se basa en
la explotación continuada de los recursos y en el crecimiento constante.
Fomenta el aumento de la producción y para ello confía en el desarrollo
tecnológico y científico, pues es la única manera de tener acceso a nuevos
recursos. No considera el medio ambiente, luego piensa que los recursos son
ilimitados, y afirma que la naturaleza debe estar sometida por completo al
hombre.
La crisis ecológica actual está
motivada por esta forma de desarrollo, ya que considera que la contaminación es
sólo un daño colateral, inevitable del progreso.
Este modelo es el que domina en todo
el mundo, aunque, cada vez más, está siendo cuestionado debido a los grandes
problemas con los que la humanidad se está encontrando: contaminación,
agotamiento de recursos, cambio climático, etcétera.
|
|
|
|
El modelo conservacionista nace como oposición al modelo desarrollista, debido al grave daño que éste está ocasionando al medio ambiente. Es propuesto en 1968 por un grupo de personalidades y científicos llamado el Club de Roma.
En 1972 este club encarga al
Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) un informe que se llamó Los
límites del crecimiento. En él se hace una simulación informática donde se
recrea el crecimiento de la población, el crecimiento económico y la cantidad
de tierra productiva en los próximos 100 años.
Con este programa se observa como un
planeta limitado con dinámicas de crecimiento exponenciales es insostenible.
Para solucionar el problema se propone la parada total del desarrollo
económico, es decir un “crecimiento cero”.
Pero este crecimiento cero no es
justo para los países en desarrollo, que reclaman su derecho a mejorar y que
piden alcanzar los mismos niveles de bienestar que los países desarrollados.
Este modelo no tuvo gran repercusión,
ya que poco tenía que ver con la realidad.
El modelo más realista es el propuesto por la Comisión Mundial Sobre
el Medio Ambiente y Desarrollo, llamado modelo sostenible. Este modelo es una alternativa a los modelos
desarrollista y conservacionista.
Cuando hablamos de sostenibilidad (o
sustentabilidad) nos referimos al equilibrio que existe entre las especies y
los recursos de su entorno. Es decir, hablamos de recursos que tienen ciclos de
regeneración por encima de su extracción.
La primera vez que se utilizó en un
informe el término desarrollo sostenible fue en el Informe Brundtland,
también conocido como Our Common Future (Nuestro futuro
común).
Este informe socioeconómico fue
elaborado en 1987 para la ONU por una comisión de países y en él se definía el
desarrollo sostenible como “aquel que satisface las necesidades del presente
sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.
Para conseguir la sostenibilidad se
exige que todos los países revisen sus políticas e intervenciones a la luz de
los impactos que éstas causen en la ecología mundial y en el desarrollo
económico.
Objetivos del modelo sostenible
Algunos de los objetivos que se
planteaban en ese informe eran:
·
Reducir los niveles de pobreza.
·
Mejorar el nivel de la educación.
·
Evitar la desaparición de especies y
ecosistemas.
·
Hacer un mejor uso de la energía y
utilizar fuentes de energía renovables.
·
Evitar el daño ambiental producido
por la industria.
·
Conseguir que las ciudades ofrezcan
los servicios necesarios para sus habitantes: agua limpia, sanidad, colegios,
trasportes, etc.
El modelo sostenible no niega el
crecimiento pero atiende de forma prioritaria los parámetros medioambientales y
sociales. Trata de satisfacer las demandas actuales de la humanidad, generando
los recursos necesarios y prestando atención a los países más desfavorecidos.
Este modelo intenta que la economía y la ecología vayan de la mano.
TERCERA
CLASE
MODELO
DE DESARROLLO IMPERANTE EN COLOMBIA
El modelo económico de Colombia es el
neoliberalismo, corriente económica que consiste en la práctica de principios
capitalistas en los cuales el Estado no participa activamente. Es decir,
el flujo de la economía es llevado libremente por la oferta y la demanda, con
capital privado y en aras del crecimiento económico del país.
Gracias a la implementación de este modelo,
Colombia ha experimentado un crecimiento económico sumamente importante en los
últimos años, posicionándose actualmente como la cuarta mayor economía de
Latinoamérica.
Para el año 2016, el Producto Interno Bruto de
Colombia estaba ponderado en 283 billones de dólares americanos, y en los
últimos 5 años la economía colombiana ha experimentado un crecimiento de 3,68%
en promedio.
La economía colombiana se fundamenta en el libre
comercio. Para el 2016 Colombia percibió más de 31,4 billones de dólares
americanos en exportaciones, siendo el petróleo el
principal rubro de exportación, con más del 45% de las exportaciones de ese
país.
Además, el parque industrial ha presentado un
crecimiento sustancial en la última década: la industria textil, el ensamblaje
de automóviles y de electrodomésticos, el ámbito de la construcción y la
explotación minera se encuentran en un auge constante.
Uno de los sectores económicos colombianos más
desarrollados durante la última década es, sin duda, el turismo. La tasa de
viajeros que visitan Colombia aumenta en un 12% anualmente.
Así mismo, la tasa inflacionaria de Colombia
destaca por ser una de las tasas más bajas de Latinoamérica, y mantiene una
tendencia decreciente. En el año 2016 la variación anual de inflación
cerró en 5,7%, lo cual induce un comportamiento de la economía relativamente
estable.
Colombia es ampliamente reconocida a nivel mundial
por su cumplido historial crediticio, y su elevada capacidad para afrontar los
problemas internos, fomentando en todo momento políticas que favorezcan la
inversión extranjera directa.
Las alianzas comerciales con inversores extranjeros
han ido en ascenso, gracias a la confianza que inspiran las políticas
colombianas. En particular, el país que más ha invertido capital en
Colombia ha sido Estados Unidos.
La política fiscal también juega un papel
fundamental en el sostenimiento de la economía colombiana, como agente de
equilibrio para las finanzas del gobierno colombiano. A su vez, esto
incide en el crecimiento de la actividad económica interna del país.
Según la Dirección de Impuestos y Aduanas
Nacionales (DIAN), la recaudación de impuestos durante el primer trimestre del
2017 ascendió en un 7,4%, en comparación con el año anterior, esto representa
el cobro de más de 11 mil dólares americanos.
Sin duda alguna, el acuerdo de paz entre el
gobierno colombiano y las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC),
trajo consigo un escenario esperanzador para la economía.
La disminución de las diferencias con el polo
armado, y la instauración de un ambiente de confianza y participación, han
hecho posibles la expansión de la economía
colombiana en base a la libre competencia, un aumento de la
inversión extranjera y el crecimiento de las exportaciones.
Datos en 2018
·
$330,974 mil millones PIB nominal
·
$6,642 PIB percapita nominal.
·
Inflación del 3.2%.
·
Desempleo: 9,7% (Mayo de 2018).
·
Fuerza laboral: 27,249,183 de personas (2019).
CUARTA CLASE
Política Económica
“Política de Transformación Nacional para la Productiva” (PTP).
Remitirse
al siguiente link :
COMPETITIVIDAD EN
COLOMBIA
De acuerdo
con el IMD World Competitiveness Ranking de 2019, Colombia pasó del puesto 58
que ocupó en 2018 al puesto 52 o sea que ganó seis posiciones en el escenario
mundial de la competitividad. Este resultado lleva a preguntarse cuáles son los
países más competitivos del mundo, cómo se sitúa la América Latina en el
espectro de la competitividad internacional, y qué tan sobresaliente es la
posición competitiva de Colombia dentro de la región y en el mundo. Al
respecto, cabe destacar que en el pasado reciente los países más competitivos
han sido tradicionalmente los países más avanzados de Europa, así como los
Estados Unidos. No obstante, en el último ranking del IMD World Competitiveness
2019 Singapur ocupó por primera vez en nueve años el primer lugar como el país
más competitivo.
Por su parte, Hong Kong ocupó la segunda posición
relegando a Estados Unidos al tercer lugar. En el caso de los Estados Unidos,
que ostentaba el primer lugar, se argumenta que el impacto de sus medidas
fiscales favorables comienza a desvanecerse, en tanto que su batalla comercial
con China le quita puntos. Se observa que la región Asia-Pacífico es la que más
avanza, ya que 11 de 14 países de dicha sub-región mejoraron su posición en el
ranking mundial y dos de estos, según se señaló arriba, Singapur y Hong-Kong,
ocuparon los dos primeros lugares en el informe de 2019 recientemente
publicado.
Por su parte, América Latina registró un muy pobre
desempeño. Venezuela ocupó la posición 63, que es el último lugar del ranking
al cual se viene haciendo referencia, Argentina el 61 y Brasil el 60. Chile que
es el mejor clasificado de la región ocupo el puesto 42 y bajó siete puestos,
seguido de México que ocupó el puesto 50. Como se indicó atrás, Colombia ocupó
el puesto 52 y avanzó seis puestos pues ocupaba el 58 lugar. Del lado positivo
se encuentra el mejoramiento en el ranking y su destacada posición dentro de
América Latina. Del lado negativo se debe resaltar el hecho que el ranking de
Colombia no es bueno, pues ocupa el puesto 52 entre 63 países.
Cabe recordar que la competitividad es “el
conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan la productividad
de un país”; que una economía competitiva es una economía productiva y que una
economía competitiva requiere algo elemental como es enfrentarse a la competencia
y dejar que las empresas más competitivas sean las que sobrevivan. Asimismo,
cabe resaltar que la productividad es importante porque este es el principal
factor que conduce al crecimiento y al incremento de los ingresos de los
habitantes de un país.
La
competitividad entre países se mide mediante indicadores como la calidad de las
instituciones vigentes (económicas, y jurídicas), el desarrollo de la
infraestructura del país; la excelencia del manejo macroeconómico (monetario,
cambiario, fiscal y comercial), la innovación, el desarrollo empresarial, el
tamaño de los mercados; los logros del país en metas sociales de educación y
salud; la eficiencia de los mercados; la inversión en investigación y
desarrollo; el desarrollo de los mercados financieros y la eficiencia y
funcionamiento del mercado laboral. Para continuar en el sendero de mejora de
la competitividad en Colombia, y que mediante esta se logre acelerar el
crecimiento de la economía, se requiere adoptar políticas que logren mejorar
todos estos indicadores.
FUENTE: TOMADO DEL
DIARIO LA REPUBLICA, Escrito por Roberto Junguito
COMPETITIVIDAD
REGIONAL
Los índices de competitividad se han convertido
en un referente de uso general para evaluar la posición relativa de los países
en materia de instituciones, políticas y otros factores que determinan el nivel
de productividad, y tratar de tomar medidas para mejorarla. Es sabido que en el
escalafón mundial, Colombia ocupa un mediocre puesto 69 entre 148 naciones y
que se ha mantenido alrededor de ese nivel por una década, a pesar de las
buenas intenciones del Gobierno y el sector privado.
Es menos conocido que existen
índices que miden la competitividad de las regiones en los países, los cuales
también deberían ser usados para adoptar políticas que reduzcan las diferencias
entre estas. En Colombia, se cuenta con dos indicadores: el Índice Departamental
de Competitividad (IDC), que empezó a calcular el año pasado el Consejo Privado
de Competitividad, y el Escalafón de la Competitividad de los Departamentos
(ECD), que produce la oficina de la Cepal desde el 2000.
Los dos índices utilizan
metodologías similares que evalúan factores como las finanzas públicas, las
instituciones, la infraestructura, el tamaño y eficiencia del mercado, el
capital humano, la educación, la salud y la innovación y la dinámica
empresarial. Los resultados son similares, aunque se dan algunas disparidades
que no dejan de sorprender.
En ambas clasificaciones, los
tres primeros lugares los ocupan Bogotá, Antioquia y Santander. El Valle del
Cauca es el cuarto en el ranking de la Cepal, pero cae al séptimo lugar en el
IDC, porque en esta medición les asignan una calificación muy baja a factores
como infraestructura, instituciones y educación básica y media. Lo contrario
pasa con Caldas, que está de cuarto en el IDC, pero desciende al séptimo puesto
en el EDC por la debilidad relativa de sus finanzas públicas y las condiciones
de seguridad.
La Cepal mide a todos los
departamentos y encuentra que los coleros de la clasificación son La Guajira,
Amazonas, Putumayo, Chocó y Guaviare; de estos, el IDC, que únicamente cuenta
con información de 22 departamentos, solo incluye a La Guajira, que ocupa el
último lugar de su clasificación.
Más allá de las posiciones
relativas, se debe destacar –y tener en cuenta, porque es alarmante– la enorme
diferencia que hay entre los puntajes obtenidos por los distintos
departamentos, la cual refleja las grandes desigualdades que existen entre las
regiones colombianas. Antioquia, el segundo de la lista, solo obtiene, en
promedio, el 75 por ciento de la calificación de Bogotá, y los cinco siguientes
solo alcanzan entre el 60 y el 68 por ciento del puntaje del líder.
Con los más rezagados la
distancia es astronómica: Guaviare solo alcanza 18,6 puntos frente a 100 de
Bogotá, y los otros cuatro coleros, entre 19 y 27 puntos. La Guajira obtiene
alrededor del 30 por ciento del puntaje de Bogotá en ambas calificaciones.
Los factores en los cuales
son más notorias las diferencias son los relacionados con innovación, ciencia y
tecnología. La calificación de Antioquia es el 57 por ciento de la de Bogotá;
la de Santander, el 44 por ciento, y la del Valle, el 40 por ciento; los ocho
últimos departamentos no alcanzan el 20 por ciento y otros 12 están entre el 20
y el 25 por ciento. Es el resultado de la ubicación geográfica de las mejores
universidades del país, pero también de las empresas de mayor nivel tecnológico
y la constelación de servicios que se desarrollan en su entorno.
Hace unas décadas no existían
mediciones de la competitividad regional, pero era notorio que Colombia era un
país de regiones con niveles de desarrollo similares y que no tenía la
macrocefalia de la mayoría de los países latinoamericanos, donde la capital
concentraba una alta proporción de la población y el producto nacional. Esa
realidad se ha ido modificando y, como lo muestran los índices, la distancia
entre Bogotá y las demás regiones es cada día más grande.
La cadena siempre se rompe
por el eslabón más débil y la competitividad de un país no se mide por la de
sus regiones más adelantadas y sofisticadas, sino que se deteriora por el
lastre que representan las más atrasadas. Por eso, para mejorar en los
escalafones mundiales en esta materia es imperativo reducir las diferencias
regionales.
FUENTE:
REVISTA PORTAFOLIO, Escrito por Ricardo Avila
MIGRACION Y MOVILIDAD
Leer el siguiente link
Teoría y Práctica
del Comercio Internacional
En
las operaciones comerciales internacionales, es decir, las importaciones y las
exportaciones de productos, intervienen factores, elementos, instituciones y
demás entes que componen el engranaje del funcionamiento del comercio
internacional. Desde que se inicia la búsqueda de mercados, pasando por la
negociación y finalizando con la entrega de la mercancía, los factores y
elementos son muchos y si se deben conocer cada uno de estos elementos. La
importancia que ha tenido, tiene y tendrá el comercio internacional, obliga a
que nos involucremos un poco más en conocer esta importante área económica que
se ha convertido en un pilar de la economía de los países.
Para
comprender mejor el funcionamiento de las operaciones comerciales
internacionales en mercancía, podemos clasificar los factores que intervienen
en 6 grandes elementos, los cuales constituyen el completo funcionamiento. Podríamos
clasificar esos 6 elementos en:
1.
Aspectos teóricos
2.
Aspectos técnicos
3.
Aspectos administrativos
4.
Aspectos de mercado
5.
Aspectos legales
6.
Aspectos financieros
Cada
uno de estos elementos son diferentes entre sí pero están relacionados entre
sí, de manera que un mal funcionamiento de uno, influirá en un funcionamiento
defectuoso en otro. Pasaremos a explicar brevemente cada uno de los 6 elementos
mencionados anteriormente.
Aspectos teóricos
En
este aspecto, podemos incluir las teorías el comercio internacional, que son
síntesis científicas que intentan explicar el funcionamiento del comercio
internacional en un escenario, podemos decir, ideal. Existen 6 principales
teorías del comercio internacional: La ventaja absoluta: Sostiene que los
países tienen diferentes capacidades de producir bienes con eficiencia. Debido
a esas diferencias, un país debe especializarse en producir y exportar bienes ellas
que sean eficiente, e importar aquellos en los que otro país sea eficiente en
su producción. La ventaja comparativa: De acuerdo con esta teoría, es
conveniente que un país se especialice ellos bienes que produzca con más
eficiencia y compre a otros países lo que produce con menos eficiencia, aunque
esto signifique comprar a otros países bienes que el mismo podría producir con
más eficiencia.
NOTA: Este tema puedes ampliarlo
consultando el siguiente link:
EVOLUCION DEL SISTEMA MONETARIO INTERNACIONAL
El propio desarrollo histórico de la humanidad favoreció
consecuentemente al surgimiento del dinero y de las relaciones monetarias
mercantiles, las que luego se extendieron imprimiéndole cada vez mayor
importancia al intercambio mercantil de los excedentes, dando como fruto el
desarrollo espontáneo de las formas del valor, revelado en diversas etapas del
desarrollo de la producción mercantil.
Desde el momento en que la producción necesaria rebasó sus
límites y apareció el excedente, el mercado se instituye como medio de trueque,
los grupos que efectuaban o se especializaban en funciones como la agricultura,
la pesca, y la cerámica, se vieron en la necesidad de intercambiar el producto
de sus actividades por otras de las que no podían proveerse por diferentes
razones.
Todas las sociedades que precedieron al capitalismo, desde la
primera forma de organización económica de la sociedad, pasando por la sociedad
esclavista y luego la feudal, fueron en cierto modo organismos cerrados no en
su totalidad, pero mayormente se basaban en sociedades relativamente
autárquicas. En tales sociedades existió la división natural del trabajo; pero
los bienes que se producían eran especialmente para el consumo directo de las
comunidades productoras, cuyos miembros se distribuían según normas que
variaban según el tipo de organización social.
Con el surgimiento del capital, el excedente fue adquiriendo
mayor importancia a la hora de intercambiar los productos del trabajo, creando
la necesidad de repetir continuamente una parte del proceso de producción
global con destino al intercambio, pasándose a convertir “el cambio”1 en un
proceso sistemático de reproducción; esta condición se hizo indispensable para
favorecer así mismo el incremento oportuno de la producción y por consiguiente
la especialización en diferentes áreas de la producción, aventajando la
especialización de los hombres en diferentes áreas, favoreciendo así los vínculos y nexos
entre diversas comunidades.
En El Capital, Carlos Marx nos plantea claramente su tesis “el
intercambio de mercancía comienza allí donde termina la comunidad, allí donde
esta entra en contacto con otras comunidades […] Y, tan pronto las cosas
adquieren carácter de mercancía en las relaciones de la comunidad con el
exterior, este carácter se adhiere a ellas también de rechazo en la vida
interior de la comunidad.”
Es decir, “la producción capitalista es inseparable del
comercio exterior […] una reproducción normal anual a base de una escala dada,
lleva aparejado el supuesto de que el comercio exterior sólo remplaza artículos
(artikel: mercancías) autóctonos por artículos de otra forma útil y natural.”
Por ello los nexos económicos entre diferentes comunidades,
hizo sublime la lógica del intercambio aprovechando como dijera David Ricardo
“las ventajas comparativas” de aquellas comunidades o grupos sociales que
producían bienes de uso o de consumo de forma inconmensurable, que por razones
habituales o naturales les era más factible producir, dando lugar así al
surgimiento del comercio internacional.
Con el comienzo de las cruzadas entre el siglo XI y XIII
aproximadamente, se empezó a observar un
impulso creciente en el comercio. En “defensa de la fe católica […] “el saqueo interno
y externo, fue el medio más importante para la acumulación primitiva de
capitales que, desde la Edad Media4, hizo posible la aparición de una nueva
etapa histórica”5 Esta etapa aceleró a
escala mundial el periodo de los descubrimientos y colonizaciones,
extendiéndose el comercio a escala cada vez mayor.
La creación del mercado mundial y el desarrollo del capital,
permitió establecer las bases para el
surgimiento de la pujante Revolución Industrial del siglo XVIII, la cual
provocó importantes cambios en la mecanización de la producción y de los
sistemas industriales, contribuyendo al crecimiento de poblaciones, ciudades, rutas
y de medios de transportes que facilitasen el intercambio y la ampliación del comercio; esto
permitió relacionar a regiones con un nivel de desarrollo asimétrico, en la
cual los procesos productivos se alargaron, necesitando cada vez mayores
aportaciones de capital.
La clase dominante de Europa, valiéndose del sistema de
explotación colonial, logró extraer grandes riquezas provenientes de Asia,
África, y América, poniendo de esta forma los yacimientos de oro y plata al
servicio del comercio, y a la vez acelerando aún más el proceso de acumulación
del capital, favoreciendo a la vez el desarrollo de la Europa Occidental. Ese
progreso y perfeccionamiento de la producción sobre la base de la
técnica-material, condicionó la separación multilateral de la producción social
en cada uno de los distintos países por separado, surgiendo así diversas
divisiones industriales independientes que produjeron nuevos tipos de materias
primas, instrumentos de trabajo, así como artículos de consumo personal. Tal
especialización, amplió la división del trabajo a escala internacional entre
las zonas de un mismo país y entre países, lo que se reflejó en el desarrollo
del comercio exterior.
El súbito crecimiento del comercio exterior, la creación del
mercado mundial, la profundización de la división internacional del trabajo, y
el connotado desarrollo de las fuerzas productivas, permitió destacar el
advenimiento subsiguiente del modo de producción capitalista, con el desarrollo
alcanzado por el capitalismo hasta ese momento (finales del siglo XVIII y
comienzo del XIX aproximadamente), se comenzó a observar un papel cada vez
mayor de las operaciones crediticias en las actividades comerciales. Ya para la
segunda mitad del siglo XIX el término de “Bolsa” era conocido y renombrado
dándole mayor auge al crédito comercial y extraordinaria importancia al
estímulo de los bancos.
Ya Carlos Marx lo señalaba con anterioridad “el crédito-
sostuvo- acelera el desarrollo material de las fuerzas productivas y la
instauración del mercado mundial, sienta las bases de la nueva forma de
producción.”7 Más adelante prosigue “a medida que se desarrolla la
productividad del trabajo, y por lo tanto la producción en gran escala: 1) los
mercados se extienden y se alejan de los centros de producción; 2) los créditos
tienen que prolongarse, y 3) el elemento especulativo tiende necesariamente a
dominar cada vez más las transacciones comerciales. El desarrollo del proceso
de producción hace que se extienda el crédito y el crédito se traduce en la
extensión de las operaciones
industriales y mercantiles” El crédito
mercantil fue el móvil a la hora de garantizar el financiamiento a la industria,
condicionando la necesidad del surgimiento de transacciones monetarias
internacionales (TMI) capaces de garantizar el financiamiento del movimiento de
bienes y servicios que se intercambian entre las diferentes economías.
Por tanto donde verdaderamente se establecen, desarrollan y se
internacionalizan las relaciones monetarias es después de la Revolución Industrial,
lo cual da lugar a un sistema monometalista que funcionaba bajo los principios
del patrón-oro. Este fue reconocido de manera legal en la conferencia de París
en 1867, donde por acuerdo intergubernamental se oficializó el oro como único
metal con funciones de dinero mundial, que convirtió el patrón oro en el
regulador espontáneo de la producción, de la balanza de pagos, de los vínculos
comerciales externos, así como de los pagos internacionales9. “Resulta importante
recordar que el dinero mundial se utiliza en las transacciones comerciales
internacionales, desde un inicio las relaciones monetarias externas, se
diferencian sustancialmente de los patrones monetarios nacionales. Las razones
para que así ocurriera se debió a que:
1). Las operaciones internacionales se harían muy complejas a
cuenta de las numerosas monedas nacionales y con ellas de patrones de precio
diferentes.
2). En los sistemas monetarios nacionales la circulación
monetaria existía a través de los signos monetarios, los cuales poseen fuerza
legal solo en los marcos de cada país. La culminación de la formación de los
mercados nacionales, hizo que culminara la formación de los sistemas monetarios nacionales; más aún, el
proceso de internacionalización de la vida económica condicionó y propició la
aparición del dinero mundial.”
FUENTE:
EDUMET.NET
QUINTA CLASE
PROCESO DE GLOBALIZACION FINANCIERA
La “globalización financiera”, es a no dudarlo, una de las
manifestaciones más evidentes del proceso de globalización actual y con mayor
impacto en la economía mundial, de ahí la necesidad de profundizar en su
análisis particular.
A este
efecto, es importante definir en primer lugar dicho término. Al respecto,
Bustelo(48) conceptualiza a la globalización financiera como “la creciente
dependencia financiera mutua entre los países del mundo ocasionada por el cada
vez mayor volumen y variedad de las transacciones transfronterizas de flujos de
capital”.
Para Aglietta(49)
la globalización financiera “es el nombre que se atribuye a las
transformaciones que han afectado los principios de funcionamiento de las
finanzas. Se trata de profundas transformaciones que asocian de manera muy
estrecha la liberalización de los sistemas financieros nacionales y la
integración internacional”.
Cafiero(50)
define a la globalización financiera como “la intensificación de las
interconexiones entre los sistemas bancarios y los mercados financieros
nacionales, que conducen a la aparición de un espacio financiero mundial”.
Frenkel(51)
dice que la globalización financiera “es un proceso histórico en dos
dimensiones. En una, la globalización está representada por el creciente
volumen de transacciones financieras a través de las fronteras. En la otra, por
la secuencia de reformas institucionales y legales que se fueron realizando
para liberalizar y desregular los movimientos internacionales de capital y los
sistemas financieros nacionales”.
En segundo
lugar, resulta fundamental conocer cuales fueron los factores que impulsaron la
globalización financiera en la posguerra y su aceleración en los años 90.
Sobre el
particular, Salgado(52) identifica tres factores:
i)
Internacionalización de la producción
La
internacionalización de la producción, consiste en la tendencia muy marcada
desde principios de los años sesenta, esto es en la posguerra, a que una parte
significativa de la producción industrial de los países industrializados se
realice fuera de sus fronteras nacionales.
Mientras
hacia 1900, lo característico de las relaciones económicas internacionales era
el comercio exterior, es decir, el intercambio de mercancías entre los
diferentes países; entre 1900 y 1950 lo nuevo fue la exportación de capitales
hacia la explotación de recursos naturales. En la posguerra, lo nuevo fue la
trasnacionalización o internacionalización de la producción, a través del
desplazamiento de las actividades productivas fuera de las fronteras del país
de origen del capital.
La
internacionalización de la producción empuja hacia la globalización de la
economía debido a que la presencia de las empresas trasnacionales debilita el
control de la economía nacional por parte de los Estados, gracias a los
instrumentos de política tradicionales, especialmente por el monto de los
recursos que concentran las empresas trasnacionales, a las que hay que sumar
los bancos trasnacionales.
La
presencia de las empresas trasnacionales cambió la naturaleza de los
movimientos internacionales de mercancías y de capitales. En realidad, con el
avance de la división de tareas entre filiales de empresas trasnacionales, el
comercio intrafirma, esto es, entre subsidiarias de empresas trasnacionales,
alcanzó un mayor peso en el comercio exterior de los países en los que están
situadas dichas empresas. Los precios de los productos objeto de intercambio no
se rigen necesariamente por las leyes del mercado, siendo muy comunes las
prácticas de sobre o subfacturación, según los objetivos de las empresas.
De igual forma,
los movimientos de capitales entre países son de difícil control por parte de
las autoridades nacionales, ya que las empresas tienen una variedad de
mecanismos de transferencia de recursos a sus subsidiarias. Así, el control de
crédito en un país puede tener efectos contraproducentes con el objetivo
estatal buscado porque las empresas trasnacionales pueden obtener ese crédito
en el exterior mediante sus subsidiarias.
ii)
Internacionalización y desregulación financieras
La
internacionalización y desregulación financieras fue impulsada por la
internacionalización de la producción con la presencia de las empresas
trasnacionales y sus subsidiarias. La creciente demanda de crédito de corto y
largo plazo por parte de las empresas trasnacionales, que en los años 50 y 60
fueron principalmente de origen americano, así como el depósito de sus fondos
superavitarios, impulsó al desarrollo de los euromercados.
Los bancos
norteamericanos buscando dar sus servicios a sus clientes, las subsidiarias de
las empresas de origen americano, abrieron sucursales en el exterior, lo que
aceleró la trasnacionalización bancaria. La presencia de las empresas y bancos
trasnacionales estimuló un proceso amplio de desregulación, en la medida en que
las autoridades vieron reducida su capacidad de control de los movimientos de
capitales. Inclusive se registró una cierta competencia entre los países por
eliminar más rápidamente las regulaciones, por temor a las masivas salidas de
capitales registradas en los países que persistían en conservarlas,
proliferando las zonas off-shore.
Desde el
inicio de los años setenta, la libertad de circulación de capitales fue
considerada como un objetivo de la política económica, en contraste con la
actitud de las autoridades monetarias en la inmediata posguerra en que existía
el consenso de que había que desalentar e impedir incluso los movimientos de
capital que no estuvieran vinculados con el comercio o con las inversiones
extranjeras directas. Como resultado del movimiento amplio de desregulación,
los movimientos financieros internacionales se expandieron a mayor velocidad
que el comercio exterior. Así, en 1992, el valor de los flujos financieros
internacionales fue cuarenta veces superior al valor de los intercambios
comerciales.
El
hundimiento de Bretton Woods en 1971 aceleró la desregulación, al declarar el
Presidente Nixon la inconvertibilidad del dólar, acentuándose mucho más en el
segundo quinquenio de los años ochenta y noventa, a tal punto que la
legislación financiera de los países pasó a ser incluso, objeto de
negociaciones y acuerdos internacionales, como son los casos del Acuerdo de
Libre Comercio entre Canadá y Estados, el NAFTA -Acuerdo de Libre Comercio de
Norteamérica- que incluye a México, además de Canadá y Estados Unidos y la
Comunidad Europea.
iii)
Cambios tecnológicos en comunicaciones y electrónica
La
internacionalización financiera fue impulsada fuertemente por los avances
tecnológicos, en particular en el campo de las telecomunicaciones, el
procesamiento de datos y la electrónica. Dichos avances permitieron efectuar
operaciones entre distintos mercados, superando las barreras de tiempo y
espacio, difundir información con mayor rapidez y a menor costo y mejorar
significativamente los mecanismos de pagos entre países. Al reducirse los costos
y el tiempo en el que se realizan las transacciones financieras, los mercados
se aproximaron más todavía.
Las
innovaciones tecnológicas dieron también impulso a las innovaciones
financieras, esto es a la creación de nuevos productos financieros que permitieron
superar las regulaciones existentes, inutilizándolas aún antes de su
eliminación. En síntesis, las innovaciones tecnológicas en telecomunicaciones y
electrónica abarataron el costo de las transacciones, contribuyeron a la
creación de nuevos productos financieros, inutilizando regulaciones aún
vigentes y facilitaron la interconexión de los mercados.
La
desregulación y liberalización de los movimientos de capital a nivel
internacional registrada desde los años ochenta, dio un decisivo impulso a la globalización
de los mercados financieros, esto es a su integración en un sólo mercado global
interconectado.
Profundizando
sobre la cuestión, García(53) señala:
El proceso
de globalización de los mercados financieros ha constituido uno de los
desarrollos más espectaculares, por su intensidad, velocidad y consecuencias,
acaecidos en la economía mundial a lo largo del siglo XX. Si bien el proceso se
inicia a finales del decenio de los cincuenta con la apertura del euromercado,
el impulso definitivo se produce en el decenio de los setenta y se profundiza
en las dos posteriores. Los factores que de manera habitual se consideran
desencadenantes del proceso pueden resumirse en los siguientes:
1) la
quiebra del sistema de Bretton Woods que consagró, por un lado, el papel de los
mercados financieros como proveedores de la oferta monetaria y, por
consiguiente, su posición hegemónica en el contexto internacional y, por otro,
la libre flotación de los tipos de cambio;
2) el
reciclaje del gigantesco volumen de liquidez originado por el depósito de
grandes cantidades de dólares, obtenidos por los países árabes como
consecuencia del alza del precio del petróleo, en los bancos de los países
desarrollados;
3) la
consolidación de posiciones ideológicas liberalizadoras tanto en Reino Unido
como en Estados Unidos y el fracaso de los intentos por retardar e incluso
revertir el proceso;
4) la
desorganización de los mercados de materias primas;
5) la
irrupción de las corporaciones transnacionales en los mercados financieros que,
con el carácter sobre todo internacional de sus operaciones, con sus
necesidades de desarrollo de nuevos y más refinados productos financieros, con
sus políticas de precios de transferencia tendientes a minimizar su carga
fiscal y con su capacidad para influir en las decisiones de política económica
nacionales e internacionales, provocaron un fuerte impulso del proceso, y
6) la
necesidad de los estados nacionales de financiar sus crecientes déficit
presupuestarios por medio de la solicitud de préstamos y de la emisión de deuda
en los mercados internacionales, en un intento por no agravar las tensiones
inflacionarias en sus respectivas economías monetizando sus déficit en sus
respectivos mercados nacionales.
En este
orden de ideas, Frenkel(54) sitúa el inicio del proceso de globalización
financiera entre 1971 y 1973, cuando Estados Unidos liberó la atadura del dólar
al oro y se adoptó la flotación de las monedas de los principales países
desarrollados. A partir de entonces se dio una secuencia de liberalizaciones y
desregulaciones de los movimientos internacionales de capital y de los sistemas
financieros nacionales. La competencia en el mercado cumplió un rol fundamental
como impulsor, de manera que los procesos de liberalización de los flujos
financieros entre países y de los sistemas nacionales se incentivaron
mutuamente. La emergencia de nuevos negocios internacionales presionó para
conseguir la disminución de costos y regulaciones menores en el ámbito
nacional. De forma inversa, oportunidades nuevas abiertas en algunos países
incentivaron la desregulación de las transacciones entre países. Paralelamente
a la secuencia de reformas hubo un crecimiento rápido del volumen de
transacciones financieras a través de las fronteras.
Aglietta(55)
manifiesta que en el transcurso de la década del setenta tanto las presiones
sobre el dólar como los choques petroleros y el aumento desigual de la
inflación en los países de la OCDE, se conjugaron para transformar el sistema
monetario internacional. Se pasó de un sistema regulado por los gobiernos bajo
control de los movimientos de capitales a un sistema movido por los mercados,
que liberó los flujos internacionales de capital. Los condicionamientos de las
balanzas corrientes eran estrictos de acuerdo a las reglas de Bretton Woods,
toda vez que los déficit estaban financiados por las reservas oficiales de
cambio en condiciones de cambio fijo; en tanto que, en el sistema actual, los
déficit son financiados por el crédito internacional de los bancos y mercados
de títulos, por lo que los condicionamientos pasan por los juicios que los
inversores financieros puedan formarse con relación a la sustentabilidad de las
deudas externas.
De otra
parte, señala que los cada vez más sofisticados mecanismos financieros que
manejan los flujos de capitales tejen una integración financiera de la economía
mundial más estrecha cada vez. Pero tanto la diversificación de los
instrumentos de colocación y préstamo como la aparición de mercados derivados,
son procesos originados en el cambio de los sistemas financieros nacionales,
constituyendo la modificación del régimen monetario el factor principal
desencadenante de estos procesos. Se asistió a una aceleración y posteriormente
a una desaceleración de la inflación, las dos de gran amplitud, dando lugar a un
fuerte incremento de las tasas de interés reales. Sin embargo, a causa de la
inercia de las anticipaciones, las tasas reales anticipadas, luego después de
haber superado las tasas realizadas en la ola creciente de la inflación, se
encontraron por debajo de las tasas realizadas en la ola descendente. Se pasó,
entonces, de un régimen favorable a los deudores a un régimen favorable a los
acreedores. Se invirtió la naturaleza de los riesgos dominantes:
desvalorización de los patrimonios financieros que no estaban indexados
perfectamente en el primer caso, degradación de la calidad de las deudas en el
segundo. La búsqueda de una protección contra el riesgo principal condicionó
las formas de la innovación financiera: se trató de instrumentos de protección
del valor de los patrimonios privados en el régimen de los deudores; en el
régimen de los acreedores, de forma paralela, de instrumentos de reducción del
costo de las deudas y transferencia de los riesgos.
Cuando la
política monetaria, indica, se hizo deflacionaria, los gobiernos buscaron
medios de financiamiento no monetarios, en tanto que los déficit aumentaban
rápidamente con los costos crecientes de la protección social y el servicio de
la deuda. Se orientaron a la promoción de títulos públicos que fueran atractivos
para los ahorristas. Los mercados de títulos públicos se transformaron en bases
de los mercados de capitales: tasas de interés rectoras en la formación de los
precios de los activos, colocación de referencia en las estructuras de las
carteras diversificadas, haberes refugiados en episodios de deterioro de la
confianza.
Apoyándose
en estas modificaciones macroeconómicas, dice, una evolución estructural a
largo plazo cambió la naturaleza de los activos financieros buscados por los
agentes no financieros. Es innegable que a partir de la década del ochenta el
motor de la liberalización financiera es el comportamiento interno en el campo
de altas tasas de interés de mercado. Como las tasas de ahorro no progresaron
de forma tendencial, ha sido gracias al incremento de los precios reales de los
activos que componen la riqueza como ésta ha evolucionado más rápido que el
ingreso. La alta remuneración del ahorro, en forma de aumentos de capital, es
una característica determinante del capitalismo patrimonial contemporáneo.
Los
factores analizados, concluye, han transformado totalmente la concepción de las
finanzas en sus estructuras, comportamientos y regulaciones. Los inversores
institucionales (fondos de pensión o fondos comunes de inversión) se han
convertido en los agentes financieros que cumplen el papel de mayor
trascendencia en las colocaciones de capital.
En este
mismo orden de ideas, Coq Huelva(56) manifiesta que a partir de los años
setenta no solamente se "rompen" los acuerdos de Bretton Woods, esto
es, el orden monetario vigente en el período de expansión post-bélico, sino que
entra también en crisis la regulación bancaria y financiera existente hasta ese
momento. Se trataba, en general, de la regulación bancaria impulsada en
prácticamente todos los países desarrollados luego de la crisis de 1929. Estas
legislaciones se conservaron en términos generales hasta inicios de los años
setenta. Se fundamentaban en la imposición de restricciones fuertes a la
actividad bancaria (prohibición de la remuneración de depósitos, límites a la
intervención en mercados de capital, límites a la competencia bancaria,
coeficientes obligatorios de caja e inversión, etc.). Ello suponía la
existencia, a partir de la intervención pública, de varias restricciones a los
procesos de creación de dinero bancario. Al entrar a partir de los años
setenta, en una dinámica de eliminación de muchas de las restricciones vigentes
sobre los mecanismos de captación de recursos, sobre las garantías para la
concesión de créditos y sobre el coste final del endeudamiento, es claro que,
con ello, se estimulaba una mayor y más fácil creación de dinero. En
consecuencia, con la eliminación de la mayor parte de las restricciones y
regulaciones heredadas de la crisis de los treinta, se entra en un acelerado
proceso de liberalización que va a tener una serie de impactos evidentes sobre
la capacidad del sistema financiero de crear medios de pago.
Menciona
que la liberalización financiera, vinculada a la desaparición del cuadro de
regulación post-bélico, se encuentra ligada a un proceso fuerte de innovación
presente desde inicios de los setenta en los principales mercados de capital.
Desde esa fecha, se asiste a la creación de una diversidad de nuevas formas de
activos financieros. Sin duda, la novedad más significativa es el desarrollo de
los derivados (futuros, opciones etc.), pero también la diversificación de las
modalidades de obligaciones. Este aumento de la posibilidad de emisión de
títulos negociables en los mercados está también en la línea de favorecer los
procesos de creación de dinero. Al poder emplearse muchos de los nuevos activos
creados como garantías de nuevos préstamos, vuelven a verse favorecidas las
posibilidades de aumentar el dinero en circulación. En este sentido, por
distintas vías, el cambio en el modelo de regulación financiero está en el
origen de la entrada en un período de abundantes medios de pago. Esto
constituye un fundamental cambio respecto al período precedente. Si la anterior
regulación daba lugar a una escasez relativa de dinero, como resultado de las
fuertes restricciones impuestas al crédito, el nuevo modelo desregulado da
lugar a un sistema donde el acceso a los medios de pago es mucho más directo.
Para
Urionabarrenetxea, Bañales y García(57) el gran desarrollo del proceso de
globalización financiera a partir de la década de los ochenta obedece a:
i) Procesos
generalizados de liberalización financiera por parte de las autoridades que
hicieron factible el traslado del capital de unos mercados financieros a otros.
ii)
Traslado rápido del capital fronterizo y sin excesivos costos adicionales
gracias al avance en las tecnologías de la información y la comunicación.
iii)
Creación y mejora de nuevos instrumentos financieros que permiten tanto una
mayor cobertura de los riesgos adicionales potenciales a los que el inversor
pueda estar expuesto en su actividad internacional como un aumento de las
operaciones de arbitraje y de especulación en el ámbito mundial, con el
consiguiente mejoramiento en la eficiencia de los mercados internacionales.
iv)
Incremento, tanto en número como en patrimonio gestionado, de los inversores
institucionales que disponen de mejores recursos financieros e informacionales,
para actuar en un entorno global.
Kanoui(58)
considera que los motores de la globalización financiera en los años 80 pueden
resumirse a lo que algunos denominan las “tres D”:
-
des-intermediación (crecimiento de las finanzas directas y fin del papel de los
bancos como intermediarios);
-
des-regulación de los mercados financieros (desmantelamiento de las trabas con
respecto a flujos de capitales y operaciones monetarias);
-
de-cerramiento (apertura) de los mercados.
En tercer
lugar, es importante conocer sobre los indicadores de la globalización
financiera. Ferrer(59) presenta algunas cifras al respecto:
i) El
acervo de préstamos internacionales netos de los bancos de los países
desarrollados ascendía, a finales de 1997, a 5.3 billones de dólares, siendo el
crecimiento de este segmento del mercado financiero más rápido que el de la
economía real. A inicios de la década del sesenta, los préstamos bancarios
internacionales netos significaban el 6.2% de las inversiones de capital fijo
en el mundo, superando esa relación el 130% en 1999;
ii) Los
inversionistas institucionales (fondos de pensión, compañías de seguros y de
inversión), en diciembre de 1998, poseían activos totales por 21 billones de
dólares, de los cuales correspondía a entidades estadounidenses casi el 50%;
iii) Las
operaciones del mercado de derivados, desde inicios de la década del noventa,
aumentaron cuatro veces. En diciembre de 1998, el acervo de operaciones con
derivados ascendía a 40 billones de dólares, equivalentes a 1.5 veces el
producto total de la economía mundial; y,
iv) Los
mercados de divisas alcanzaron proporciones extraordinarias. Las transacciones
diarias, de las cuales más del 60% correspondieron a los operadores de Estados
Unidos y el Reino Unido, alcanzaron 1.6 billones de dólares, monto superior al
PIB anual de toda América Latina. De las operaciones en los mercados cambiarios
del mundo, el 95% son movimientos financieros y solamente el 5% cancelación de
transacciones reales de comercio de bienes y servicios e inversiones privadas
directas. En diciembre de 1997, las reservas de todos los bancos centrales del
mundo ascendían a 1.6 billones de dólares, magnitud igual a las operaciones de
los mercados cambiarios en un solo día.
Bustelo,
García y Olivié(60) presentan una selección de datos que resulta muy
ilustrativa:
La
inversión directa extranjera (IDE) se incrementó de una media anual de 50.000
millones de dólares en 1980-85 a 318.000 millones en 1995, a 400.000 millones
en 1997, a 660.000 millones en 1998 y a 827.000 millones en 1999. Los flujos
anuales de IDE pasaron, en proporción de la inversión bruta mundial, del 2% en
1985 al 5% en 1995 y al 7% en 1997. El stock de IDE aumentó del 6% del producto
bruto mundial en 1985 al 10% en 1995 y al 13% en 1997. Según el Banco de Pagos
Internacionales (BPI), las transacciones transfronterizas de activos
financieros (acciones y obligaciones) suponían menos del 10% del PIB de
Francia, Alemania, Estados Unidos y Japón en 1980. En 1997, alcanzaron más de
300% del PIB en Francia, más de 250% en Alemania, más de 200% en Estados Unidos
y cerca de 100% en Japón. Además, el intercambio diario medio de divisas ha
pasado de 15.000 millones de dólares en 1973 a 80.000 millones en 1980, a
500.000 millones en 1990, a 1,3 billones en 1995 y a 2 billones en 1998, lo que
supone 100 veces el valor del comercio internacional. Ese intercambio es, por
añadidura, principalmente a corto plazo: 82% tiene un vencimiento inferior a
siete días y 43% tiene un vencimiento inferior a dos días. El crecimiento del
mercado de productos financieros derivados ha sido explosivo. Su valor total
(opciones, futuros y productos combinados) ha pasado de 1 billón de dólares en
1986 a 56,5 billones en 1995. Los últimos datos disponibles sugieren que podría
haber alcanzado unos 360 billones en 1998, esto es, 12 veces el producto bruto
mundial (estimado en 30 billones de dólares en ese año).
Otra
información, señala que el stock total de activos financieros circulando por el
mundo (depósitos en los bancos, deuda pública o privada y acciones), creció de
U$S12.000 billones en 1980 a U$S119.000 billones en el 2004, es decir, casi
tres veces el PBI mundial.
En cuarto
lugar, hay que conocer sobre los principales cambios estructurales ocurridos en
los mercados financieros en el transcurso de los últimos años.
Correa,
proporciona un detalle de las modificaciones sucedidas:
i)
Acortamiento de los plazos en depósitos e instrumentos financieros, con el
desarrollo de un mercado secundario activo de títulos que ha desdibujado la
distinción entre las nociones de circulante;
ii) Cambio
en los fondos bancarios a pasivos con remuneración y provenientes
fundamentalmente de los mercados monetarios. El crecimiento de la titulación
del crédito y de las operaciones fuera de balance de los bancos,
particularmente con la utilización de instrumentos derivados y la
administración y el comercio de títulos, ha cambiado la estructura de los
ingresos de los bancos desde los márgenes hacia las comisiones;
iii)
Gradual desaparecimiento de las fronteras que separaban a la banca de depósito
de la de inversión. En forma paralela al fortalecimiento de la actividad de los
fondos de inversión y capitales, se aprecia el declinamiento del crédito en los
mercados y el crecimiento de los fondos de inversión con un elevado grado de
concentración de activos financieros en manos de unos pocos administradores con
capacidad de movilizar volúmenes grandes de activos en plazos muy cortos,
provocando la desestabilización de economías (Tailandia por ejemplo) y monedas;
iv)
Crecimiento rápido del volumen y tamaño de las transacciones financieras. El
creciente desarrollo de las operaciones bancarias fuera de balance ha
estrechado los lazos entre los intermediarios financieros, concentrándose más
aún el manejo de los mercados, con una tendencia importante al fortalecimiento
de verdaderos megaconglomerados financieros;
v) Mayor
complejidad de los problemas de supervisión financiera, tornándose la
calificación de los niveles de riesgo y las posibilidades de intervención de
las autoridades financieras más difíciles;
vi) La
deuda de los gobiernos ha sido uno de los sustentos más importantes para el
crecimiento de los activos financieros, siendo las tasas de interés ofrecidas
por dichos títulos el instrumento privilegiado para conseguir objetivos en
materia cambiaria. Estados Unidos, en particular, ha tenido que mantener tasas
de interés de los instrumentos gubernamentales mucho más altas que Alemania y
Japón, especialmente en la segunda mitad de los años ochenta y noventa, con la
finalidad de impedir una masiva salida de activos financieros de su mercado y
poder continuar financiando sus déficit; y,
vii)
Creciente incapacidad de los estados nacionales para regular las actividades de
los grandes conglomerados financieros, siquiera para supervisar los niveles de
riesgo de sus diferentes operaciones, cuestionando toda posibilidad de que las
autoridades financieras contengan una crisis sistémica, situación que ha sido
posible a través de crecientes niveles de liquidez originados por los propios
intermediarios.
Griffith-Jones,
se refiere a cinco tendencias de las finanzas internacionales:
i) Mercados
de capitales crecientemente globalizados e integrados, con la particularidad de
que la articulación de los mercados financieros nacionales es mayor que la
articulación global de las estructuras productivas nacionales, debido a que el
crecimiento rápido de los flujos internacionales de capital ha sido más veloz
que el crecimiento del comercio y la inversión extranjera directa;
ii) Marcado
crecimiento en todos los países del tamaño y la influencia de los mercados
financieros, enorme incremento del negocio en todos los mercados de títulos,
con significativo ascenso del valor de las transacciones financieras sobre el
PNB en los principales países;
iii)
Tendencia a la desaparición de las separaciones tradicionales funcionales, de
manera particular entre actividades bancarias y de títulos; de forma que la
disminución de los márgenes de intermediación, el descenso de los depósitos no
remunerados, la reducción de la demanda de créditos bancarios con respecto a
otras fórmulas de financiación directa, han impulsado a los bancos a
involucrarse en el negocio de títulos, lo que implica más riesgo y es menos
regulable;
iv) Gran
expansión de los instrumentos financieros disponibles, buena parte de los
cuales son muy sofisticados y de riesgo difícil de evaluar; y,
v)
Institucionalización de los ahorros, impulsadora de la creciente complejidad
del mercado y del incremento de la internacionalización.
Otra
información ilustrativa al respecto, menciona la consolidación del proceso de
internacionalización financiera caracterizado por:
i) Fuerte
desregulación y liberalización financiera;
ii)
Volatilidad e inestabilidad de las economías. Elevada vulnerabilidad frente al
efecto de shock interno y externo;
iii)
Considerable desarrollo y conexión de los mercados de capitales y divisas;
iv) Cambio
en el patrón de financiamiento a favor de los títulos valores;
v)
Incremento sin precedentes de la actividad especulativa a nivel internacional;
vi) Notable
y sostenido auge de la innovación financiera sustentado en nuevos productos y
procesos;
vii)
Predominio indiscutible de los grandes bancos comerciales, las empresas
transnacionales e inversionistas institucionales en las transacciones
financieras internacionales;
viii)
Concentración de los flujos financieros en los países altamente
industrializados;
ix)
Acelerada expansión de la inversión extranjera directa;
x) Primacía
del dólar como moneda de reserva y curso forzoso, medio de pago y unidad de
cuenta;
xi) Pérdida
de funciones monetarias del FMI;
xii) Fuerte
proceso de privatización, que destruye las bases productivas de los Estados a
través de la desvalorización de los activos productivos y su posterior venta al
capital extranjero; y,
xiii)
Disminución del gasto público, privilegiándose el pago del servicio de la deuda
en detrimento del gasto social.
León,
destaca, entre los principales cambios sucedidos en los mercados financieros
internacionales en las últimas décadas, los siguientes:
i)
Reducción de los plazos en depósitos e instrumentos financieros, y el
desarrollo de un mercado secundario de títulos más activo.
ii)
Desaparición de las fronteras que separaban a la banca de inversión de la banca
de depósito.
iii)
Consolidación de la actividad de los fondos de inversión con un elevado grado
de concentración de activos financieros en pocos administradores, quienes
pueden movilizar grandes volúmenes de activos en plazos muy cortos,
desestabilizando monedas y economías (como sucedió en Inglaterra, México,
Sudeste Asiático y Rusia).
iv)
Crecimiento rápido del volumen y tamaño de las transacciones financieras. El
desarrollo de operaciones bancarias fuera de balance ha estrechado los lazos
entre diferentes intermediarios financieros, concentrándose en unos cuantos el
manejo de los mercados, lo cual ha fortalecido la tendencia a la conformación
de grandes megaconglomerados financieros.
v) Profunda
complejidad de los problemas de supervisión financiera y dificultad en la
cualificación de los niveles de riesgo y las posibilidades de intervención de
las autoridades financieras a pesar de las previsiones y la insistencia que
mantienen los organismos financieros, tales como el Banco de Pagos
Internacional, el FMI y el Banco Mundial.
vi) Aumento
considerable de la incapacidad de los estados nacionales para regular la
actividad de los grandes conglomerados financieros en la supervisión de los
niveles de riesgo de las diferentes operaciones, dificultando las posibilidades
que tienen las autoridades financieras de frenar las crisis financieras
sistémicas.
Añade que
la liberalización financiera se ha traducido en la desregulación de los
mercados financieros globales, es decir, de las tasas de interés, la supresión
de los controles sobre el crédito, la eliminación de las barreras a la entrada
en el sector, la concesión de una autonomía mayor a las instituciones
financieras, la privatización de los bancos públicos, la apertura a los flujos
de capital extranjero y, en muchos casos, la flexibilización de las tasas de
cambio.
Indica que
otra característica del proceso de desregulación financiera ha sido la
generación de crisis financieras, bancarias y bursátiles que afectan o han
afectado a muchos países. Ni los gobiernos ni los organismos financieros
internacionales, desde la desaparición de los tipos de cambio fijos y del
patrón oro, han podido hallar una salida al surgimiento de estas crisis.
Señala que
la crisis financiera internacional que afectó a la economía entre mediados de
1977 y principios de 1999, que empezó en el Asia, pasó por Rusia y llegó hasta
Brasil, así como el efecto tequila que golpeó a México y Argentina en
1994-1995, fueron producto de la interacción de las deficiencias de las
políticas nacionales y las del sistema financiero internacional.
En quinto
lugar, es fundamental presentar información relativa a los efectos y problemas
que genera y/o profundiza la globalización financiera.
Sobre el
particular, se sostiene que la globalización financiera tiene efectos sociales
muy negativos, especialmente en los momentos en que las crisis financieras
globales se presentan.
Así, en
primer término, los flujos de capital no se dirigen a los países a los cuales,
de acuerdo a la teoría económica convencional, tendrían mayor productividad
marginal, sino a aquellos en los que la posibilidad de hacer buenos beneficios
es más segura. Este criterio de selección de los países destinatarios de la inversión
deja a los países en vías de desarrollo al margen del capital que requieren
para su crecimiento.
En segundo
término, estos países también resultan seriamente perjudicados ya que los
flujos privados de capital que ingresan en los mismos los abandonan rápidamente
frente a situaciones de incertidumbre o por contagio de los problemas de otros
países.
De esta
manera, los efectos recesivos que generan estas masivas salidas de capital
sobre las economías emergentes han sido en la mayoría de los casos devastadores
socialmente debido a que las repetidas crisis financieras no son patologías
misteriosas que afecten a una economía mundial con buena salud, sino que por el
contrario revelan, en el plano monetario (tasas de cambio), crediticio (sistema
bancario) y en las bolsas, la existencia de contradicciones que hunden sus
raíces en los propios cimientos del sistema económico y que la liberalización y
la desregulación han agravado más todavía.
Ibarra,
destaca la profundización de varios problemas derivados de la globalización
financiera, como resultado del marcado contraste entre el avance de la
liberación de mercados y el rezago de las instituciones de carácter nacional y
supranacional de regulación, a saber:
i)
Oscilaciones profundas y frecuentes en los tipos de cambio, que rompen la
anterior normalidad de los sistemas del patrón oro y de Bretton Woods. De otra
parte, la volatilidad de los flujos financieros acrecienta la fragilidad de los
sistemas nacionales y la vulnerabilidad igualmente nacional a shocks externos o
acontecimientos de origen foráneo. Los dos hechos constituyen causa de
desequilibrios macroeconómicos, cuyos efectos escapan del control de los
gobiernos y bancos centrales, creando inclusive dificultades de tipo general
que se extienden a varios países (ejemplo tequila o crisis asiática);
ii)
Corrientes ascendentes del financiamiento externo que no se orientan a la
ampliación de la inversión y la planta productiva de los países receptores,
sino a la obtención de ganancias o intereses extraordinarios de corto plazo. De
cierta manera se forma una nueva clase de rentismo cosmopolita proclive a la
especulación, encabezada por instituciones privadas (fondos de pensión y
ahorro, compañías de seguros, bancos de inversión), cuyo interés radica en
optimizar rendimientos antes que generar nuevas producciones reales. Al mismo
tiempo, la ola de privatizaciones de empresas públicas ha generado corrientes
importantes de inversión extranjera, útiles desde la óptica del mejoramiento de
la eficiencia y del financiamiento de los pagos externos de corto plazo, pero
que igualmente no contribuyen a expandir las capacidades productivas de los
países beneficiarios. Además, la transferencia neta de ahorros de las naciones
desarrolladas al Tercer Mundo no resulta en promedio demasiado significativa,
existiendo asimetrías considerables en su distribución por países;
iii)
Elevación de las tasas de interés a niveles sin precedente, superando los
ritmos de crecimiento tanto de la economía mundial como de los países.
Adicionalmente, los intentos de esterilización de los flujos de entrada en el
Tercer Mundo impulsan asimismo al alza a las tasas de interés, surgiendo claros
efectos contraccionistas de escala mundial y local sobre la inversión y el
empleo. De esta manera, los desequilibrios financieros ya no provienen
solamente de déficits fiscales desproporcionados o endeudamientos excesivos,
sino de la desalineación de las tasas cambiarias, acrecentada por la
volatilidad de los flujos de capitales;
iv)
Sistemas bancarios a nivel mundial con pérdida de capacidad competitiva ante la
variedad de innovaciones en las instituciones e instrumentos de financiamiento
que se ofrecen en los mercados, lo que les obliga a segmentar a su clientela.
El sistema anterior procuraba dar acceso generalizado a los servicios
financieros con subsidios cruzados a favor de los clientes menores; en
contraste, el sistema emergente privilegia en costo, accesos y prebendas a los
ahorradores grandes y empresas, en tanto discrimina al resto de familias y
firmas; y,
v)
Modificaciones cambiarias relacionadas o desvinculadas a la solidez del sector
bancario o a las políticas monetarias definidas, que dan lugar a un ciclo
recurrente en los países en desarrollo. En los períodos de auge, las entradas
de capitales propician explosivos crecimientos del crédito bancario, que
difícilmente las autoridades monetarias pueden esterilizar debido a razones de
costos y de manera frecuente por utilizar el tipo de cambio como ancla
inflacionaria, provocando que los precios de los activos se eleven
desproporcionadamente, hasta que el reflujo del capital externo o los déficits
de pagos fuerzan un nuevo ajuste cambiario, traducido en elevaciones de las
tasas de interés, inflación y portafolios de crédito incobrables.
Para García,
existen trabajos muy rigurosos que cuestionan la globalización financiera y que
revelan, de manera empírica, importantes problemas que introducen serios
motivos de preocupación:
1) la
liberalización ha propiciado una relocalización mundial del capital, pero con
el desplazamiento de recursos netos hacia los países más desarrollados, con la
peculiaridad añadida de que los dirigidos hacia los países menos desarrollados
exhiben una mayor volatilidad;
2) el
proceso de diversificación internacional de las carteras de inversión no se ha
producido; por el contrario, hay un sesgo importante de las mismas hacia los
respectivos activos nacionales;
3) se
advierte una elevada correlación entre el ahorro nacional y las tasas de
inversión nacionales inconsistente con la idea de una integración financiera
que sobrepase los límites de las fronteras nacionales;
4) el
incremento de oportunidades para prestamistas y prestatarios ha crecido de
forma asimétrica, lo que eleva las oportunidades de colocación del ahorro y,
por tanto, favorece a los primeros, pero sin evidencia empírica de una caída en
los costos para los segundos;
5) el
desarrollo de nuevos productos financieros ha sido espectacular, sobre todo en
el caso de los productos derivados, pero su empleo no sólo ha permitido obtener
en términos teóricos, una cobertura más adecuada del riesgo, sino también
incrementar el riesgo sistémico del sistema financiero internacional,
desarrollar estrategias especulativas contra los sistemas de cambio y, en
definitiva, les ha convertido en factor explicativo fundamental de las crisis
cambiarias;
6) la
liberalización financiera ha incrementado la fragilidad del sistema financiero
internacional, coadyuvando al desencadenamiento y profundización de los
episodios de crisis bancarias, cambiarias y financieras;
7) el
proceso de liberalización no ha traído los resultados previstos en el
comportamiento de la inversión, ni en el del crecimiento y el desarrollo
económico (con la excepción de algunos países del este y sudeste asiático);
8) el
efecto “disciplinario” de la liberalización sobre el comportamiento de los
gobiernos ha sido claro; menos evidente es determinar si este resultado ha sido
positivo (por su dirección) e incluso si es legítimo, en la medida en que
preconiza una política económica neoclásica que ha generado, desde una
perspectiva planetaria de la economía, elevados niveles de desempleo y
subempleo, como también ha retardado el crecimiento, incrementado la
desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza y minado las bases del
llamado estado de bienestar (en los países más desarrollados) e impedido
incluso su surgimiento (en los menos desarrollados);
9) el
proceso de liberalización ha dado lugar, en algunas de las economías menos
desarrolladas que se han visto beneficiadas por un flujo neto de capitales (por
ejemplo, el este y el sudeste asiático), a un proceso de sobrepréstamo y
sobreinversión que ha sido uno de los elementos explicativos determinantes de
las debilidades financieras de estas economías y, por tanto, uno de los desencadenantes
de las crisis que han padecido por la generación de un ciclo augedepresión;
10) de
forma complementaria a lo expuesto en el punto anterior, el proceso de
sobreendeudamiento externo introduce una externalidad negativa provocada porque
la prima de riesgo-país es una función creciente del endeudamiento externo
agregado; el sobreendeudamiento incrementa la prima de riesgo-país para el
conjunto de la economía y, por tanto, abre una brecha entre el costo marginal
privado y el costo marginal social de recurrir a endeudamiento exterior;
11) la
liberalización ha provocado la puesta en escena de la llamada trilogía
imposible: un tipo de cambio fijo (o sometido a algún tipo de acuerdo
cambiario), una política monetaria independiente y la plena movilidad del capital
son tres objetivos inalcanzables a la vez. Cualquier par de ellos es posible,
pero todo intento de conseguir los tres provoca, de manera inevitable, una
crisis cambiaria, y
12) por
último, la liberalización de los mercados financieros puede reducir el bienestar
en aquellas economías que, como consecuencia de la apertura de sus mercados, se
enfrenten a tasas de interés externas más volátiles.
Bueno,
destaca que la globalización financiera ha generado un riesgo a escala
internacional, denominado “riesgo sistémico”, que se desarrolla en dos etapas.
En primer lugar, se desencadena la turbulencia a causa de la especulación, cuya
potencia se amplifica bajo el efecto de los nuevos instrumentos financieros.
Posteriormente la onda de choque se propaga al conjunto del sistema financiero
mundial. Esta propagación se produce por medio de “efectos contagio”, toda vez
que los mercados financieros actuales están muy interconectados. Este proceso
de repercusiones en cadena se expande por los comportamientos de “tipo mimético”,
muy frecuentes en los mercados financieros: los corredores no juzgan las
situaciones en función de sus propios criterios sino conjeturando sobre los de
los demás. De esta manera, hechos o situaciones que nada tienen que ver con la
coyuntura financiera de un país pueden originar una crisis.
Particular
sobre el cual afirma Raghavan: “Una de las consecuencias más destacadas de la
globalización financiera ha sido una serie de crisis muy costosas, en México,
Tailandia, Indonesia, Corea del Sur, Rusia, Argentina, Turquía y muchos otros
países”.
En sexto
lugar, es necesario conocer si el sistema financiero internacional tiene la
capacidad de enfrentar los cambios anotados, especialmente en función de que la
globalización financiera aumenta el riesgo y la volatilidad en los mercados
financieros internacionales y, de no ser así, que propuestas se han realizado
para lograr tal fin.
Sobre el
particular, Campodónico y Chiriboga manifiestan que a diferencia de los
sistemas financieros nacionales, el sistema financiero internacional no cuenta
con instrumentos de regulación adecuados que eviten la especulación,
volatilidad y el comportamiento errático de los capitales de corto plazo. Más
todavía, con la globalización y apertura de las cuentas de capitales de la
Balanza de Pagos, se carece de reglamentación internacional para las
transacciones de estos capitales en los mercados de divisas, bursátiles y
financieros. Ni el Fondo Monetario Internacional ni el Banco de Pagos
Internacionales poseen esta atribución. Los citados capitales se mueven en
tiempo real y cubren el planeta en su conjunto, tanto en los mercados de
divisas (más de 1.5 billones de dólares diarios, de acuerdo al FMI), como en
los mercados de bonos y bursátiles. Adicionalmente, han aumentado en los
últimos años las colocaciones en los mercados emergentes de los inversionistas
institucionales (fondos mutuos y fondos de pensiones), mismos que se
caracterizan por su mezcla de altas ganancias y riesgos y, consecuentemente,
elevada volatilidad; constituyéndose éste en uno de los problemas básicos que
preocupan a la nueva arquitectura financiera internacional.
Tampoco
existe, señalan, en el sistema monetario y financiero internacional un
prestamista de última instancia, lo que si ocurre a nivel nacional.
Efectivamente, uno de los objetivos de los Bancos Centrales de los países es el
relativo a fortalecer y evitar la crisis de los sistemas financieros
nacionales, para lo cual tienen la facultad de adoptar las decisiones
pertinentes; sin embargo, no se dispone de un Banco Central Internacional, que
disponga de la legislación y recursos suficientes para actuar frente a las
crisis que afecten a uno o más países.
Naredo,
anota:
Las
instituciones de Bretton Woods resultan a todas luces inadecuadas para
reconducir la presente situación. Hemos visto que el Fondo Monetario
Internacional sirve para apretar las clavijas a los pobres o para paliar
ciertas crisis locales, pero cierra los ojos ante la acelerada expansión de la
burbuja financiera mundial, que ha alcanzado cotas sin precedentes, generando
un riesgo y una polarización social acrecentados que afectan al conjunto de la
sociedad que puede, de la noche a la mañana y sin saber por qué razón, ver
reducidos sus empleos remunerados, sus ingresos, sus ahorros o sus pensiones.
El tratamiento de estos problemas exigiría de instituciones internacionales que
no estuvieran gobernadas por los intereses del capitalismo transnacional, cuyo
negocio se apoya en la expansión del “dinero financiero” que engrosa la
“burbuja” antes señalada. La reconversión del sistema financiero mundial se
muestra así dramáticamente irrealista, al no existir ni la voluntad, ni las
instituciones capaces de practicarlo. Haría falta una conferencia internacional
como la de Bretton Woods que discutiera el modo de poner coto a la expansión
del “dinero financiero” para reconstruir sobre bases diferentes el sistema
financiero mundial, con nuevas reglas del juego e instituciones capaces de
gestionarlo desde puntos de vista más elevados que los del negocio de las
corporaciones transnacionales y los intereses de los actuales países
beneficiarios. Esto exigirá contar con enfoques y una presión social capaces de
alterar el vínculo entre poder y dinero que ha generado la presente situación.
Plantearlo ya puede ser el primer paso para conseguirlo.
Ocampo
manifiesta que la fase de turbulencia económica, iniciada en Asia en 1997
condujo al reconocimiento de que las instituciones existentes no son adecuadas
para enfrentar a la globalización financiera. No obstante, el debate alrededor
de una nueva arquitectura financiera internacional no ha considerado las
asimetrías existentes en el sistema internacional y su agenda tiene que ser
ampliada.
Argumenta
que el diseño del sistema financiero internacional tiene que tomar en cuenta
los problemas que éste enfrenta: inestabilidad de los mercados financieros,
asimetrías macroeconómicas y financieras básicas de la economía internacional y
problemas adicionales provocados por la naturaleza incompleta y asimétrica del
proceso actual de globalización.
Propone una
distinción analítica entre los problemas sistémicos, relacionados con la
estabilidad económica mundial y los temas centro-periferia, vinculados con la
corrección de las asimetrías financieras internacionales existentes. Los
primeros se asocian con la volatilidad inherente a los mercados financieros,
pero también con la debilidad característica de las políticas macroeconómicas
nacionales en el mundo de hoy, sin que hasta ahora hayan surgido mecanismos
adecuados de coordinación entre las autoridades pertinentes. Las asimetrías,
por su parte, se derivan de que las monedas internacionales son las de los
países industrializados, del reducido tamaño de los mercados de los países en
desarrollo y de su carácter incompleto (desarrollo limitado de los segmentos de
largo plazo, en particular), que implica que una parte de la intermediación
financiera tiene que ser hecha mediante el mercado internacional. En estas
condiciones, los deudores de los países en desarrollo están obligados a
incurrir en riesgos de plazos del financiamiento, de monedas en los cuales está
otorgado, o de una mezcla de ambos.
Plantea una
agenda para retomar los marcos institucionales y los servicios que proporcionan
las instituciones financieras internacionales. En el primer grupo se incluye la
representación apropiada de los países en desarrollo, un rol activo de las instituciones
financieras regionales y una defensa férrea de la autonomía nacional y del
“sentido de pertenencia” de las políticas macroeconómicas y de desarrollo. En
lo relativo a los servicios que brindan las instituciones financieras
internacionales, analiza las dificultades sistémicas y dos temas vinculados a
los problemas centro-periferia: la necesidad de dar más espacio a las políticas
anticíclicas en los países en desarrollo y la de compensar la concentración de
flujos de capitales privados en unas pocas economías “emergentes”.
Las
propuestas que efectúa respecto del rediseño de la agenda financiera
internacional, se exponen a continuación:
i) Para la
prevención y solución de crisis financieras debe encontrarse un equilibrio
entre el énfasis que se le da en el actual debate al perfeccionamiento del
marco institucional donde operan los mercados (mayores flujos de información,
regulación y supervisión prudenciales) y la atención insuficiente que reciben
el diseño de estructuras que garanticen la coherencia de las políticas
macroeconómicas de los principales países industrializados, la provisión
adecuada de financiamiento de emergencia en épocas de crisis y la adopción de
procedimientos adecuados de suspensión de pagos con consentimiento
internacional y de ordenada renegociación de la deuda externa de economías en
condiciones críticas;
ii) En el
campo del financiamiento del desarrollo, debe priorizarse el aumento de la
asistencia oficial para el desarrollo a países de bajos ingresos, así como el
esencial papel que cumplen los bancos multilaterales de desarrollo en la
entrega de recursos a países de bajos ingresos y medios que no tienen acceso
adecuado a los mercados, y en la provisión de financiamiento de largo plazo a
todos los países en desarrollo durante los períodos de crisis, en
circunstancias de sequía en los mercados privados. Parte importante de estos
esfuerzos tiene que estar orientada a facilitar un acceso mayor a los mercados
privados de capital, mediante el uso más activo de los mecanismos de cofinanciación
o de garantías de los bancos multilaterales de desarrollo.
La
provisión de un mayor financiamiento de emergencia con fines de desarrollo
debería ser complementado con un acuerdo internacional nuevo sobre los límites
de la condicionalidad y el reconocimiento pleno del “sentido de pertenencia” de
las políticas macroeconómicas y de desarrollo por parte de los países;
iii) La
arquitectura financiera debería consistir en una red de instituciones mundiales
y regionales que presten los servicios indispensables de manera complementaria
(en esferas tales como el financiamiento de emergencia, la supervisión de las
políticas macroeconómicas y la regulación y supervisión prudencial de los
sistemas financieros), en tanto que en otros, sobre todo en el campo del
financiamiento para el desarrollo, es preferible un sistema de organizaciones
competitivas. En los dos ámbitos existe un espacio amplio para instituciones
regionales y subregionales y la falta de atención sobre el rol que deben
cumplir estas entidades constituye una de las mayores deficiencias del actual
debate; y,
iv) Las
políticas nacionales deben mantener un fundamental papel en la prevención de
crisis y ciertas áreas deberían seguir siendo del exclusivo dominio de la
autonomía nacional, especialmente la regulación de la cuenta de capitales y la
elección del régimen cambiario. Las instituciones regionales y la autonomía
nacional son particularmente relevantes para los participantes con menos
influencias en el campo internacional, mismos que se beneficiarán de la
competencia en la provisión de los servicios que se les prestan y de contar con
mayor libertad de acción en un contexto de una oferta imperfecta de bienes
públicos globales.
El SELA,
menciona otras propuestas relativas al diseño de una “nueva arquitectura
financiera internacional”:
i) Grupo de
Trabajo del Comité Ejecutivo de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones
Unidas. Propone reformas en seis temas fundamentales: mayor consistencia de las
políticas macroeconómicas a nivel global; reformas del FMI con el objetivo de
proporcionar liquidez internacional apropiada en épocas de crisis; adopción de
códigos de conducta; mejores flujos de información y fortalecimiento de la
supervisión y la regulación financieras a nivel nacional e internacional;
mantenimiento de la autonomía de las economías en desarrollo y en transición en
el manejo de la cuenta de capitales; incorporación de disposiciones
relacionadas a la suspensión, con anuencia internacional, del servicio de la
deuda externa; y, diseño de una red de organizaciones regionales que apoyen el
manejo monetario y financiero internacional. Se enfatiza en la enorme
discrepancia existente entre un mundo financiero internacional cada vez más
sofisticado y dinámico, con globalización rápida de las carteras financieras y
la ausencia de un marco institucional capaz de regularlo. Entonces, se trata,
de que el sistema financiero internacional sea objeto de una reforma integral,
a fin de evitar crisis costosas y a manejarlas de mejor manera cuando ocurran.
ii)
Comisión Meltzer del Congreso de Estados Unidos. El Congreso de Estados Unidos
se ha planteado el papel de los organismos financieros internacionales y de los
bancos centrales frente a las crisis financieras. La Comisión Meltzer sostiene
que las nuevas tareas emprendidas por el FMI en las décadas del ochenta y
noventa transformaron la entidad de un prestamista de corto plazo para apoyar
ajustes de la balanza de pagos, en una fuente de préstamos de largo plazo
condicionados y de consejo macroeconómico para desarrollar y transformar a los
países; lo cual ha empobrecido a las naciones dependientes del FMI de manera
creciente, dando al FMI un grado de influencia sobre la política de los países
miembros sin precedente alguno en las instituciones multilaterales. Algunos
acuerdos entre el FMI y sus miembros establecen metas y requieren políticas
como condiciones para la continuidad de los desembolsos; acuerdos que no
aseguraron el progreso económico, más bien han socavado la soberanía nacional y
trabado el desarrollo de instituciones democráticas responsables que pudieran
corregir sus propios errores y adecuar los cambios a las condiciones externas.
En este
sentido, la Comisión propone varias medidas para reestructurar el FMI: actúe
como cuasi prestamista en última instancia para solventar economías de países
emergentes necesitados, otorgando liquidez de corto plazo, bajo un mecanismo
que evite el abuso de la asistencia de liquidez para respaldar rescates; recoja
y publique información económica y financiera; y, enuncie consejos pero no
imponga condiciones relativas a política económica. No obstante, la Comisión
aclara que para recibir préstamos en una crisis de liquidez, el país deberá
cumplir con un mínimo de normas prudenciales y que los préstamos del FMI (o del
Banco Mundial) no tienen que ser utilizados para el salvataje de instituciones
financieras insolventes, directa o indirectamente, o para proteger de pérdidas
a prestamistas externos.
iii)
Consejo de Análisis Económico del Primer Ministro de Francia. Enfatiza en la
necesidad de distinguir en la dinámica financiera, por una parte el préstamo en
última instancia y por la otra la ayuda condicionada del FMI al financiamiento
temporal de la balanza de pagos. Se echa de menos, anota, la solución de
Bretton Woods, consistente en localizar al prestamista en última instancia en
cada país gracias a los controles de los movimientos internacionales de
capitales, método ciertamente sólido desde la óptica de la seguridad
financiera. Tenía el mérito, olvidado actualmente, de no confundir el préstamo
en última instancia con la ayuda condicionada del FMI al financiamiento
temporal de las balanzas de pagos. Sobre todo permitía no confundir el préstamo
en última instancia y la garantía sistemática contra las pérdidas acordada por
el FMI a los intereses financieros conjugados de los grupos dirigentes de los
países deudores y los bancos acreedores, en detrimento de la población de los
países deudores, que pagan el costo social. Esta garantía se ha convertido en
doctrina del FMI en la década del noventa. La práctica de los gobiernos de
algunos de los países emergentes consiste entonces en transformar toda crisis
de liquidez en crisis general de solvencia, a nacionalizar los problemas
financieros y a llamar al FMI una vez que la situación es desesperada, lo cual
obliga al Fondo a aportes desmesurados.
Bustelo, se
refiere a la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional
para enfrentar los problemas de la globalización financiera, con los siguientes
objetivos:
i) Mejora y
mayor coordinación de las políticas macroeconómicas (especialmente monetaria y
cambiaria) en los países desarrollados.
ii)
Regulación internacional de los sistemas financieros nacionales y de los flujos
internacionales de capital.
iii) En
caso de inminencia o estallido de una crisis, suministro sin demoras de una
liquidez adecuada en condiciones razonables.
iv) En caso
de suspensión de pagos, disposiciones de moratoria o congelación temporal del
servicio de la deuda y de liquidación ordenada de la deuda.
Griffit-Jones
habla de:
Necesidad a
nivel internacional de garantizar la transparencia y reglamentación apropiadas
de los mercados internacionales de préstamos financieros y de capital, para que
puedan suministrar suficiente liquidez oficial internacional en condiciones de
tensión o crisis, para que logren establecer mecanismos para solucionar, de
forma ordenada, las frenadas de la actividad económica y problemas de deudas a
nivel internacional, y también para crear los mecanismos apropiados para lograr
suficiente financiamiento para el desarrollo. Garantizar la transparencia y
reglamentación apropiada ayudaría a prevenir las crisis, que son muy costosas
en términos sociales, financieros y de desarrollo. Suministrar liquidez oficial
internacional en tiempos de crisis y establecer mecanismos para resoluciones
ordenadas de las deudas ayudaría a manejar mejor las crisis, volviéndolas menos
costosas, especialmente para los pobres en los países en vías de desarrollo.
Crear mecanismos apropiados para el financiamiento del desarrollo ayudaría a
canalizar los flujos públicos a los países de bajos ingresos, brindar
financiamiento cíclico a largo plazo a los mercados emergentes cuando se secan
los flujos de fondos privados, y ayudarían a financiar los bienes públicos
globales.
En el
Consenso de Monterrey sobre la reforma a la arquitectura financiera
internacional, se manifiesta:
53. Se está
llevando una importante labor internacional para reformar la arquitectura
financiera internacional. Es necesario que esta labor continúe y se caracterice
por una mayor transparencia y por la activa participación de los países en
desarrollo y con economías en transición. Uno de los principales objetivos de
la reforma es aumentar la financiación para el desarrollo y la erradicación de
la pobreza. Reafirmamos nuestro compromiso de mantener sectores financieros
sólidos en nuestros respectivos países, que hacen una gran contribución a la
labor de desarrollo nacional, como elemento importante de una arquitectura
financiera internacional que respalde el desarrollo.
54. La
firme coordinación de las políticas macroeconómicas de los principales países
industriales tiene importancia crítica para aumentar la estabilidad mundial y
reducir la inestabilidad de los tipos de cambio, que son indispensables para
estimular el crecimiento económico y contar de manera previsible con más
recursos financieros para los países en desarrollo y los países con economías
en transición.
55. Las
instituciones financieras multilaterales, en particular el Fondo Monetario
Internacional, deben seguir asignando alta prioridad a la determinación y
prevención de posibles crisis y al fortalecimiento de los cimientos de la
estabilidad financiera internacional. A este respecto, recalcamos la necesidad
de que el Fondo refuerce más sus actividades de vigilancia de todas las
economías, prestando especial atención a las corrientes de capitales a corto
plazo y sus consecuencias. Alentamos al Fondo Monetario Internacional a que
establezca sistemas de vigilancia y alerta temprana bien estructurados para
facilitar la detección oportuna de síntomas de vulnerabilidad externa y a que
coordine estrechamente su labor con las instituciones u organizaciones regionales
pertinentes, incluidas las comisiones regionales de las Naciones Unidas.
56.
Subrayamos la necesidad de que las instituciones financieras multilaterales, al
proporcionar asesoramiento sobre cuestiones normativas y apoyo financiero,
tomen como base los programas nacionales de reforma que estén bien fundados y
con los cuales se hayan identificado los países respectivos, que tengan en
cuenta las necesidades de los pobres e incluyan medidas para reducir la
pobreza; asimismo, esas instituciones deben tomar en consideración las
necesidades especiales y la capacidad de ejecución de los países en desarrollo
y los países con economías en transición, con miras a fomentar el crecimiento
económico y un desarrollo sostenible. Al prestar ese asesoramiento, deben tener
presentes los costos sociales de los programas de ajuste, que deberían
diseñarse de manera de reducir al mínimo sus repercusiones negativas en los
segmentos vulnerables de la sociedad.
57. Es
indispensable asegurar la participación eficaz y equitativa de los países en
desarrollo en la formulación de normas y códigos financieros. También es
indispensable asegurar el cumplimiento de esas normas y códigos de manera
progresiva y voluntaria a fin de reducir la vulnerabilidad de los países a las
crisis financieras y al efecto de contagio.
58. Al
evaluar el riesgo soberano, el sector privado debería aplicar en la mayor
medida posible parámetros rigurosos, objetivos y transparentes. La
disponibilidad de datos y análisis de buena calidad puede facilitar esta labor.
59. En
vista de las consecuencias de las crisis financieras o el riesgo de contagio
para los países en desarrollo y con economías en transición, sea cual fuere su
tamaño, subrayamos la necesidad de que las instituciones financieras
internacionales, en particular el Fondo Monetario Internacional, cuenten con un
conjunto adecuado de servicios y recursos financieros para responder
oportunamente y en forma apropiada, de conformidad con sus respectivas
políticas. El Fondo Monetario Internacional dispone de una serie de
instrumentos adecuados y su situación financiera es sólida. La línea de crédito
para imprevistos es un importante indicador de la fortaleza de las políticas
nacionales y una salvaguardia contra el contagio en los mercados financieros.
Se debería seguir estudiando la necesidad de asignar derechos especiales de
giro. A este respecto, también destacamos que es preciso la influencia
estabilizadora de los fondos de reserva regionales y subregionales, las
disposiciones sobre canjes (swaps) y mecanismos análogos que complementan la
labor de las instituciones financieras.
Finalmente,
en séptimo lugar, es indispensable conocer sobre los avances y resultados de la
reforma financiera internacional.
Al
respecto, Ocampo(78) sostiene que la reforma financiera internacional ha sido
un proceso lento e incompleto con resultados limitados debido básicamente a la
ausencia de una agenda clara y consensuada; constituyendo prueba de ello, a
criterio de ANEC-AEALC(79), el hecho de que el sistema monetario y financiero
conserva los rasgos esenciales predominantes en la década del noventa:
persistencia de la volatilidad de tasas de interés y tipos de cambio;
incertidumbre acerca de la evolución de los mercados financieros; incompetencia
de los organismos financieros internacionales para prevenir eventuales crisis;
ausencia de mecanismos efectivos para controlar la extrema movilidad de los
flujos de capitales; presiones para el pago del servicio de la deuda; y, poca
efectividad de las políticas económicas nacionales para superar la
vulnerabilidad externa y conseguir metas de desarrollo económico y social.
En la
Agenda de Barcelona para el Desarrollo 2004(80) se sostiene:
Los
acuerdos financieros internacionales no están funcionando bien. Los países
pobres continúan alejados de los flujos financieros privados y los niveles de
ayuda oficial siguen siendo insuficientes. Los flujos de capital privado a los
países de renta media son muy volátiles, y esta volatilidad tiene muy poca
relación con los fundamentos económicos de los países receptores. Los shocks
sistémicos sobre la balanza de capitales continúan siendo comunes, y el
contagio golpea cada vez más a países con políticas económicas sólidas. La raíz
del problema es la ausencia de mercados e instrumentos que permitan un reparto
del riesgo más eficiente entre países. Las instituciones financieras
multilaterales no hacen bastante para superar estos fallos de los mercados
financieros privados. Además, la consideración del "riesgo moral"
como causa principal de las crisis financieras ha desviado la atención de otros
elementos de inestabilidad. El debate sobre la reforma de la arquitectura
financiera internacional ha producido pocos resultados tangibles. Una de las
razones podría ser los países en desarrollo están infrarepresentadas en el proceso
de toma de decisiones de las instituciones financieras multilaterales. La
asignación de votos en los consejos de estas instituciones es un reflejo del
pasado y tiene poco que ver con el peso actual de los países en la economía
mundial. En resumen: la reforma de las instituciones financieras
internacionales debería ser una prioridad, tanto para los países ricos como
para los pobres.
Tan(81), en
su exposición sobre "El Nexo entre las Finanzas y el Comercio: Desafíos
Sistémicos" efectuada en el Tercer Diálogo de Alto Nivel sobre
Financiación para el Desarrollo que tuvo lugar del 23 al 25 de octubre de 2007
en Nueva York, anota:
La
regulación internacional continúa siendo débil en el área de las finanzas
internacionales donde han sido escasas las acciones colectivas globales
orientadas a minimizar el contagio financiero y supervisar las operaciones de
las instituciones y mercados financieros. A pesar del riesgo cada vez mayor de
que se produzcan crisis financieras transfronterizas, se ha registrado una escasa
supervisión global de las políticas financieras internas de las economías más
relevantes a nivel mundial o de los flujos financieros transfronterizos por
parte de actores financieros no estatales. Una vez más, esto se atribuye a la
renuencia de las economías industrializadas – y de los actores financieros
privados con sede en estos países – a someterse a una vigilancia multilateral
de sus políticas y actividades financieras.
La falta de
normas multilaterales en materia de flujos financieros y monetarios
internacionales constituye una gran preocupación para los países en desarrollo
debido a que los mismos son altamente vulnerables a los shocks financieros
externos que pueden resultar más nocivos que los shocks comerciales. Las
fluctuaciones imprevisibles en el tipo de cambio de las monedas dominantes en
las transacciones internacionales podrían alterar la posición de los países en
desarrollo en las negociaciones y afectar la competitividad de sus
exportaciones o el valor de los insumos importados, conduciendo a restricciones
de la balanza de pagos. Los países también podrían enfrentar problemas de
balanza de pagos cuando se producen aumentos imprevistos en las tasas de
interés en las monedas principales, lo cual podría también incrementar las
obligaciones relativas al servicio de la deuda de los países cuya deuda externa
hubiera sido contraída en dichas monedas.
Los
problemas de balanza de pagos también llegan a agravarse cuando se genera una
crisis financiera como consecuencia de una liberalización financiera mal
gestionada. La reducción de las reservas en moneda extranjera como resultado de
la repentina salida de capitales ante una crisis financiera y la consiguiente
devaluación de la moneda que se produce con frecuencia, limita la capacidad de
los países para financiar las importaciones y aumenta los costos del servicio
de la deuda. Esto se ve empeorado tanto por la ausencia de mecanismos
internacionales de reestructuración de la deuda que permitan a los países
suspender las obligaciones relativas al pago de la deuda frente a una crisis
como por la falta de financiación oficial anti-cíclica que pueda ofrecer
liquidez a los países que enfrentan tales shocks de balanza de pagos.
La caída en
la demanda de importaciones de los países que atraviesan crisis financieras
tiene un impacto sobre sus socios comerciales dado que se produce una baja en
la demanda de productos básicos y otros insumos industriales además de
productos de consumo. Por lo tanto, la estabilidad financiera mundial afecta al
comercio de los países directamente involucrados en las crisis financieras así
como también a otros países, teniendo finalmente un impacto sobre el
crecimiento del comercio mundial en general. El ajuste en materia de préstamos
a nivel mundial también podría dificultar los flujos comerciales dado que una
reducción de la actividad económica en los países industrializados y mercados
emergentes puede conducir a una disminución en la demanda de insumos
industriales, incluyendo productos básicos, que constituyen los principales productos
de exportación de muchos países en desarrollo de bajo ingreso. Todo esto
posteriormente tiene un impacto sobre la capacidad de los países para generar
recursos que les permitan atender sus necesidades sociales y económicas.
La ausencia
de un amplio marco internacional para resolver las crisis financieras
sistémicas constituye por lo tanto una barrera considerable para alcanzar las
metas de desarrollo acordadas internacionalmente. Además de la mencionada
ausencia de mecanismos de reestructuración de deuda, regulación multilateral de
políticas macroeconómicas y regímenes cambiarios, también es escasa la
regulación de los nuevos instrumentos financieros, como por ejemplo los fondos
de cobertura, cuyas actividades pueden llegar a tener un impacto global. En la
actualidad tampoco se cuenta con ningún marco internacional que regule las
transacciones de capital a través de las fronteras, con derechos y obligaciones
claramente definidos tanto para los países receptores como proveedores y para
los deudores y acreedores internacionales.
Las
actuales propuestas incrementales para reformar las instituciones que ocupan
una posición central en la arquitectura financiera internacional, a saber el
FMI y el Banco Mundial, serán de poca utilidad para revertir los problemas
financieros sistémicos en tanto los grandes países desarrollados no resulten
obligados por las políticas de estas instituciones. Si bien es bienvenido el
proceso de reforma que está teniendo lugar en el FMI tendiente a aumentar la
voz y representación de los países en desarrollo dentro del Fondo, es
improbable que los resultados logren reformar fundamentalmente la estructura de
gobernabilidad de la institución, otorgándole autonomía suficiente con respecto
a sus principales accionistas. Tampoco habrán de propiciar un cambio sustancial
en su mandato que permita al Fondo ejercer un control significativo sobre las
transacciones de capital a nivel internacional, la supervisión de los tipos de
cambio o las balanzas de pagos y las posiciones de las divisas de los países
miembros no prestatarios.
A causa de
estos problemas persistentes, el impulso político generado por la Conferencia
de Monterrey en el año 2002 no ha sido aprovechado para abordar los problemas
sistémicos del comercio y las finanzas. La reforma de la arquitectura comercial
y financiera internacional continúa siendo dependiente de los intereses
políticos y las prioridades económicas de los países desarrollados aún cuando
la reforma resulta necesaria para evitar que grandes poblaciones alrededor del
mundo caigan en la trampa de la pobreza y la inestabilidad económica con
consecuencias para el bienestar social y la sustentabilidad ecológica.
Para poder
llegar a cumplir con los objetivos de Monterrey se hace necesaria una amplia
reformulación de los mecanismos del comercio internacional y de la
gobernabilidad financiera que implique mucho más que ocuparse de simples
detalles. Esto incluye el diseño de un sistema de gobernabilidad económica
multilateral que presente una mayor coherencia entre los regímenes comerciales
y financieros y un mejor equilibrio entre las obligaciones de los países
desarrollados y en desarrollo, a sabiendas de las diferentes etapas del
desarrollo en que se halla cada país. Solo de esta forma podremos contar con
una financiación para el desarrollo que resulte eficaz.
FUENTE:
EDUMET.NET
PUEDE AMPLIAR ESTE TEMA EN EL SIGUIENTE LINK
ESTADO Y ECONOMIA
En todos los países existen
dos sectores: el público y el privado. El primero, corresponde al Estado, el
cual es administrado por un gobierno. El sector privado se refiere a las
diversas empresas de origen particular.
EL
SECTOR PÚBLICO
La Constitución Nacional le asigna al Estado la
tarea de planeación, regulación y control sobre las diversas actividades
productivas y comerciales, en defensa de los intereses generales de los
particulares respetando el principio de la propiedad privada.
Con la transición de las políticas
económicas proteccionistas a las de liberalización, apertura,
modernización y descentralización, como parte de la denominada globalización y
del nuevo ordenamiento económico mundial, se replanteó el papel del Estado en
los esquemas económicos nacionales.
Ahora el Estado es menos intervensionista, dando
más campo de acción a la iniciativa privada, lo que explica los programas de
privatización que caracterizan los actuales procesos de apertura económica,
donde el Estado, en forma gradual, entrega al sector privado el desarrollo de
actividades que antes eran de competencia exclusiva del sector público u
oficial, en campos básicos como la salud, educación, servicios públicos, vías,
ferrocarriles, aeropuertos y telecomunicaciones.
De todas maneras, el sector público, a través de
las autoridades nacionales, departamentales y municipales, conserva la misión
de regulación y de control o vigilancia sobre los sectores económicos, en
cumplimiento de la norma constitucional de defensa de la honra, vida y bienes
de todos los colombianos, aunque la tendencia es que cada día el sector privado
asuma más tareas productivas y comerciales, mientras el Estado interviene
menos, lo que implica la reducción del tamaño del sector público.
Las
autoridades económicas:
El manejo de la política económica
está en manos del Presidente de la República
quien, como máxima autoridad nacional, define y desarrolla las
estrategias para alcanzar mayores índices de crecimiento y
propiciar las condiciones que garanticen e incentiven la inversión
productiva y la generación de empleo, todo con el objeto
de facilitar la atención de las necesidades básicas de toda la población.
Hay varias autoridades económicas con funciones
específicas, que componen la estructura del Estado. Las principales
son las siguientes:
Conpes:
El Consejo Nacional de Política Económica y Social,
Conpes, está presidido por el Jefe del Estado
y cuenta con la participación de varios ministros, entre ellos los
de Hacienda, Desarrollo, Comercio Exterior y Agricultura, además del
Jefe de Planeación Nacional. Su tarea es definir las
pautas y programas a partir de los cuales el ejecutivo nacional pone en marcha
sus políticas y obras de desarrollo económico y social.
Planeación
Nacional:
Este departamento como organismo
institucional, y el Conpes constituyen el conducto por medio del cual el
Presidente de la República ejerce su función de máximo orientador de
la planeación nacional. Con la Constitución política de 1991 se consagra como
norma constitucional el Plan Nacional de Desarrollo, lo que asegura su carácter
obligatorio y garantiza su cumplimiento a partir de la continuidad en la
ejecución de las obras y programas que cada gobierno define.
Ministerio
de Hacienda
El Ministerio de Hacienda formula y desarrolla, en
nombre del gobierno nacional, las políticas del Estado en materia fiscal,
tributaria, aduanera, de crédito público, presupuestal de ingresos y
gastos de tesorería, cambiaria, monetaria y crediticia, sin perjuicio
de las atribuciones conferidas a la Junta Directiva del Banco
de la República y las que corresponden a la intervención y regulación del
Estado en las actividades financiera, bursátil, aseguradora y cualquier otra
relacionada con el manejo, aprovechamiento e inversión de
los recursos captados por el público.
De este ministerio dependen organismos como la
DIAN, las Superintendencias Bancarias y de Valores. Una vigila todo el
Sistema Financiero y la otra el mercado público de valores,
respectivamente.
Cabe anotar que las Carteras
de Desarrollo Económico, Agricultura, Minas y Energía, Transporte,
Comercio Exterior y Trabajo y Seguridad Social tienen competencia en el manejo
de la política económica.
Banco
de la República
En 1991, con la adopción de la
nueva Constitución de Colombia se produjo una importante
transformación en el manejo de la política monetaria.
El Banco de la República se convirtió por mandato
constitucional en Banco Central, el cual se define como una entidad del Estado
a cuya Junta Directiva le corresponde, en forma exclusiva y permanente, emitir
la moneda legal, custodiar y administrar las reservas internacionales y
regular, conforme a la ley, las políticas en materia monetaria, el manejo del
cambio a pesos de las monedas extranjeras y la dirección del crédito. Además es
quien toma las decisiones sobre la cantidad de dinero que debe circular en la
economía nacional en un momento dado.
Como todos los bancos centrales modernos, el
colombiano hace parte de la estructura del Estado. Esta entidad tiene un
régimen legal y un patrimonio propio y dispone de autonomía administrativa.
El Banco de la República tiene una Junta Directiva
compuesta por siete miembros, la cual preside el ministro de Hacienda y de ella
hace parte el gerente general de la entidad. La Junta
Directiva del Banco de la República es la autoridad monetaria,
cambiaria y crediticia del país.
El papel fundamental del Banco de la República es
actuar como auténtico guardián de la estabilidad de la moneda y defender la
capacidad adquisitiva de los colombianos, es decir, orientar los mecanismos a
su disposición para controlar la inflación y así garantizar la estabilidad
de los precios. Por mandato de la nueva Constitución, la Junta
Directiva del Banco Central debe fijar cada año metas
para reducir la inflación
POLÍTICA
ECONOMICA.
EL
MANEJO DE LA ECONOMIA
Aunque en una economía de mercado la producción y
la actividad económica, en general, la realizan millones de personas, en forma
espontánea y por su cuenta y riesgo, esa producción o el éxito de cualquier
negocio dependen en gran medida de la forma como el Estado, a través
de las autoridades, maneja la economía en su conjunto.
Si bien es cierto que la fabricación de vestuario,
calzado, vehículos o la producción de ganado, arroz o madera es libre, el
Estado como organización jurídica política puede intervenir e influir sobre
estas actividades y quienes las realizan.
En el caso colombiano, donde la iniciativa de crear
empresa o producir cualquier bien o servicio corresponde al sector
privado, el Estado interviene permanentemente para frenar o aumentar
la circulación de dinero, promover la generación de empleo, elevar el nivel de
vida de la población, contener el aumento de los precios, impulsar el
crecimiento económico, garantizar una distribución equitativa de los ingresos.
Para intervenir en el manejo de la economía se
utiliza la Política Económica, para ello el Estado aplica varias políticas y se
vale de distintos instrumentos para aplicarlas. Entre estas políticas las más
importantes son la monetaria; la cambiaria,- la relacionada con la compra y
venta de los dólares y demás monedas extranjeras que llegan al país-; la
fiscal- que tiene que ver con la administración de los dineros públicos- y la
laboral. También dispone políticas para actuar en el campo de los salarios, la
industria y el comercio exterior.
¿En
qué consiste la política monetaria?
El sistema monetario colombiano actual tuvo su
origen en la llamada reforma Kemmerer, en los primeros años de la década
del 1920. En ese momento se creó el Banco de República y se le dio el monopolio
de la emisión de billetes y moneda metálica.
En consecuencia, y según este
sistema, el medio circulante, o lo que es lo mismo, la cantidad de
billetes y moneda disponible en la economía para comprar productos y servicios,
se incrementa cada vez que el Banco de la República emite moneda para comprar
oro, dólares y demás divisas de otras naciones. Igualmente, recoge circulante
cada vez que vende dólares y oro.
La política monetaria es un instrumento que busca
mantener un nivel adecuado de dinero en la economía, para evitar que un exceso
de circulante o una escasez del mismo presionen desequilibrios en la capacidad
de la población para demandar bienes en el mercado.
Así, por ejemplo, si se registra una bonanza
petrolera, se dispara el ingreso de moneda extranjera en el país por la venta
de este producto. De inmediato se presenta una expansión en la circulación de
dinero, toda vez que el Banco de la República tiene que emitir billetes para
comprar los dólares que están llegando por la exportación de petróleo.
Estos ingresos extraordinarios, por lo general, se
transforman en más salarios, arriendos y utilidades, lo cual ocasiona una mayor
capacidad de las personas que trabajan en el sector petrolero para compra venta
de productos y servicios.
En este caso, se rompe el equilibrio, pues al
mercado de productos terminados está llegando más dinero del que antes estaban
generando las empresas. En consecuencia, se eleva la demanda de mercancías y,
por lo tanto, los precios de estás suben. Queda claro, entonces, que un exceso
significativo y persistente de dinero en la economía puede desencadenar
incrementos en los precios de los productos.
¿Quién
maneja la circulación de dinero?
Esa función la ejerce en Colombia la Junta
Directiva del Banco de la República. Ella, como autoridad monetaria, determina
si genera expansión o contracción en la circulación de dinero o lo que es lo
mismo, ordena liberar o recoger dinero.
Para el manejo de la cantidad de dinero disponible
en el sistema monetario del país la Junta Directiva del Banco de la República
utiliza especialmente dos instrumentos: el encaje bancario, conocido también como la cantidad mínima de
dinero que los bancos y demás establecimientos de crédito deben mantener en
reserva e inmovilizada en el Banco de la República, y las Operaciones
de Mercado Abierto (OMAS), las cuales consisten en la compra o venta
de títulos públicos por parte del Banco de la República, con el fin de recoger
dinero o soltar parte del que está inmovilizado en esta entidad.
¿Cómo
funciona el encaje bancario?
Cuando la Junta Directiva del Banco de la República
determina la necesidad de reducir la circulación de dinero, acude, en algunas
ocasiones, a modificar el encaje bancario.
Así, por ejemplo, si el encaje bancario se
encuentra en el 20%, todos los bancos del país deben guardar o “congelar” en el
Banco de la República una suma igual al 20% de los dineros que recibieron del
público, a través de depósitos en cuentas corrientes y de ahorros.
Si un banco recibió en promedio durante una semana,
depósitos por 1.000 millones de pesos debe, entonces, efectuar un encaje en el
Banco de la República de 200 millones de pesos.
Esto significa que el banco no pude utilizar en su
totalidad los 1.000 millones de pesos para otorgar préstamos a sus clientes.
Sólo puede regresar al flujo monetario, a través de créditos, 800 millones de
pesos.
Debes tener en cuenta que el dinero que se guarda
por concepto de encaje sigue siendo de propiedad de los bancos que realizan el
encaje y no del Banco de la República, pues lo que hace este último es
inmovilizarlo para frenar la circulación de dinero.
Si la Junta del Banco de la República considera, en
un determinado momento que la economía requiere un mayor volumen de circulante
para facilitar las distintas operaciones empresariales y comerciales, entonces
puede proceder a reducir el porcentaje de encaje.
Si baja el encaje del 20% al 10%, aumenta la
circulación de dinero. En el ejemplo del banco que recibió durante una semana
depósitos promedios por 1.000millones de pesos, al reducirse el encaje al 10%,
ya no tendrá que mantener “congelados” 200 millones, sino 100 millones de
pesos.
En la práctica, con la disminución en el encaje a
este banco se le autorizó sacar o liberar 100 millones de pesos de los 200
millones de pesos que tenían “congelados” en el Banco de la República, según el
ejemplo.
De esta manera, cuando la Junta Directiva del Banco
de la República, como autoridad monetaria, sube el encaje está haciendo
contracción en la circulación de dinero, y cuando reduce el encaje está
produciendo expansión monetaria.
¿Qué
son las operaciones de mercado abierto?
El otro instrumento que utiliza la autoridad
monetaria, en nuestro caso la Junta Directiva del Banco de la República, para
producir efectos expansivos o restrictivos en la circulación de dinero, es el
conocido como Operación de Mercado Abierto (OMAS), que consisten en la compra y
venta de títulos públicos por parte del Banco de la República.
Si se trata de restringir el volumen de dinero
existente en el torrente monetario, la junta del Banco de la República ordena
vender títulos, con lo cual absorbe o saca de circulación dinero para ser
“congelado” por un periodo que puede ser de 15, 30, 60, 90, 180 ó 360 días.
Para captar este dinero la junta se fija una meta.
Así, por ejemplo, puede determinar que entre los meses de octubre y diciembre
va a “congelar” 500.000 millones de pesos, para lo cual procede a vender entre
los inversionistas títulos hasta completar este monto.
Desde luego, para poder vender los títulos y captar
los 500.000 millones de pesos, el Banco de la República tiene que pagar tasas
de interés que sean atractivas para los compradores de estos papeles, las
cuales deben, por lo general, ser superiores a las que ofrecen los bancos y las
corporaciones del sistema financiero tradicional.
Si, por el contrario, lo que quiere la Junta
Directiva del Banco de la República es expandir o inyectar más circulante a la
economía, entonces, procede a recomprar dichos títulos, entregando dinero a los
inversionistas, es decir, “descongela” moneda.
Para que tengas una idea de cuánto dinero está
“congelado” en el Banco de la República por concepto de encaje, para 1998 éste
ascendía a tres billones y medio de pesos. Y en Operaciones de Mercado Abierto
estaban inmovilizados en promedio 800.000 millones de pesos.





No hay comentarios.:
Publicar un comentario